CRÍTICA

Camerata RCO al rescate del austríaco Walter Rabl en el Puerto de Sóller

El quinteto neerlandés deslumbra con un programa que enlaza la tradición de Mozart y Brahms con la expresividad de un compositor injustamente olvidado

Camerata RCO al rescate del austríaco Walter Rabl en el Puerto de Sóller
El quinteto neerlandés Camerata RCO, en el Festival del Puerto de Sóller.

El sábado 10 de octubre se inauguraba la vigésimo primera edición del Festival del Puerto de Sóller con un interesante programa a cargo de la Camerata RCO que, en la edición de 2024, coincidiendo con el bicentenario del nacimiento de Anton Bruckner, interpretó magistralmente la adaptación para conjunto de cámara de la Sinfonía nº 2 del compositor austríaco. Quedamos todos boquiabiertos al ser testigos de la excelencia de un grupo reducido y, pese a ello, ¡sonando como una orquesta al completo! Ahora la propuesta de Camerata RCO venía cargada de sutiles complicidades.

El programa planteaba un juego de intercambios entre los cinco intérpretes desplazados desde Amsterdam al Puerto de Sóller, siendo piano y clarinete los instrumentos permanentes, y todos ellos miembros de la Real Orquesta del Concertgebow, de ahí llamarse Camerata RCO. No hace falta señalar el inmenso grado de entendimiento, de complicidad en los tríos y el cuarteto, a lo que debe añadirse la interesante intrahistoria de esta propuesta.

Abriendo, se escuchó el Trío para Clarinete, Viola y Piano de Mozart, que está fechado en 1796 y se caracteriza por su inusual instrumentación con la particularidad de introducir un inédito tratamiento del clarinete, llegando al extremo de entrar a formar parte de las claves introducidas por Mozart para el desarrollo del género. Hein Weduc al clarinete y Frank Van der Laar en el piano estrenaban la presencia permanente de ambos instrumentos en todo el programa elegido. El trío lo completaba el violista checo Vilem Kuonka. Herederos todos ellos de la centenaria tradición de la Concertgebouw, estaba garantizada la excelencia, el brío y una sonoridad sobriamente elegante. 

Cerrando la primera parte del programa estaba el Trío para clarinete, piano y chelo (1891) de Johannes Brahms, que comparte con el trío compuesto por Mozart un siglo antes la tendencia a combinar instrumentos poco habituales y dar un tratamiento específico al clarinete, en este caso, incrementándose la densidad en la calidad del sonido para subrayar su expresividad. Cerrando el trío, aparecía en el escenario el chelista Benedikt Enzler, de manera que la propuesta de la segunda parte iba a tener su núcleo ya formado con estos tres instrumentos, a falta de incorporarse en la segunda parte la violinista Coraline Groen. Esa primera complicidad entre Mozart y Brahms se iba a repetir en la segunda parte, solo que esta vez entre Brahms y Walter Rabl.

El valor de lo que estaba por llegar era reivindicar a un compositor del romanticismo tardío cuyo legado es un número reducido de obras actualmente en el olvido. En 1903, a los 30 años de edad, Walter Rabl dejó la composición para dedicarse exclusivamente a la dirección de orquesta y la enseñanza. El Cuarteto para Clarinete, Violín, Chelo y Piano, Opus 1 fue compuesto en 1896, siendo además su obra debutante en música de cámara. Rabl tenía 23 años. Lo curioso es que, al igual que Brahms con su trío, Walter Rabl infiere un fuerte grado de intensidad en su cuarteto, destacando la expresividad del violín. En realidad, los cuatro instrumentos juegan un papel protagonista, tal es la vitalidad en cada uno de los cuatro movimientos.

Lo anecdótico es que Rabl ganó el primer premio en un prestigioso concurso de la época, en el que Johannes Brahms formaba parte del jurado. Casuales complicidades.

Absoluto el grado de excelencia de los cinco músicos en el reencuentro de la Camerata RCO con el público del Festival del Puerto de Sóller, además de sobresalir su decidido rescate de la figura del austríaco Walter Rabl.

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