Putin y la paradoja de la longevidad: un gobernante analógico fascinado por la IA y la salud
A sus 73 años, Putin habla cada vez más del aumento de la esperanza de vida y de los avances en biotecnología
El presidente ruso, Vladímir Putin, encarna una paradoja llamativa: pese a ser un líder profundamente analógico —no usa móvil, casi no navega por internet y toma notas a bolígrafo— se ha convertido en uno de los principales promotores de la inteligencia artificial en Rusia. Su falta de hábitos digitales no le impide defender que la IA es el futuro de la humanidad, ni participar habitualmente en foros y conferencias sobre tecnología avanzada, mientras el Kremlin impulsa inversiones masivas para garantizar la soberanía tecnológica del país.
A esta fascinación por la IA se suma otra obsesión creciente: la longevidad. A sus 73 años, Putin habla cada vez más del aumento de la esperanza de vida, de los avances en biotecnología y hasta de la posibilidad de alcanzar los 150 años. Conversaciones recientes con Xi Jinping sobre trasplantes e inmortalidad, junto con nuevas referencias a su propio estado de salud, revelan un interés personal y político por la ciencia que podría alargar la vida humana y, simbólicamente, también la permanencia del poder.
Y es que, el presidente ruso continúa siendo, en muchos aspectos, un hombre del siglo XX: «En Rusia, la gran mayoría de jóvenes utilizan profusamente las redes neuronales, tanto en los estudios como en el trabajo o simplemente en la vida cotidiana», dijo Putin durante su intervención en una reciente conferencia sobre IA.
Su propio portavoz, Dmitri Peskov, precisó esta semana que «el presidente no emplea la inteligencia artificial en su trabajo», pero esa distancia personal con la tecnología no reduce su entusiasmo por ella. Desde hace años, Putin repite que «la IA es el futuro, no solo de Rusia, sino de toda la humanidad».
La apuesta del Kremlin por este sector se traduce en financiación, especialmente a través del principal banco del país, dirigido por Herman Gref —exministro de Economía y colaborador cercano de Putin desde sus inicios en el poder—, quien respalda a muchos de los especialistas rusos en la materia.
Abanderado de la longevidad y la salud
Aunque el Kremlin trata la salud de Vladímir Putin como un asunto de Estado, diversas entrevistas, biografías y reportajes coinciden en que el presidente ruso mantiene desde hace años una rutina disciplinada de ejercicio. Es conocido su gusto por la natación —que afirma practicar a diario— y por el entrenamiento de fuerza. También ha cultivado durante décadas las artes marciales, especialmente el judo y el sambo, disciplinas de las que ha hecho parte de su imagen pública. Según fuentes rusas, suele entrenar temprano por la mañana y considera el deporte una herramienta de control físico y mental.
En cuanto a la alimentación, Putin declara seguir una dieta relativamente austera y ordenada, centrada en productos frescos, cereales, vegetales y proteínas magras. Ha mencionado en distintas ocasiones que evita el alcohol —salvo en recepciones oficiales— y que prioriza comidas sencillas, a menudo inspiradas en la tradición rusa. También se ha informado de que presta especial atención a la calidad y procedencia de los alimentos, un hábito que encaja con su interés por la longevidad y el cuidado personal. Estos aspectos, cuidadosamente gestionados por su equipo, forman parte de la narrativa de disciplina y autocontrol que el Kremlin proyecta hacia el exterior.
Inteligencia artificial
Putin participa varias veces al año en foros, conferencias y simposios dedicados a la inteligencia artificial. En el encuentro más reciente, celebrado esta misma semana, mantuvo incluso un breve intercambio con Grin, el primer robot humanoide ruso, desarrollado gracias al servicio neuronal GigaChat.
«Hola, me llamo Grin. Más de 40 motores y numerosos sensores me permiten moverme con fluidez, mantener el equilibrio y relacionarme sin peligro para las personas», le explicó el robot al mandatario.
En su discurso, Putin destacó la importancia «estratégica» de la inteligencia artificial generativa y defendió que este ámbito debe estar coordinado por una agencia estatal para salvaguardar la soberanía tecnológica. «No podemos permitir una dependencia vital de sistemas ajenos. Para Rusia esto es una cuestión de Estado», afirmó, aunque se mostró dispuesto a colaborar con países aliados como China o India.
La longevidad como nueva obsesión
A sus 73 años —cumplidos en octubre—, Putin habla cada vez con más frecuencia de longevidad. Su conversación con el presidente chino, Xi Jinping, sobre biotecnología, trasplante de órganos e incluso la posibilidad de alcanzar algún día la inmortalidad, acaparó titulares en todo el mundo.
Esta semana retomó el tema al recordar que, en el pasado, las personas difícilmente superaban los 35 años, mientras que ahora la esperanza de vida ronda los 80 en algunos países. «Incluso nos hemos fijado metas concretas para aumentar la esperanza de vida. Y bien que lo hacemos. A lo mejor es posible que alcancemos hasta los 150 año», comentó, antes de añadir, con ironía, que «siempre será poco, igual que ocurre con el dinero».
Putin aludió también a su propio estado de salud, un asunto rodeado de secretismo en Rusia y recurrente en la prensa internacional. «Acabo de pasar mi examen médico. Me llevó casi dos días e incluyó una noche en la clínica… Gracias a Dios, todo bien», aseguró.
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