Qué hay detrás de tanto «¡que vienen los fascistas!»

Qué hay detrás de tanto «¡que vienen los fascistas!»

El 29-N tenemos una cita electoral muy cargada de trampas y engaños orquestados por el lado oscuro del sanchismo. Por eso, es trascendental acudir a votar en defensa de nuestro futuro, que hasta 2004 se fundamentaba en la libertad de expresión, la defensa de la clase media —garantía de la estabilidad social— y el profundo respeto por quienes piensan de manera diferente.

Llevamos desde aquel año sometidos a la disciplina intolerante del Grupo de Puebla, una situación que se agrava por el hecho de que Pedro Sánchez sea presidente de la Internacional Socialista, cuyo objetivo principal, eso parece, pasa por implantar en toda Europa el populismo de extrema izquierda inspirado en el castrismo y en la Venezuela bolivariana. La Unión Europea está siendo incapaz de ver la amenaza y nos ha dejado solos en esta lucha. Toca, entonces, apelar a nuestro coraje.

Conviene recordar que, en las elecciones de julio de 2023, cuajó el mensaje del miedo y que, pese a ello, ganó el centroderecha, aunque sin la fuerza suficiente para frenar los pactos contra natura alcanzados por el sanchismo para seguir en el poder, con la insolente idea de destruir la España que hemos heredado.

Desde entonces, se intensificó el mensaje del peligro de la ultraderecha, señalando como fascistas a todos aquellos que no pensábamos como ellos. Hubo mucha risa en el intermedio, porque tanta deriva invitaba a la carcajada. El peligro es que ahora la cosa va muy en serio. Nos jugamos nuestro futuro.

El periodista independiente y director de documentales Carlos Hernando ha resumido la situación en dos mediometrajes que son el reflejo mismo de lo que hay en las entrañas del sanchismo: El autócrata, de 2023, y Anatomía de un régimen sentimental, de 2026. Ambos constituyen una perfecta radiografía de lo que viene sucediendo desde 2018, cuando Pedro Sánchez llegó al poder. Es muy sintomático que el Ministerio de Cultura, desde Miguel Iceta hasta hoy, les haya puesto trabas a estos documentales para que puedan exhibirse.

Hablemos, entonces, del contenido de ambos documentales: de cómo bucean en los mecanismos que hacen que mucha gente siga votando a Pedro Sánchez a pesar de las evidencias. Entre esos mecanismos destacan «la ideologización del votante, la imposición del relato —del que forma parte el mensaje de «¡Que llega el fascismo!»— y, desde luego, la polarización». El muro, vamos.

A todo ello se suma la manipulación de la historia, cuya enseñanza se imparte de forma sesgada en las escuelas, así como la negación de la libertad de cátedra a través de la Ley de Memoria Histórica y, ahora, de la Ley de Memoria Democrática, con Sánchez. Se trata de ocultar la verdad y la evidencia de lo que fuimos capaces de construir como pueblo a lo largo de los siglos, materias absolutamente desterradas de nuestro sistema de enseñanza.

Pero hay más, porque el siguiente paso será clave: desmantelar los medios de comunicación críticos con el sistema. He ejercido el periodismo durante más de medio siglo de mi vida, con el orgullo de tener el privilegio de ser un «notario de la actualidad». Algo que, por desgracia, no han seguido haciendo las nuevas hornadas de periodistas, preferentemente vendidas al mejor postor.

Volviendo al aquí y ahora, parece ser que el PP y Vox han entendido que todo va de salvar la democracia, tal y como se entiende en Occidente, o, por el contrario, de acabar sometidos a una autocracia que, aunque la UE no lo entienda, terminará, más pronto que tarde, destruyendo nuestras libertades en todo el continente. ¡Qué pena la ceguera de la Unión Europea!

Fíjense en que la extrema izquierda española, con Ada Colau de hada madrina, no habla de que viene la ultraderecha, sino directamente de que «¡llega el fascismo!», en perfecta sintonía con las revueltas que han incendiado París. Como dice el dicho, «cuando París se acatarra, Europa estornuda».

Nos jugamos tanto el 29-N que resulta imprescindible llamar la atención de los abstencionistas de buen corazón para que hagan examen de conciencia sobre todo lo que nos estaremos jugando. Porque nada cabe esperar de mis queridos votantes de la izquierda, que un día fue socialdemócrata. No queda nadie ahí. Ninguno.

Basta con ver, en Baleares, los engendros que aspiran a un escaño entre las filas del PSIB-PSOE, empezando por la impresentable Francina Armengol, una mascota de mal pelo que personifica la ausencia de valores democráticos.

Pregúntense, entonces, qué hay detrás de tanto «¡que vienen los fascistas!», al margen del afán de mantenerse en el poder sin control alguno. ¿Se trata solamente de robarnos nuestra identidad para entregarnos al mejor postor, llámese Marruecos, y, al mismo tiempo, a Cataluña y al País Vasco? Plurinacionalidad, ya saben.

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