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La vida contemplativa y en soledad desaparece en Mallorca: sólo dos ermitaños resisten en Valldemossa

Los hermanos Pau y Biel son los únicos habitantes de la Ermita de la Trinidad

El resto de España también se quedó sin ermitaños pero se han 'repoblado' dos santuarios con anacoretas extranjeros

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La vida contemplativa y austera de los ermitaños, que en varias épocas de la historia ha vivido momentos de gran intensidad en Mallorca, parece que está llegando a su fin ante la falta de nuevas vocaciones. En la isla hay medio centenar de ermitas que en su momento han estado habitadas por eremitas y anacoretas. Hoy sólo hay una ermita en activo, la de la Santísima Trinidad en Valldemossa, y en ella resisten, no sin ciertas dificultades, los dos últimos ermitaños, los hermanos Pau y Biel. Son también los últimos ermitaños españoles en todo el país.

El Monasterio de Yuste (Plasencia) y la ermita de San Torcuato (Guadix-Granada) han sido repoblados con ermitaños procedentes de Polonia y Venezuela respectivamente. Ninguno español.

Para ayudar a los dos ermitaños de Valldemossa la Diócesis de Mallorca ha destinado al santuario un matrimonio. Así y todo los dos hermanos viven en soledad y dedican sus horas a la oración y a la vida contemplativa.

 

PREGUNTA.-¿Se puede considerar que Ramon Llull es el precursor del Eremitismo en Mallorca?

RESPUESTA.-Pues casi que sí. Es decir, Ramon Llull, cuando decide instalarse en el monasterio de Miramar para fundar una escuela de lenguas orientales, con la finalidad de ir a predicar el Evangelio al norte de África, lo hace en un contexto en el que la vida solitaria tenía todo su sentido. Lo que hace Ramon Llull al trasladarse a Miramar es alejarse de lo que era la Ciudad de Mallorca. En Miramar encuentra una cueva y ahí empieza a hacer retiros y vivir momentos de soledad y de oración. Lo hace en una cueva que existe un poco más arriba de Miramar y en la que el archiduque Luis Salvador hizo poner una placa en homenaje a Ramon Llull. Por tanto, sí que es de los precursores del eremitismo en la isla.

De esta forma, la ermita de la Santísima Trinidad de Valldemossa es el último vestigio de una riquísima vida solitaria mallorquina cuyo precursor fue Ramon Llull y que ha contado con otro personaje extraordinario como Juan de la Concepción Mir. Fue el fundador de la congregación de ermitaños de San Pablo y San Antonio, a la que pertenece la ermita de Valldemossa.

El eremitismo -del griego eremus que significa desierto- consiste en la vida en soledad y en silencio y sus inicios se remontan al siglo III en la Tebaida egipcia donde los eremitas huían de la ciudad para refugiarse en el desierto. Con el paso de los años también han habitado cuevas y bosques y hasta incluso sobre una columna, como es el caso de Simeón el Estilita.

Los dos ermitaños de Valldemossa combinan la vida contemplativa y la oración con el trabajo artesano, doméstico e intelectual y con el cultivo del huerto. Sus salidas de la ermita son escasas y fugaces y siempre para asistir a la parroquia o por necesidades médicas.

Los dos últimos ermitaños forman parte de la Congregación de San Pablo y San Antonio —aunque ha habido otras en la isla— que fundó en 1646 Juan de la Concepción Mir. Esta congregación ha llegado a agrupar medio centenar de ermitaños en los distintos cenobios que en las últimas décadas han ido desapareciendo como tales. En 2010 cerró sus puertas la ermita de Artà y sus cinco ermitaños se trasladaron a Valldemossa.

Quien ha estudiado a fondo el fenómeno del eremitismo en Mallorca es el abogado Felio Bauzá, autor del libro La experiencia eremítica en Mallorca (La Foradada, José J. de Olañeta editor). Para conocer más sobre el eremitismo en Mallorca entrevistamos a Felio Bauzá.

P.-¿A lo largo de la historia, qué importancia tiene Miramar en la vida eremítica de Mallorca?

R.-Una importancia capital. Miramar es el foco y es el germen de la vida eremítica. A raíz de la vida solitaria que hace Ramon Llull en Miramar aparecen otras personas que también consideran que para encontrar a Dios necesitan la soledad. Es una soledad no sólo física, es también la soledad interior. El recogimiento es lo que permite la espiritualidad y la conexión con el Señor.

P.-Al hablar del eremitismo en Malloca siempre se mencionan Ses Ermites Velles. ¿Qué son exactamente?

R.-Ses Ermites Velles es un recinto ubicado en el bosque de Trinidad, en Miramar. Se llama así porque la iglesia de Miramar estaba dedicada a la Santísima Trinidad. De hecho, el retablo de Miramar es el que está en la ermita actual de Valldemossa, que se llama la Santísima Trinidad porque tiene este retablo, aunque su nombre oficial es el de la Inmaculada Concepción. Entonces, ese nombre de la Santísima Trinidad da origen a todo el bosque que se le llama el bosque de Trinidad, o también el desierto de Trinidad. No desierto físico, sino desierto de soledad. Hay que recordar que los padres del eremitismo, San Pablo y San Antonio Abad, se iban al desierto a practicar esa soledad. Por tanto, el desierto, en términos eremíticos, significa esa soledad. Por ello se le llama el desierto o el bosque de Trinidad. Y en ese recinto había diferentes ermitas que hoy han quedado sin uso como la ermita de San Onofre o la ermita de San Antonio.

P.-¿Qué nos puede contar de la figura de Joan Mir?

R.-Joan Mir de la Concepción o Joan de la Concepción Mir y Vallés era un señor oriundo de Alaró. Este señor un día descubrió que en el castillo de Alaró  habían ido a vivir, a pasar una temporada de retiro y de soledad, dos ermitaños de la Borgoña francesa. Este señor, que no tenía estudios y que no sabía escribir, quedó prendado de lo que descubrió allí, de la forma de vivir y vestir de los dos ermitaños, del hábito, el cinturón, los distintos rosarios que llevaban para rezar. Joan Mir y Vallés se fue a vivir a Trinidad. Adoptó el nombre de Juan de la Concepción. Porque los ermitaños, cuando ingresan en una congregación eremítica, prescinden de su vida anterior, cambian incluso su nombre y buscan otro vinculado a la soledad. Y se hizo llamar Juan de la Concepción y fue el fundador de esa congregación de ermitaños, precisamente, que tiene el nombre de San Pablo y San Antonio. San Pablo fue el primer ermitaño (no es el San Pablo contemporáneo de Jesús) y San Antonio Abad fue el discípulo de San Pablo. Joan Mir fundó esta congregación, que es todavía la que perdura y de la que tenemos un ejemplo en Valldemossa.

P.-¿Cuáles han sido las principales ermitas de Mallorca?

R.-Como se menciona en el libro Mallorca Eremítica, que publicó un ermitaño en los años 60, Mallorca ha sido muy rica en eremitorios, en cenobios de soledad. En estos momentos, la única ermita con ermitaños y que sigue con las reglas de los Padres del Desierto es la de Valldemossa. La Santísima Trinidad. Ha habido muchas ermitas diseminadas por toda Mallorca, incluso en Menorca.

P.-En Mallorca el eremitismo ha vivido épocas de mucha relevancia y otras de decadencia.

R.-Bueno, pues como todo en la vida. Ha habido momentos de más vocación y momentos de menos vocación, pero eso es habitual en la religión, en cualquier orden religiosa y en la Congregación de Ermitaños. También quiero señalar  que Miramar la ocuparon distintos ermitaños y distintas órdenes. Los Jerónimos, por ejemplo. También un contemporáneo de San Ignacio Loyola, que era el padre Jerónimo Nadal.

P.-¿Ha habido mujeres eremitas?

R.-Hay congregaciones de mujeres ermitañas. En Mallorca las ha habido. Hubo una congregación de mujeres ermitañas en S’Esgleieta, que se llamaba Del Olivar. Las ermitañas se vieron obligadas a cerrar la ermita y se trasladaron a Palma. Fundaron una ermita en lo que ahora es el Mercado del Olivar. De allí su nombre. También hubo ermitañas en Pollensa, en el Puig de María.

P.-Hoy en día en Mallorca parece que la vida eremítica está en extinción.

R.-Hay una crisis de vocaciones porque hay una crisis de religiosidad, espiritualidad y todo está en situación de declive. Pero hay que tener esperanza y pensar que en algún momento el eremitismo puede resurgir. Los ermitaños de Valldemossa me recuerdan que el fundador de la congregación empezó solo. Hay que tener esperanza.

P.-¿Cuántos ermitaños quedan en Mallorca?

R.-Dos. El ermitaño Pau, que es el superior, y el ermitaño Biel.

P.-¿Qué diferencia hay entre ermitaño y anacoreta?

R.-Viene a ser lo mismo. Un cenobita es uno que vive en un cenobio. Un cenobio es un ermita con celdas de soledad, pero viven agrupados en el cenobio. En la ermita el anacoreta suele vivir solo en una cueva,  en el bosque, etcétera.

P.-¿Qué le condujo a escribir el libro La experiencia eremítica en Mallorca?

R.-El libro es un tributo a todos los ermitaños que ha habido en Mallorca. Valldemossa siempre ha tenido mucha vinculación con los ermitaños. Siempre van a todas las celebraciones religiosas, van a todos los entierros. Es gente muy sensible a la espiritualidad cristiana y yo creo que hacía falta dejar testimonio de todo esto, de los Padres del Desierto que ahora, en el siglo XXI, todavía siguen.

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