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En 1958 tenía 368 habitantes, ermita y fortaleza medieval: hoy es un pueblo abandonado en Aragón por culpa de un embalse

pueblo abandonado en Aragón
El Camino de Santiago francés en Aragón a su paso por Ruesta. Foto: Gunnar Wrobel en Wikimedia Commons.
  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

El pueblo abandonado en Aragón que vamos a conocer en este artículo carga con un pasado que merece ser relatado. Hoy, sus calles de piedra están desiertas, sus casas sin techo y sus campos cubiertos de agua. Aunque en 1958 todavía contaba con 368 vecinos, una ermita románica y una fortaleza medieval que se mantenía en pie desde el siglo XI. ¿Qué pasó? Se preguntarán muchos.

Antes de responder a esa duda, cabe destacar que este rincón, situado en la comarca pirenaica zaragozana, fue durante siglos parada habitual del Camino Aragonés de Santiago y lugar de intercambio de viajeros y mercaderes de la zona. Lo que más sorprende a los que lo visitan es que no fue vaciado por voluntad de sus vecinos.

De tener 368 vecinos a ser un pueblo abandonado en Aragón: ¿Qué ocurrió?

Nuestro protagonista en esta ocasión lleva el nombre de Ruesta y estamos a punto de conocer qué ocurrió con él. A finales de los años 50, el régimen franquista impulsó la construcción del embalse de Yesa, una obra hidráulica que represaría el río Aragón y crearía un pantano de 1.900 hectáreas.

El embalse, conocido como ‘el mar de los Pirineos’, inundó para siempre las tierras de cultivo que sustentaban la economía del pueblo.

Vista del pantano de Yesa desde Ruesta
Vista del pantano de Yesa desde Ruesta. Foto: Jule_Berlin en Wikimedia Commons.

Sin campos que trabajar, los vecinos no tuvieron alternativa. Para 1962, el éxodo era ya imparable, y las últimas familias salieron de sus casas una a una. El último habitante dejó Ruesta a mediados de los años 60, y el municipio pasó de comunidad viva a ruina silenciosa en menos de una década.

Y ojo, porque Ruesta no fue el único afectado. Los municipios de Escó y Tiermas corrieron la misma suerte.

Tiermas contaba con aguas termales de origen romano y un hotel de principios del siglo XX que había alojado a la infanta Isabel de Borbón. Tres pueblos enteros desaparecieron del mapa habitado en poco más de una generación.

La fortaleza musulmana y la ermita románica de Ruesta que sobrevivieron al abandono

Lo que el embalse no se llevó fue el patrimonio que corona la ladera. El castillo de Ruesta, de origen musulmán, data al menos del siglo X y conserva dos torres unidas por una muralla, junto a los restos de una tercera estructura defensiva.

Fue tomado sucesivamente por las tropas de Almanzor, el rey de Pamplona y el reino de Aragón. A 800 metros del núcleo urbano se alza la ermita de Santiago (también llamada Priorato de Santiago).

Esta es una iglesia románica del siglo X declarada Bien de Interés Cultural y considerada una de las más antiguas de Aragón.

Sus frescos medievales fueron trasladados al Museo Diocesano de Jaca para preservarlos. El conjunto (castillo, ermita, calles empedradas y murallas en ruinas) forma uno de los escenarios históricos más densos de toda la comarca de las Cinco Villas, y puede visitarse a pie desde el albergue.

El Camino de Santiago da nueva vida a este pueblo abandonado en Aragón

Vamos, que Ruesta lleva décadas sin vecinos permanentes, pero no está muerta del todo. En 1993, la Confederación General del Trabajo (CGT) adquirió el pueblo y puso en marcha un albergue para peregrinos del Camino Aragonés de Santiago, la variante pirenaica de la ruta jacobea que discurre por las faldas del Pirineo aragonés.

Hoy el albergue funciona en dos casas rehabilitadas: Casa Valentín (dieciocho plazas, abierta todo el año) y Casa Alfonso (34 plazas en temporada alta). El recinto cuenta también con bar-restaurante, espacio para bicicletas y zona de acampada, con menús desde catorce euros entre semana y dieciséis euros los fines de semana.

En 2017 comenzaron obras de restauración más amplias: consolidación de muros, refuerzo de las ermitas y recuperación de la calle principal. El proyecto fue reconocido con el Premio Hispania Nostra en 2021 y quedó finalista en la Bienal Española de Arquitectura de 2023.

Hoy cientos de peregrinos duermen cada año entre esas paredes sin tejado. El pueblo que el pantano vació se ha convertido, contra todo pronóstico, en el alojamiento más singular del Camino Aragonés.

Dicho todo esto, podemos concluir que su historia no terminó en los años 60. Simplemente cambió de protagonistas, de vecinos sedentarios a peregrinos de paso.

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