5 hábitos que disparan el consumo en standby de tus aparatos cuando no estás en casa
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Hay un gasto en la factura de la luz que no genera nada a cambio. Es el que hacen los aparatos apagados pero enchufados, ese piloto rojo del televisor, el reloj del microondas, la barra de sonido en reposo o el cargador que sigue en la pared sin nada conectado. El IDAE calcula que este consumo fantasma representa alrededor del 10% del consumo de los electrodomésticos de un hogar. Individualmente cada aparato gasta poco, pero son muchos y funcionan las veinticuatro horas. Y cuando te marchas dos semanas de vacaciones, todos ellos siguen sumando en una casa donde no hay nadie.
Estos son los cinco hábitos que más alimentan ese gasto invisible.
Es cierto, cada aparato gasta poco, pero son muchos y funcionan las veinticuatro horas. Y cuando te marchas dos semanas de vacaciones, todos ellos siguen sumando en una casa donde no hay nadie. Estos son los cinco hábitos que más alimentan ese gasto invisible.
Apagar la tele y los aparatos desde el mando y creer que están apagados
Apagar con el mando no apaga, deja el aparato esperando la siguiente orden. El televisor se queda activo por si vuelves a pulsar el botón, el decodificador mantiene la guía actualizándose, la videoconsola sigue lista para encenderse por voz o para descargar actualizaciones. Ese estado de espera consume de forma continua, y es la fuente más constante de consumo fantasma en la mayoría de los hogares porque nadie lo percibe como un aparato encendido.
El hábito que hay que recuperar es tan viejo como incómodo: desenchufar de verdad lo que no se va a usar en horas. Como hacerlo aparato por aparato es inviable, la solución es una regleta con interruptor de las que cuestan menos de diez euros. Con un solo botón se corta la corriente del conjunto de ocio del salón, que suele ser el que más aparatos acumula. Existen además regletas con función de eliminación de standby, que cortan los periféricos automáticamente cuando detectan que el aparato principal se ha apagado.
Dejar cargadores y fuentes de alimentación enchufados todo el día
El cargador del móvil enchufado sin el móvil sigue consumiendo, aunque muy poco. El problema no es ese cargador aislado, sino la suma, el del portátil, el de la tablet, el del reloj, el del cepillo de dientes, la fuente de alimentación del router, la del disco duro externo, el transformador de las luces del mueble. Cada uno mantiene su circuito interno activo a la espera de trabajo. Los cargadores modernos que cumplen la normativa europea gastan mucho menos que los de hace una década, pero gastan, y los baratos sin certificar son los peores.
La costumbre sana es desenchufar el cargador cuando termina, no cuando te acuerdas. Y agrupar en una misma regleta los cargadores de la mesa de trabajo o de la mesilla, para poder cortarlos todos a la vez por la noche o al salir de casa. No es un ahorro espectacular, pero es dinero que se va sin que nada funcione a cambio.
Mantener el equipo de ocio y el hogar conectado siempre en reposo
La casa media ha ido acumulando aparatos que ya no se apagan nunca del todo. El altavoz inteligente, el enchufe wifi, la cámara, el robot aspirador en su base, la impresora, el marco de fotos digital, la báscula conectada. Muchos de estos dispositivos están diseñados para estar siempre atentos, porque su gracia es responder al instante, y eso implica un consumo permanente por definición. No es un defecto, es su forma de funcionar, pero conviene tenerlo presente a la hora de decidir cuántos quieres tener enchufados.
Un altavoz que solo usas para poner música un rato al día no necesita estar encendido las otras veintitrés horas. Una impresora que imprimes una vez por semana puede vivir enchufada a una regleta con interruptor. La regla razonable es distinguir entre lo que aporta algo estando siempre disponible y lo que simplemente lleva años encendido por inercia.
Irte de vacaciones sin desenchufar lo que va a estar semanas sin usarse
Aquí el hábito cuesta de verdad, porque el consumo se multiplica por los días que la casa está vacía. Todo lo que dejas en standby al salir por la puerta sigue gastando mientras tú estás a quinientos kilómetros. Dos o tres semanas de televisor en reposo, decodificador encendido, consola esperando, cargadores enchufados, microondas con su reloj, router alimentando una red que no usa nadie. Es el momento del año en que desconectar tiene más sentido, porque no renuncias a nada: no vas a echar de menos el piloto del televisor mientras estás en la playa.

Antes de irte, quince minutos dedicados a desenchufar ahorra sin ningún esfuerzo posterior. Lo más cómodo es dejar preparadas las regletas con interruptor durante el año y, al salir, apagar todas de golpe. El equipo de ocio del salón, la mesa de trabajo, la cocina pequeña de encimera. Y desenchufar directamente lo que no cuelga de ninguna regleta, como la impresora o el aparato que solo se usa de vez en cuando.
Dar por hecho que los aparatos modernos ya no gastan en reposo
Es cierto que la normativa europea ha ido apretando y que un televisor comprado este año consume en espera mucho menos que uno de 2010. Pero de ahí a que no gaste nada hay un trecho, y ese salto es el que lleva a mucha gente a no desenchufar nunca. Los aparatos con pantalla siempre encendida, con reloj, con asistente de voz o con conexión permanente siguen teniendo un consumo en reposo que no es despreciable. Y en la mayoría de las casas conviven aparatos nuevos y eficientes con otros de hace diez o quince años que gastan bastante más de lo que nadie sospecha.

La forma de salir de dudas es medir en lugar de suponer. Un medidor de consumo enchufable cuesta unos quince euros y muestra en la pantalla lo que gasta cada aparato en reposo. Basta con ir probando los sospechosos habituales durante una tarde para descubrir cuáles merece la pena desenchufar y cuáles no.
Qué desenchufar antes de irte y qué dejar encendido
No todo se puede cortar, y conviene tenerlo claro para no llevarse un disgusto al volver. El frigorífico y el congelador se quedan enchufados siempre, salvo que los vacíes y los dejes abiertos, algo que solo compensa en ausencias muy largas. Si tienes alarma conectada, cámaras de seguridad o cualquier sistema de vigilancia del hogar, esos equipos y el router del que dependen tienen que seguir funcionando. Lo mismo vale para termostatos o sistemas que protegen la vivienda en tu ausencia.
Todo lo demás es candidato a desconectarse sin consecuencias. El conjunto de ocio del salón, los cargadores, la impresora, el microondas, la cafetera, la barra de sonido, los altavoces inteligentes que no controlen nada crítico. La forma más cómoda de gestionarlo durante todo el año, no solo en verano, es organizar los aparatos por regletas con interruptor según la zona de la casa, de modo que apagar un rincón entero sea cuestión de pulsar un botón. Con eso, el consumo fantasma deja de ser un gasto que se paga sin darse cuenta y pasa a ser una decisión que tomas tú.
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