La psicología sugiere que las personas que de pequeños contaban baldosas han desarrollado una habilidad especial en la edad adulta

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¿Recuerdas caminar por la calle intentando no pisar las líneas entre las baldosas? Para muchos niños, este comportamiento forma parte de un juego aparentemente trivial. Sin embargo, desde la perspectiva psicológica, puede reflejar procesos cognitivos que, con el tiempo, favorecen el desarrollo de habilidades relacionadas con la atención, el reconocimiento de patrones y la observación del entorno.
Durante la infancia, el cerebro se encuentra en una etapa de enorme plasticidad, de manera que cada experiencia cotidiana contribuye a fortalecer conexiones neuronales responsables del aprendizaje, la memoria y la resolución de problemas. Cuando un niño cuenta objetos de manera espontánea, debe mantener la concentración y seguir una secuencia lógica, desarrollando de forma inconsciente habilidades tan importantes como el reconocimiento de rostros, la interpretación del lenguaje, la anticipación de acontecimientos o la resolución de problemas matemáticos complejos.
La capacidad para detectar patrones
Uno de los principales aspectos relacionados con el hecho de contar baldosas durante la infancia es la capacidad de observación. Esta tendencia a fijarse en pequeños detalles se puede mantener con el paso de los años y convertirse en una ventaja en profesiones donde la precisión resulta fundamental, como la arquitectura o la investigación.
Este comportamiento también exige mantener la atención evitando distracciones constantes. En un mundo caracterizado por las interrupciones continuas y el uso de dispositivos electrónicos, la capacidad para concentrarse y sostener la atención se ha convertido en una habilidad especialmente valiosa.
Cabe señalar que contar baldosas rara vez tiene una finalidad práctica; lo habitual es que responda simplemente a la curiosidad. Pues bien, esta curiosidad constituye uno de los principales motores del aprendizaje humano. Con este juego, los más pequeños exploran el funcionamiento del entorno mediante sus propios recursos.
¿Existe relación con la inteligencia? No es sencillo responder a esta pregunta, ya que la inteligencia depende de múltiples factores, entre ellos la genética, el ambiente familiar, la educación, la alimentación, la salud y las experiencias personales. Ahora bien, diversas investigaciones muestran que este tipo de juegos ayudan al fortalecimiento de diversas habilidades cognitivas.
En definitiva, la infancia está llena de actividades aparentemente insignificantes pero que, en realidad, ayudan a entrenar la mente. Observar, contar, comparar, clasificar o buscar patrones son acciones sencillas que fortalecen procesos cognitivos fundamentales.
Falta de concentración
El teléfono móvil ha dejado de ser un simple medio de comunicación para convertirse en una fuente constante de estímulos que mantiene al cerebro en estado de alerta casi permanente.
Cada notificación, mensaje o interacción en redes sociales activa los mecanismos de recompensa del cerebro, favoreciendo la liberación de dopamina y generando una sensación de satisfacción inmediata. Aunque este proceso es completamente normal, la exposición repetida puede hacer que nuestro cerebro se acostumbre a buscar estímulos frecuentes.
A ello se suma la fatiga mental. Incluso cuando el móvil permanece guardado, muchas personas sienten el impulso de comprobar si ha llegado una nueva notificación. Esta expectativa continua dificulta que la mente descanse por completo y reduce la capacidad para mantener la atención durante periodos prolongados.
Una revisión publicada en la revista World Psychiatry, elaborada por investigadores de diferentes instituciones, analizó cómo la exposición constante al entorno digital puede influir en funciones cognitivas como la atención, la memoria y la cognición social.
Los autores señalan que la información disponible en Internet obliga con frecuencia a repartir la atención entre múltiples estímulos, como notificaciones, enlaces, vídeos o redes sociales. Esta dinámica puede dificultar el mantenimiento de la concentración durante tareas que requieren un esfuerzo prolongado. Además, el acceso inmediato a grandes cantidades de información también modifica la forma en que las personas almacenan, buscan y valoran el conocimiento.
La revisión concluye que la evidencia disponible apunta a que el uso intensivo de Internet puede provocar cambios tanto inmediatos como sostenidos en distintos procesos cognitivos, con posibles repercusiones en el funcionamiento cerebral. Aunque los investigadores insisten en que aún se necesitan más estudios para comprender estos efectos a largo plazo, destacan que niños y adolescentes podrían ser especialmente sensibles, ya que su cerebro continúa en pleno desarrollo.
En la misma línea, el neurocientífico Earl Miller, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), ha explicado que el cerebro humano posee una capacidad limitada para procesar información de forma simultánea. Según el experto, lo que habitualmente interpretamos como «multitarea» consiste en realidad en cambiar rápidamente de una actividad a otra. «Tu cerebro sólo puede producir uno o dos pensamiento. Están yendo de atrás hacia adelante. Lo que están haciendo es cambiar y reconfigurar su cerebro momento a momento, tarea a tarea, y eso tiene un coste», explica. The Guardian.
Finalmente, cabe destacar que los españoles dedican una media de tres horas y 51 minutos al día al teléfono móvil, según un estudio elaborado por la plataforma Rastreator. Además, más de 7,6 millones de usuarios en el mismo país se consideran adictos a su smartphone.