La belleza e idoneidad de Fiducia Supplicans

Papa salud
El Papa Francisco, en una audiencia (Foto: Evandro Inetti)

Han pasado ya cincuenta días desde la publicación de Fiducia Supplicans (FS): más que de sobra para saber que la declaración firmada por el Papa en forma de meditación que el Dicasterio de la Doctrina de la Fe dirige a los sacerdotes llamándoles a la caridad pastoral con las llamadas «parejas irregulares», es ya una joya incuestionable de la Iglesia que muestra un rasgo nuevo y precioso de la Esposa de Cristo queriendo alcanzar a muchas almas. Quien todavía no lo sepa que se lo vaya aprendiendo ya.

Sus destinatarias: todas las parejas que no son santos matrimonios o novios en castidad, y que a día de hoy como todo el mundo sabe, son ya más numerosas que los matrimonios en muchos lugares del mundo.

A la Santa Madre Iglesia sí le importa esta situación y por eso escribe este documento: porque quiere atender especialmente a estas personas, que para empezar son víctimas de la ideología de género y de la destrucción de la familia natural que venimos sufriendo desde hace ya más de cuarenta años en el mundo. Nadie puede negar el tremendo escenario de desmembramiento social, salvo en África y otros lugares como Polonia, donde las imposiciones ideológicas globalistas no han calado. Por eso allí no hay destinatarios de FS y por eso estos obispos no han querido saber nada del tema. Son sitios donde todavía existe la familia intacta, sagrada. No hay casuística de parejas irregulares y el Papa lo ha entendido perfectamente.

Por desgracia, esto no es así en la gran parte del mundo y esa es precisamente la razón de ser de esta belleza de documento, manifestación de los carismas de Acogida y Misericordia de la Santa Madre Iglesia, Mater et Magistra, que quiere atender a todas las personas que acuden a Ella suplicando ayuda de Dios y acompañamiento pastoral.

Fiducia Supplicans, como su propio título indica, se fía – confía- en la pureza de intención de las personas que suplican poder ir juntas a pedir esa caridad pastoral y por ello pide a los sacerdotes católicos que, efectivamente, bendigan y atiendan a las personas suplicantes, con el propósito de ayudarlas en su camino hacia Dios.

Y quien no quiera entender ni aceptar esta acogida, es porque no se ha leído el documento ni mucho menos a la Luz del sagrario o mejor, de la custodia del Santísimo, y no se ha dado cuenta de que el Protagonista total es el Espíritu Santo, que quiere actuar en cada persona que le busca a través de esa súplica y lógicamente sanar esas relaciones interpersonales.

Quien todavía no entienda que es el Padre saliendo al balcón a ver si ve de lejos a su hijo perdido, es que desgraciadamente se ha metido en la boca del lobo de la nube negra de confusión que tristemente algunos sacerdotes, obispos y cardenales han levantado desde la misma fecha de su publicación, y que en lugar de rezar, meditar y en todo caso discutir con sus hermanos que sí lo han entendido todo desde el principio, han elegido gritar públicamente ese horrible «conmigo que no cuenten» que claramente suena a non serviam. Hay que decir en alto que son ellos los que han esparcido la confusión y la división: «Hiere al pastor y se dispersarán las ovejas», lo dice Ezequiel 34,5.

Y es que definitivamente ninguno se debería haber manifestado públicamente en contra. A estas alturas es verdad que muchos han dado ya o están dando marcha atrás en sus afirmaciones erradas, después de que el Papa con infinita paciencia haya tenido que salir varias veces a desgranar la sencillez de la esencia de este documento que probablemente sea uno de los más bellos en toda la historia de la Iglesia, pues claramente se ve detrás al Buen Pastor que abandona a las 99 y corre a buscar a la que está perdida, herida o enferma, como profetiza Ezequiel para sanarla, traerla a casa y ponerla a salvo. Dejadle en paz ya las 99 de poneros algunas a berrear como el Hijo Mayor envidioso y odioso en la parábola del hijo pródigo. ¡Dejadlo ya!

Aquellos que aún rabian contra este magisterio petrino, bien por envidia, soberbia, por ignorancia supina o en el mejor de los casos por frivolidad intelectual, que le pidan Luz al Espíritu Santo y mucha humildad para permanecer en absoluta comunión con el Romano Pontífice como nos manda Cristo en el Evangelio. Y desde luego generosidad para entender su acción y profundo deseo de llegar hasta todas las personas que suplican y por las que también ha muerto Jescucristo. ¡Encima de que suplican se lo quieren negar! Que dejen ya de escandalizarse y de señalar y juzgar el pecado de los otros y por supuesto de opinar sobre la agenda del Vice Cristo. Más bien que miren a la Santa Madre Iglesia dándole herramientas a sus hijos e hijas para que consigan convertirse y salvarse. El pecado de los otros no es más grave que el nuestro, ¿quién se atreve a juzgar a los demás?

Y es que, quien se llame católico, lo primero que tiene que hacer es confiar en la Santa Madre Iglesia y en el Romano Pontífice y cerrar filas con Pedro, pues a nadie le interesa esta brecha abierta de división. Cuesta entender cómo se puede atrever nadie católico siquiera a opinar sobre la idoneidad o necesariedad de una declaración firmada por el Papa que actúa con Gracia de Estado. Además están dando pie a que los desgraciados anti Papa Francisco (que los hay desde el 2013) estén haciendo su agosto dirigiéndole al Sucesor de Pedro todo tipo de insultos y descalificaciones abominables. Recordad que quien no recoge, desparrama y en este caso, quién no está con el Papa, está contra él.

Hay que dejar a Dios ser Dios y que El Espíritu Santo actúe en todas esas personas que se acercan juntas a suplicar una ayuda pastoral. Nadie es quien para querer negarles esas bendiciones que son sacramentales y son como las migajas de los tesoros de la Iglesia.

Pero por encima de todo es necesario resaltar que hay que tener confianza en la Santa Madre Iglesia, porque vivimos tiempos muy oscuros pero las puertas del infierno contra Ella no prevalecerán. La Iglesia es Una y es Romana.

Que Dios os bendiga a todos y os cubra con Su Preciosa Sangre.

Firmado:

Patricia H
Mujer, madre, trabajadora, católica, apostólica y romana.

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