Los astrónomos no dan crédito: descubren una galaxia de 1,8 millones de años luz con una forma de arco y flecha que desafía todas las teorías conocidas
La formación del universo y de las galaxias sigue siendo uno de los grandes misterios para los astrónomos. Por ello, se han sorprendido al hallar una galaxia con forma de arco y de flecha.
De hecho, por su forma la han bautizado como RAD-BAARG (siglas de Bow-And-Arrow Radio Galaxy) y está identificada como RAD J104501.6+352852. Y es que su estructura recuerda a un arco y a una flecha.
Además, se trata de una galaxia gigantesca cercana a los 560 kilopársecs, cerca de 1,8 millones de años luz. El descubrimiento ya se ha publicado en la revista especializada Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.
Los astrónomos hallan una galaxia con forma de arco y de flecha
El descubrimiento de una nueva galaxia siempre es una buena noticia, pero en esta ocasión ha sido especialmente llamativa por su tamaño y por tener una forma que recuerda a la de un arco y una flecha.
El objeto, identificado como RAD J104501.6+352852, fue localizado en los datos del sondeo LoTSS DR2, realizado con el radiotelescopio LOFAR. Más allá de que recuerde a un arco, lo sorprendente es su asimetría.
Y es que, en el lado occidental, un chorro estrecho alimenta una región de emisión con forma de sector situada a unos 115 kilopársecs, que después se prolonga hacia atrás hasta formar una enorme estructura en arco de unos 560 kilopársecs.
En el lado opuesto, el chorro no reproduce la misma figura, sino que se crea una distorsión en forma de S que se extiende hasta unos 250 kilopársecs, seguida de una cola tenue y desplazada que alcanza aproximadamente 600 kilopársecs.
Esta forma es única en astronomía, ya que lo normal es que las radiogalaxias tengan chorros y lóbulos mucho más simétricos. Es decir, RAD-BAARG cambia lo que sabíamos sobre las galaxias.
La galaxia de 1,8 millones de años luz que desconcierta a los científicos
Las radiogalaxias están alimentadas por agujeros negros supermasivos situados en el centro de sus galaxias anfitrionas. De hecho, RAD-BAARG tiene un tamaño de 1,8 millones de años luz. Sin embargo, hay algo que no acaba de encajar.
En esta galaxia todo indica que los chorros no evolucionan en un entorno tranquilo, sino que están siendo moldeados por el medio que rodea a la galaxia.
La principal teoría señala a la interacción entre el plasma de radio y un entorno complejo de varios halos. La galaxia anfitriona está en una región dinámica, con sistemas de escala de cúmulo próximos y a distancias similares.
En ese contexto, los gradientes ambientales, los movimientos del gas y la posible compresión asociada a una onda de choque podrían explicar la forma de arco detectada.
De hecho, la estructura occidental es compatible con la compresión del plasma cerca de una especie de frente de choque, posiblemente relacionado con el movimiento supersónico de la galaxia al caer hacia el medio del cúmulo.
La pista de la galaxia RAD-BAARG para entender mejor el universo
Pero lo importante de RAD-BAARG no es sólo su aspecto, sino que puede contener alguna pista para entender el universo.
Estamos hablando de uno de los primeros casos en los que la morfología y el entorno tienen relación conjunta con la caída gravitatoria y las ondas de choque.
Es decir, RAD-BAARG es una suerte de laboratorio natural para estudiar cómo los chorros de radio interactúan con el gas que envuelve a las galaxias y los cúmulos.
Además, campañas como LoTSS DR3 pueden ayudar a los astrónomos a descubrir sistemas similares, que sirvan para comprender la relación entre las radiogalaxias, sus chorros y las grandes estructuras cósmicas.