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La familia cubana víctima de la casera demente de Mallorca: «Una vez casi nos mata con un pico»

La mujer llama "comepingas" a sus inquilinos y les profiere graves amenazas: "Prepararos con lo que pueda pasar"

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La familia cubana que reside en el municipio de Pollença, al norte de Mallorca, atraviesa un calvario que parece no tener fin. Lo que comenzó como una mudanza esperanzadora hace siete años se ha transformado, desde el mes de agosto, en un asedio sistemático de agresiones, insultos y amenazas por parte de una casera desquiciada y muy conflictiva.

El conflicto ha ido escalando en intensidad hasta cruzar peligrosamente la línea de la violencia física, situando a las víctimas, en más de una ocasión, a escasos centímetros de la tragedia.

La deriva criminal de la mujer ha entrado en una fase donde la integridad física de este matrimonio y sus dos hijos menores está en serio peligro. Según ha relatado el padre de familia a OKBALEARES, el nivel de agresividad ha llegado al extremo de utilizar herramientas como armas letales. «Una vez cogió un pico y casi me mató, luego se escondió en la cochera», asegura el afectado al recordar cómo la mujer intentó golpearle directamente en la cabeza.

Este episodio de violencia bruta es solo la punta del iceberg de un comportamiento que mantiene a la familia en un estado de alerta permanente. Y es que la casera, española de 55 años de edad, también ha desplegado una retorcida estrategia de guerra psicológica para intentar echar de la casa a esta familia.

A pesar de que cumplen religiosamente con el contrato, abonando cada mes los 800 euros acordados, la mujer trata de macharles la imagen y así conseguir que abandonen el inmueble. «A veces se ha autolesionado y luego nos ha acusado a nosotros ante la Policía de haberla agredido», explican con impotencia.

Por si fuera poco, la mujer mantiene una relación nefasta con otros residentes de la zona, a quienes ha llegado a atacar lanzando excrementos y orina de su perro sobre los vehículos estacionados en las inmediaciones.

Asimismo, el acoso diario que sufre la familia cubana tiene un componente despectivo y xenófobo. Según cuenta a este periódico, la propietaria ha centrado su odio en el origen nacional de sus inquilinos, utilizando términos despectivos como «comepingas» de forma recurrente.

A estos los insultos se suman advertencias siniestras que les impiden conciliar el sueño y que resumen el terror psicológico al que están sometidos: «Vivimos con un miedo constante; nos dice que nos preparemos por lo que pueda pasar», manifiestan con una angustia que refleja la desesperante situación de indefensión en la que se encuentran.

Según la versión de los afectados, el quiebre del vínculo entre la casera y los inquilinos tiene un origen claro. El calvario se originó cuando la familia se trasladó en agosto a otra de las viviendas del solar, también propiedad de la conflictiva mujer, amparados por un contrato de cinco años. Al entrar, se encontraron con una casa abandonada a la suciedad y plagada de gusanos que requería una reforma integral.

Con esfuerzo y recursos propios, los inquilinos cubanos sanearon y rehabilitaron el inmueble hasta dejarlo impecable. Sin embargo, al ver el lavado de cara y el valor que había ganado la propiedad, la arrendadora cambió radicalmente de parecer, se arrepintió de haberles brindado ese contrato de larga duración y ahora busca a la desesperada recuperar su casa de mala manera y a toda costa para ejecutar lo que es su verdadero plan: vender el lote completo de casas a un familiar.

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