Festival de Pollença: Beethoven entre las cuerdas del cuarteto francés Ébène
Esta formación se suma al largo historial de ilustres cuartetos de cuerda que han desfilado por el claustro de Sant Domingo a lo largo de seis décadas
El 65 Festival de Pollença dedica su segunda semana a la exploración de dos monográficos plenamente vigentes. El primero, dedicado a Beethoven, con el Cuarteto Ébène en su concierto del jueves 13, y el segundo, con Mozart como protagonista, el sábado 15, con la Freiburger Barockorchester, que participa en las celebraciones de 2026 con motivo del 270 aniversario de su nacimiento. En el caso de Beethoven, nos encontramos en la antesala del bicentenario de su muerte, que se conmemorará el 26 de marzo de 2027.
En ambos casos sobresalen expresiones textuales que testimonian la actitud de Mozart y Beethoven al reflexionar sobre sus respectivos trabajos.
En el caso de Mozart, dejó dicho: «Ni una inteligencia sublime, ni una gran imaginación, ni las dos cosas juntas forman el genio; amor, eso es el alma del genio». Beethoven, por su parte, en cierto modo iba en la misma dirección cuando afirmó que la música «es una revelación más allá de toda filosofía», exponiendo así su visión del arte como fuente de verdad profunda. El Cuarteto Ébène le tomaba la palabra en su elección de obras.
Así es, porque los tres cuartetos elegidos, el nº 3 (1799), el nº 8 (1806) y el nº 11 (1811), marcan hitos fundamentales en los tres grandes episodios de creación de Beethoven, reflejando su transición desde el clasicismo vienés hasta la concentración expresiva que preludia su estilo tardío, aportando una intensa vitalidad rítmica y una inusual libertad creativa. Beethoven es, además, una de las especialidades interpretativas del Cuarteto Ébène, con el importante aval del álbum editado en 2020, Beethoven Around the World: The Complete String Quartets; en definitiva, la integral de sus 16 cuartetos de cuerda, grabados entre 2019 y 2020 durante sus visitas a Viena, Filadelfia, Tokio, São Paulo, Melbourne, Nairobi y París. Podría decirse que, ahora, Pollença forma parte del itinerario donde queda el eco de los 16 cuartetos de cuerda.
Para Beethoven, los cuartetos de cuerda fueron el laboratorio más íntimo y radical de su vida, tal y como recoge la musicología, al pasar de imitar el estilo clásico de Haydn y Mozart a romper las reglas de la música, de tal manera que, según deduce la musicología, vendría a anticipar los sonidos del siglo XX. No es un trabajo para cualquier cuarteto de cuerdas entrar en este juego, pero el Cuarteto Ébène ocupa una posición de élite en el panorama mundial de la música de cámara, aportando rigor clásico, frescura y pulso rítmico. No olvidemos que, en sus inicios, a finales de los años 90, fueron tutelados por el prestigioso Quatuor Ysaÿe, formación integrada por músicos del Conservatorio de París que surgió en 1984 para rendir homenaje al legado del cuarteto original, desaparecido en 1914.
Una formación ideal, por lo tanto, para transmitirnos cómo Beethoven fue trascendiendo el clasicismo y sentando las bases del romanticismo a través de la expansión de las formas musicales tradicionales, aplicando una intensidad emocional sin precedentes. Lo que no evita que el programa elegido pueda resultar de difícil digestión para un público no necesariamente melómano.
¿Qué nos disponíamos a observar en la elegante y acertada ejecución de los cuartetos elegidos para la tercera velada del 65 Festival de Pollença? Nada menos que el tratamiento dramático e imperativo de los momentos de gran tensión que definió sus sinfonías, en especial la Quinta y la Novena, trasladado a la música de cámara: la tensión dramática en el Cuarteto nº 3, la lucha interior de su madurez temprana en el Cuarteto nº 8 y, finalmente, en el Cuarteto nº 11, el rompimiento de las formas clásicas tradicionales.
Para ello estaba el Cuarteto Ébène, una formación altamente cualificada para ofrecernos un recorrido que evidencia la evolución del repertorio para cuarteto de cuerdas, y todo ello a través de una ejecución al detalle y de una gran transparencia sonora. Sobre el escenario, cuatro solistas excepcionales, en permanente diálogo para esculpir sin descanso la obra temprana y el período medio de Beethoven entre sus cuerdas. Energía y precisión, siempre presentes en la lectura de estos cuartetos.
En definitiva, asistimos a una lectura de este repertorio beethoveniano en la que se combinaban con naturalidad tradición y modernidad. El Cuarteto Ébène venía a sumarse al largo historial de ilustres cuartetos de cuerda que han desfilado por el claustro de Sant Domingo a lo largo de seis décadas. Algo que debería saber Illias Tezempetonidis antes de hablar de que debemos al Festival Cap Rocat un nivel artístico antes desconocido en Mallorca. Más todavía. En el Festival de Pollença, antes de formarse el Cuarteto Ébène en 1999, nos visitaron Mstislav Rostropovich (1995), Yehudi Menuhin (1996) o Ravi Shankar (1997). Y, si le parece poco al director artístico de Cap Rocat, sin abandonar Pollença, allí acudieron Zubin Mehta (2013), Daniel Barenboim (2014) o Lang Lang (2015) en el marco del ciclo del Hotel Formentor, Sunset Classics. Así, pues, menos lobos, Caperucita.