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Hito tecnológico de China: el conflicto de Irán confirma que sus satélites superan las defensas del GPS tradicional

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Blanca Espada

El GPS ha pasado de ser algo desconocido para muchos hace apenas unos a años, a formar parte de la vida cotidiana de todos nosotros. Lo solemos usar para llegar a una dirección, para coordinar vuelos o también como no, para que un buque siga su ruta sin desviarse. Funciona y, normalmente, funciona bien. Por eso sorprende cuando deja de hacerlo y más cuando el contexto tiene que ver con la guerra actual.

Durante el reciente enfrentamiento entre Irán e Israel, se registraron episodios de interferencia que afectaron a señales de posicionamiento empleadas en sistemas militares. Y cuando la señal se altera o se bloquea, el margen de error se dispara. En aplicaciones civiles eso puede traducirse en trayectorias imprecisas o pérdidas momentáneas de referencia. En un escenario militar, en cambio, una desviación mínima puede tener consecuencias mucho más serias y devastadoras.

China confirma que sus satélites superan las defensas del GPS tradicional

Según distintos análisis técnicos, ante las alteraciones del GPS, Irán habría activado el uso del sistema chino BeiDou para mantener la navegación en determinados dispositivos. No es un detalle menor ya que significa que existe una infraestructura alternativa que es capaz de asumir esa función que tiene el GPS cuando este sistema, que hasta la fecha ha sido el dominante falla. Y eso cambia mucho las cosas, sobre el escenario bélico y sobre nuestras vidas.

El GPS funciona gracias a una constelación de satélites en órbita media que envían señales de tiempo extremadamente precisas. El receptor calcula su posición midiendo cuánto tarda en recibir esas señales desde varios satélites. Es un sistema brillante por su simplicidad conceptual. El problema es que la señal que llega a la superficie es muy débil. Eso facilita que pueda ser bloqueada mediante jamming o alterada mediante spoofing. En conflictos modernos, la guerra electrónica busca precisamente eso: cegar, confundir o retrasar la capacidad de orientación del adversario.

El sistema BeiDou es mucho más que un competidor

China lleva décadas preparando una alternativa. El sistema BeiDou no nació como un simple competidor comercial del GPS sino que fue concebido como una infraestructura estratégica. De este modo, y tras varias fases de desarrollo, en 2020 completó su red global con una constelación de alrededor de 35 satélites, pero al contrario que el GPS, basado basa principalmente en órbitas medias, el hito chino combina distintos tipos de órbitas, incluidas geoestacionarias y geosíncronas inclinadas. Esta arquitectura ofrece redundancia adicional, especialmente en Asia, donde el sistema tiene mayor densidad de cobertura. Además, incorpora funciones de mensajería satelital corta y señales diferenciadas para distintos niveles de uso. Fue diseñado teniendo en cuenta entornos con interferencias.

Ya no vale depender de un sólo sistema

Ningún sistema es invulnerable, pero el episodio reciente ha puesto de manifiesto algo que llevaba tiempo gestándose y es que depender de una sola constelación ya no es una opción estratégica sólida. En la actualidad existen cuatro grandes sistemas globales: GPS (Estados Unidos), Galileo (Unión Europea), GLONASS (Rusia) y BeiDou (China) y con el desarrollo actual de los dispositivos modernos, muchos ya son multiconstelación, es decir, que pueden utilizar varios sistemas al mismo tiempo.

Durante décadas, Estados Unidos tuvo una ventaja casi absoluta en posicionamiento satelital. El uso civil del GPS, liberado completamente en el año 2000, desencadenó una revolución digital que permitió desde aplicaciones de navegación hasta la sincronización de redes eléctricas y financieras, pero ese monopolio ya no existe y China lo ha demostrado, y además lo aplica. BeiDou ya está en todo su ecosistema tecnológico de logística, transporte, agricultura de precisión, vehículos autónomos y, por supuesto, aplicaciones militares. El sistema forma parte de una estrategia más amplia para construir infraestructuras independientes de redes occidentales.

El conflicto en Oriente Medio no demuestra que estemos ante del fin del GPS, ya que afirmar eso sería algo exagerado, pero lo que sí que se demuestra es que el posicionamiento satelital se ha convertido en un campo de competencia geopolítica real y cuando una constelación puede ser interferida y otra puede asumir su función, el poder deja de estar concentrado en un único actor, o en este caso, en un sólo sistema.

El posicionamiento, la navegación y la sincronización temporal, conocidos como PNT, sostienen la infraestructura moderna. No se trata sólo de saber dónde está un dron o un barco. Se trata de coordinar redes eléctricas, telecomunicaciones, transacciones financieras y sistemas de defensa, de modo que no se puede dejar todo en manos de un único sistema de geolocalización y más si tenemos en cuenta que el dominio satelital no sólo es algo dinámico, sino que es un factor clave en cualquier escenario, sobre todo cuando se trata de un conflicto bélico.

De este modo, podemos decir que el GPS ya no está sólo. Puede que para nuestras vidas siga siendo el sistema a utilizar, pero existen otros y en casos como el mencionado, y en concreto lo creado por China, está resultando algo clave t marca un cambio estructural en el equilibrio tecnológico global.

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