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Fue una de las estrellas de ‘OT’ y ahora trabaja en un centro de enfermedades venéreas: «Muy duro»

El protagonista de nuestra noticia saltó a la fama gracias a su paso por 'Operación Triunfo'

Ainhoa Cantalapiedra ha tenido que abrir su mente y probar suerte en otros sectores

"He estado en el Sandoval, en el centro de salud, atendiendo a la gente sobre enfermedades venéreas"

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A lo largo de más de dos décadas, Operación Triunfo ha sido una de las grandes fábricas de talento musical de la televisión. Desde su estreno en 2001, el formato ha pasado por distintas cadenas y ha acumulado numerosas ediciones que han lanzado al estrellato a algunos de los artistas más reconocibles del panorama musical. David Bisbal, Aitana, David Bustamante o Pablo López son solo algunos ejemplos de una lista que, edición tras edición, fue creciendo hasta sumar centenares de jóvenes aspirantes dispuestos a abrirse camino en una industria tan atractiva como implacable.

Sin embargo, la historia del programa demuestra que el éxito no ha sido igual para todos. Ya hemos visto algunos ejemplos en OKDIARIO y el de hoy os dejará sin palabras. Aunque muchos concursantes han logrado consolidar carreras estables, otros tantos han ido desapareciendo progresivamente del foco mediático. Ni siquiera alzarse con la victoria garantizaba una trayectoria duradera: nombres como Vicente García (ganador de OT 3), Mario Álvarez (OT 7) o Nahuel Schajris (OT 8) apenas resuenan hoy en la memoria colectiva, pese a haber vencido en sus respectivas ediciones.

La nueva vida de Ainhoa Cantalapiedra

Entre todas las ediciones del formato, Operación Triunfo 2 ocupa un lugar especial. Emitida hace ya 24 años, fue una promoción especialmente fértil en talento y proyección. De aquel grupo salieron artistas que han sabido construir trayectorias sólidas y reconocibles. Beth Rodergas, tercera clasificada, y Elena Gadel, que quedó en undécima posición, se han mantenido vinculadas a la música y a las artes escénicas, especialmente en Cataluña.

El segundo puesto fue para Manuel Carrasco, hoy convertido en uno de los cantautores más populares y exitosos del país. Incluso la primera expulsada de la edición, Mai Meneses, logró un notable reconocimiento años después como vocalista de Nena Daconte, con canciones que marcaron a toda una generación.

Ainhoa Cantalapiedra en un evento. (Foto: Gtres)

Paradójicamente, la gran olvidada de aquella edición ha sido su ganadora. Ainhoa Cantalapiedra, artista vasca de voz poderosa y formación lírica, se impuso en la final de OT 2 y comenzó entonces una carrera discográfica que, con el paso del tiempo, fue perdiendo visibilidad mediática. Aunque nunca abandonó la música ni dejó de publicar trabajos, el número de seguidores se redujo y su proyecto quedó sostenido, sobre todo, por un público fiel que ha seguido acompañándola lejos de los grandes focos.

El último disco de la artista

Desde su salida de la academia, Cantalapiedra ha mantenido una trayectoria coherente, marcada por la independencia artística y una búsqueda personal al margen de las modas. Ha publicado varios discos en solitario y ha continuado actuando en directo, aunque en circuitos más reducidos que los de sus primeros años. Su último trabajo, Arrastrando un cadáver, quinto álbum de su carrera, vio la luz hace apenas unos meses y confirma su voluntad de seguir creando sin concesiones, incluso cuando el mercado ya no ofrece el mismo respaldo que en los inicios.

No obstante, el camino no ha sido sencillo. Como ocurre con muchos artistas surgidos de formatos televisivos, la estabilidad económica no siempre acompaña a la vocación creativa. En ese contexto se inscribe una de las decisiones más sorprendentes de su etapa reciente.

Un trabajo que despierta curiosidad

Ainhoa Cantalapiedra ha confesado recientemente que, desde hace casi un año, compagina su faceta artística con un empleo completamente ajeno al mundo de los escenarios. Lo hizo en el programa El despertador, de RNE, donde explicó que trabaja como auxiliar administrativa en el centro de salud Sandoval, especializado en enfermedades de transmisión sexual.

«Llevo casi un añito y poco trabajando de cara al público, porque me ha salido de ahí, me apetecía trabajar mi parte del ego, y ha sido duro, ¿eh?, muy duro», reconocía la cantante ante la sorpresa del presentador. En su labor diaria, atiende a personas que acuden al centro en busca de información o asistencia relacionada con enfermedades venéreas, un trabajo que ella misma define como exigente, pero también necesario y valioso desde el punto de vista social.

La reacción del público no siempre pasa desapercibida. «La gente alucina: ¡Hola, ¿eres Ainhoa? ¿Qué haces aquí? Y yo: Hola, estoy a tu servicio, cuéntame», relató con naturalidad, evidenciando el contraste entre la imagen pública que muchos conservan de ella y su realidad actual.

Ainhoa Cantalapiedra da un giro radical

Este giro profesional no supone, sin embargo, un abandono de su vocación artística. Durante su intervención en El despertador, Cantalapiedra acudió precisamente para presentar su nuevo single, Esa mujer, publicado el pasado 1 de enero. La canción confirma que su vínculo con la música sigue intacto, aunque ahora se exprese desde un lugar más íntimo, menos condicionado por las expectativas comerciales o la presión de la industria.

Su historia, más allá de la sorpresa inicial, pone sobre la mesa una realidad poco visible: la de muchos artistas que, tras un éxito temprano, deben redefinir su identidad profesional y personal. En el caso de Cantalapiedra, esa transformación pasa por el servicio público, la honestidad y la decisión de no renunciar a la música, aunque ya no sea desde el lugar que un día ocupó.