La psicología dice que las personas impuntuales no son desconsideradas ni irrespetuosas: sufren el sesgo del presente
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La psicología cognitiva distingue entre las personas impuntuales que llegan tarde por elección y las que lo hacen sin poder evitarlo. El segundo grupo es, con diferencia, el mayoritario, y sus patrones de comportamiento tienen poco que ver con la indiferencia o la falta de empatía. Lo que los caracteriza es una relación particular con el tiempo: les cuesta anticipar el futuro con precisión.
Dos procesos cognitivos distintos, aunque relacionados, explican en gran medida esa dificultad. Uno tiene que ver con la tendencia del cerebro a dar más valor a lo inmediato que a lo futuro. El otro, con la tendencia a subestimar sistemáticamente el tiempo que se tarda en completar cualquier tarea. Juntos, forman el mecanismo detrás de la impuntualidad crónica.
El sesgo del presente, la trampa cognitiva detrás de las personas impuntuales
No nos confundamos: las personas impuntuales crónicas no están desconsiderando a quien las espera. Están atrapadas en lo que la psicología conductual llama el sesgo del presente (o present bias). Este sesgo describe la tendencia del cerebro a sobrevalorar las recompensas inmediatas frente a las futuras, y a infravalorar los costes que se materializarán más adelante.
En la práctica, significa que el cerebro no procesa igual un compromiso a las siete de la tarde que ese compromiso cuando quedan diez minutos para salir de casa. Esto, claro, se da de forma contraria con las personas muy puntuales.
El problema se agrava por lo que los economistas denominan descuento hiperbólico. ¿Y qué es eso? Cuanto más cercano está el momento presente, más peso le asigna el cerebro al ahora, desplazando todo lo demás.
Una persona con present bias intenso puede haber planificado salir con antelación la noche anterior, pero cuando llega el momento, el cerebro se resiste a interrumpir lo que tiene entre manos (una conversación, una pantalla, cualquier actividad que genera recompensa inmediata).
Un estudio de Alberto Bisin y Kyle Hyndman publicado en Games and Economic Behavior en 2019 documentó que más del 40% de los sujetos analizados mostraban present bias.
Los investigadores comprobaron además que estos sujetos presentaban mayor procrastinación y demandaban mecanismos de compromiso externos (como plazos impuestos por terceros) para compensar su dificultad para autorregularse.
Sobre la falacia de la planificación, el sesgo que multiplica el efecto sobre las personas impuntuales
El segundo mecanismo actúa en paralelo al primero. Fue nombrado por Daniel Kahneman y Amos Tversky en 1979 como planning fallacy o falacia de la planificación. En otras palabras, se trata de la tendencia sistemática a subestimar el tiempo, el coste y el esfuerzo necesarios para completar una tarea, mientras se sobreestiman los beneficios.
La magnitud del sesgo quedó documentada con precisión en un estudio de Roger Buehler, Dale Griffin y Michael Ross publicado en el Journal of Personality and Social Psychology en 1994. Los investigadores pidieron a 37 estudiantes de psicología que estimaran cuándo terminarían su tesis de grado.
La media de las estimaciones fue de 33,9 días. El tiempo real promedio fue de 55,5 días, y solo el 30% de los estudiantes terminó en el plazo que había predicho. Lo más revelador fue esto: incluso las estimaciones más pesimistas (una media de 48,6 días) quedaron por debajo de la realidad.
Combinado con el sesgo del presente, el efecto es compuesto: una persona subestima cuánto tiempo necesita para prepararse (falacia de la planificación) y además le cuesta interrumpir lo que está haciendo para empezar a prepararse (sesgo del presente). El resultado es la impuntualidad crónica, sin componente moral ni intencional.
Cuando llegar tarde sí es una elección: el perfil que cambia el diagnóstico
Existe, no obstante, un perfil distinto. La psicóloga María Arias Iglesias señala que algunos impuntuales usan la tardanza de forma consciente o semiconsciente para «marcar el ritmo y el horario».
Según Arias, «el que llega tarde intenta alimentar su autoestima: se hace esperar y rompe las reglas para sentirse más especial o importante». En este caso, la impuntualidad no responde a un sesgo cognitivo, sino a una dinámica de poder o a una baja autoestima que busca compensación.
Este perfil es minoritario, pero importa distinguirlo porque el diagnóstico cambia el tratamiento. La impuntualidad cognitiva (la que producen el sesgo del presente y la falacia de la planificación) se aborda con estrategias de planificación más realistas, estimaciones de tiempo con margen de error y rutinas automáticas de salida.
La impuntualidad estratégica, en cambio, responde a otro tipo de trabajo: en el primer caso, la persona sufre la impuntualidad; en el segundo, la ejerce.
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