Guardianes de las mareas: un viaje por los 5 grandes molinos de Galicia desde el paraíso de A Illa de Arousa
En tiempos de transición energética y recuperación del patrimonio, aquellos viejos gigantes de piedra vuelven a tener algo importante que enseñar.
La AEMET lo confirma: la ola de calor se va hoy de España pero una DANA va a llegar para reventar el fin de semana y estas son las zonas afectadas
Roberto Brasero y la AEMET coinciden y avisan: hoy termina la ola de calor en España pero las temperaturas "seguirán siendo altas"
Las Cabañuelas de Jorge Rey alertan de una nueva ola de calor extremo: hasta 44ºC en estas comunidades

Hay lugares donde el tiempo parece obedecer a las mareas. A Illa de Arousa es uno de ellos. Rodeada por las aguas tranquilas de la mayor ría de Galicia, esta isla conserva un paisaje que parece suspendido entre la tradición marinera y la naturaleza salvaje. Aquí, donde el océano marca el ritmo de la vida desde hace siglos, comienza un viaje por uno de los patrimonios industriales más singulares de Europa: los molinos de marea gallegos.
El recorrido arranca en el extremo sur de la isla, donde el Parque Natural de Carreirón despliega cerca de 1,3 millones de metros cuadrados de dunas, marismas, lagunas, pinares y playas vírgenes. Este espacio protegido es uno de los grandes refugios de aves migratorias del noroeste peninsular y constituye el pulmón verde de la ría de Arousa. Caminar por sus senderos es descubrir un ecosistema donde conviven garzas, cormoranes, chorlitejos, mariscadores y pescadores en un equilibrio que apenas ha cambiado con el paso de las décadas.
Es precisamente en este rincón privilegiado donde aparece una de las joyas etnográficas de Galicia: el molino de marea de As Aceñas. Construido junto a la Enseada da Brava, parece emerger directamente del mar. Su silueta de piedra recuerda el ingenio de una época en la que el ser humano aprendió a convertir el movimiento de las mareas en energía mucho antes de que existiera el concepto de energías renovables.
As Aceñas, cuando el mar molía el grano
A diferencia de los molinos hidráulicos tradicionales, que dependían del caudal de un río, los molinos de marea aprovechaban el ascenso y descenso del océano. Durante la pleamar, el agua entraba en un gran embalse construido con muros de piedra. Cuando la marea comenzaba a retirarse, se abrían unas compuertas que dejaban escapar el agua con fuerza suficiente para mover las ruedas hidráulicas encargadas de accionar las piedras de molienda.
El molino de As Aceñas llegó a disponer de tres ruedas: una destinada al trigo y dos al maíz, reflejo de la importancia que ambos cultivos tuvieron en la economía de la isla. Funcionó hasta bien entrado el siglo XX, algo excepcional para este tipo de instalaciones, aunque hoy permanece en manos privadas y necesita una restauración que permita garantizar su conservación.
Su presencia tiene además una explicación geográfica. A Illa de Arousa apenas dispone de cursos fluviales permanentes capaces de mover molinos de agua, por lo que sus habitantes aprovecharon la fuerza constante de las mareas para asegurar la molienda durante generaciones.
Un patrimonio único en Galicia
Aunque Galicia cuenta con miles de molinos fluviales, los de marea constituyen una auténtica rareza. Apenas sobreviven cinco ejemplos relevantes repartidos entre las rías gallegas, todos ellos testigos de una ingeniería popular que supo interpretar el comportamiento del Atlántico con una precisión extraordinaria.
1. As Aceñas (A Illa de Arousa)
Es probablemente el más fotogénico de todos. Situado junto al Parque Natural de Carreirón, resume como pocos la unión entre patrimonio histórico y paisaje natural.
Pero el encanto de este rincón va mucho más allá de su patrimonio histórico. En el entorno del molino conviven el pasado y el presente con una naturalidad sorprendente. A escasos metros, un pequeño refugio para caravanas mantiene viva la tradición de un turismo fiel que regresa verano tras verano desde distintos puntos de España y de Europa, atraído por la tranquilidad de la isla y por un paisaje que conserva la esencia de las Rías Baixas.
Junto a él, un chiringuito –As Aceñas– se ha convertido en uno de los lugares más especiales para contemplar la puesta de sol sobre el Atlántico. La música chill out, una cuidada carta de cócteles y una propuesta gastronómica basada en productos de proximidad crean el ambiente perfecto para dejar que el tiempo transcurra al ritmo de las mareas.
Resulta paradójico que, justo al otro lado de la ría, se encuentre uno de los grandes epicentros turísticos de Galicia: Sanxenxo. Sin embargo, basta cruzar unos pocos kilómetros de agua para descubrir una realidad completamente distinta, donde el bullicio deja paso a la calma, el paisaje se impone sobre las prisas y los atardeceres adquieren un protagonismo difícil de olvidar. Quienes veranean en Sanxenxo harían bien en reservar una tarde para acercarse hasta A Illa de Arousa y comprobar que, frente al turismo más concurrido, todavía existen lugares donde la naturaleza, la historia y una atmósfera relajada se funden en una experiencia auténticamente inolvidable en este lugar, Molino de Mareas de As Aceñas.
2. Molino de A Seca (Cambados)
Apenas unos kilómetros separan la isla de Cambados, donde se encuentra el molino de A Seca, construido en el siglo XVII por el señor del Pazo de Fefiñáns. Hoy restaurado y convertido en centro de interpretación, permite comprender el funcionamiento de estas construcciones mediante exposiciones y visitas guiadas. En su época llegó a moler alrededor de 200 kilos de cereal durante cada ciclo de bajamar.
3. Molino de As Aceñas de O Grove
En la ría de Arousa también se conserva otro importante ejemplo ligado a la tradición salinera y marinera de O Grove. Aunque ha sufrido importantes transformaciones con el paso del tiempo, mantiene el valor de formar parte del reducido grupo de molinos mareales gallegos.
4. Molino de A Seca o do Ulló (Ría de Pontevedra)
Muy ligado a las antiguas explotaciones salineras del litoral, este conjunto constituye uno de los ejemplos más interesantes de integración entre actividad agrícola, producción de sal y aprovechamiento energético del mar. Su recuperación ha permitido poner en valor un espacio prácticamente olvidado durante décadas.
5. Molino de mareas de Serres (Muros)
En la ría de Muros y Noia se encuentra el que muchos investigadores consideran el mayor molino de marea conservado de Galicia. Su enorme presa y su ubicación junto a la ensenada muestran la importancia económica que llegó a tener para abastecer de harina a toda la comarca. Incluso hoy sigue impresionando la dimensión de la infraestructura levantada aprovechando únicamente la fuerza del océano.
Del ingenio tradicional a la sostenibilidad
Mucho antes de que la energía mareomotriz apareciera en los planes de transición energética europeos, estos molinos ya demostraban que era posible producir energía limpia utilizando exclusivamente los ciclos naturales del mar.
No consumían combustibles, no emitían contaminación y funcionaban únicamente gracias a la diferencia de nivel entre la pleamar y la bajamar. En cierto modo, fueron los primeros aprovechamientos renovables del litoral gallego.
Presente y futuro
Hoy la mayoría de estos edificios sobreviven gracias al esfuerzo de ayuntamientos, asociaciones culturales e investigadores que luchan por evitar su desaparición. Algunos, como A Seca, han sido restaurados y abiertos al público; otros, como As Aceñas de A Illa de Arousa, siguen esperando inversiones que permitan asegurar su conservación.
El reto consiste en integrarlos dentro de un modelo de turismo cultural y de naturaleza que complemente el extraordinario atractivo paisajístico de las Rías Baixas. Porque quien visita Carreirón en busca de playas vírgenes, aves migratorias o senderos frente al Atlántico descubre también que, escondido entre marismas y mareas, permanece uno de los testimonios más fascinantes de la ingeniería popular gallega.
Quizá esa sea la mayor lección que dejan estos molinos: demostrar que mucho antes de hablar de sostenibilidad, los habitantes de la costa gallega ya habían aprendido a convivir con el mar, aprovechando su fuerza sin alterar su equilibrio. En tiempos de transición energética y recuperación del patrimonio, aquellos viejos gigantes de piedra vuelven a tener algo importante que enseñar.