Juan Roig da una lección de humanidad a Sánchez

Juan Roig da una lección de humanidad a Sánchez

La imagen de Juan Roig recorriendo personalmente los supermercados de La Almadraba y El Sardinero en Ceuta, hablando con sus trabajadores y escuchando de primera mano cómo está afectando la crisis a su actividad, dice más sobre el talante de este empresario que cualquier declaración pública.

Roig, un hombre hecho a sí mismo desde cero, ha querido estar cerca de los suyos en uno de los momentos más difíciles que ha vivido la ciudad autónoma, el mismo en que sus establecimientos tuvieron que ser protegidos por el Ejército ante el temor a posibles saqueos. Mientras Pedro Sánchez descansaba plácidamente en La Mareta, el presidente de Mercadona cogía un avión y se plantaba en Ceuta para mirar a sus empleados a los ojos y preguntarles cómo estaban. Sin escolta aparatosa, sin rueda de prensa y sin fotografía oficial. Sólo la visita de alguien que entiende que liderar no es recomendar canciones en TikTok, sino dar la cara cuando los tuyos lo necesitan.

Eso es lo que hace alguien que se siente responsable de las personas que dependen de él. Y eso es exactamente lo que no ha hecho el Gobierno de Pedro Sánchez con los ceutíes que llevan semanas pidiendo socorro. Mientras Roig recorría los pasillos de sus supermercados preguntando a sus empleados cómo estaban, Sánchez estaba en el agua de Lanzarote con Begoña. Mientras Roig escuchaba las dificultades de sus trabajadores en Ceuta, los ministros de Sánchez desfilaban entre insultos y abucheos de los propios ceutíes.

Hay algo revelador en que un empresario hecho a sí mismo tenga más sensibilidad, más empatía y más sentido de la responsabilidad hacia los ceutíes que todo un Gobierno de España. Que Juan Roig haya ido a Ceuta cuando Sánchez no ha ido no es sólo una anécdota. Es un retrato. El retrato de un presidente que ha abandonado a una ciudad española en su peor momento para no interrumpir sus vacaciones. Y es el retrato de un empresario decente que cumplió con su compromiso moral de ir, mirar y escuchar a los suyos. Eso se llama empatía. A Roig le sobra. A Sánchez le falta.

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