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Mucho más que un dolor de cabeza para más de 5 millones de personas

Los nuevos tratamientos permiten personalizar la terapia

Una enfermedad compleja y discapacitante a la que se ha restado importancia durante años

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Margarita Sánchez del Río, neuróloga experta en cefaleas de la Clínica Universitaria de Navarra en Madrid; Eva Ortega, paciente y miembro de AEMICE (Asociación Española de Migraña y Cefalea) y María José Ruiz Castrillo, enfermera de la consulta de neurología del Hospital Universitario La Paz de Madrid, han abordado en una mesa redonda las claves que explican cómo abordar la migraña y qué podemos esperar en su manejo de cara a los próximos años.

Beatriz Muñoz, directora de OK SALUD, ha moderado el encuentro. Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), en España padecen migraña más de 5 millones de personas, de las cuales más de 1,5 millones la padecen en su forma crónica, es decir, sufren dolor de cabeza más de 15 días al mes. Además, cada año, en España, un 2,5% de la población española comienza a padecer migraña y aproximadamente en un 3% de los pacientes con migraña la enfermedad se cronifica.

Como punto de partida, Margarita Sánchez del Río ha explicado que el término ‘cefalea’ se refiere únicamente a un síntoma, el dolor de cabeza, mientras que la migraña es el nombre que recibe un tipo de dolor de cabeza específico, con unas características definidas y un diagnóstico concreto, estableciendo incluso diferentes tipos de migraña. Sus signos y síntomas son náuseas, molestias por la exposición a la luz y alteraciones de la visión, entre otros. Es discapacitante, pudiendo empeorar por algo tan aparentemente insignificante como realizar ciertos movimientos o cambios en la postura.

No obstante, es frecuente que los propios pacientes le resten importancia y tarden en acudir al neurólogo. En palabras de Eva Ortega, «como sociedad, aunque hemos avanzado de forma significativa en los últimos tiempos, hemos tendido a banalizar la enfermedad y en ese aspecto queda mucho trabajo por delante. Cuando se llega a un diagnóstico y comprendemos que es una enfermedad neurológica, que nuestro cerebro es diferente, estamos más cerca de que se comprenda».

María José Ruiz ha compartido durante su intervención cómo puede mejorar la calidad de vida de los pacientes cuando reciben tratamiento en unidades especializadas. Todas las personas que viven con enfermedades crónicas necesitan un acompañamiento, y la colaboración entre neurólogos y personal de enfermería repercute en mejor seguimiento y conocimiento de la migraña.

La complejidad de cada caso indica si el manejo en atención es suficiente o si será mejor —a medida que se complica, si empeora o hay otras condiciones de salud que puedan complicar el tratamiento— recibir atención en consultas de neurología general o unidades de neurología especializadas en migraña, ha añadido la neuróloga.

Ortega expuso la historia personal de su diagnóstico, que ha sido un proceso largo, pero ha desembocado en ese acompañamiento tan necesario. Con el matiz de que el sistema tiene recursos limitados, Ruiz valoraba que es posible ser flexible en el manejo y ayudar a las personas que tienden a convertirse en ‘pacientes expertos’ mediante educación y consejos sobre estilos de vida que pueden repercutir en el bienestar.

Los avances en términos de nuevas terapias han permitido diseñar los tratamientos para adaptarlos a las características y necesidades de cada paciente. Según explicaba la especialista, «no es lo mismo tratar a un hombre que a una mujer, y hay que considerar en qué época de la vida está la persona». Las expectativas y necesidades de cada persona son también determinantes, en función de la carrera profesional, el deseo de tener familia o encontrarse en un momento de transición a la menopausia, ha añadido.

«Por supuesto, se parte de optar por terapias que alivien el dolor con mínimos efectos secundarios», ha matizado. Esta es la consigna para todos los pacientes, pero a partir de ese punto hay un margen de maniobra que se define de forma personalizada y consensuada con el paciente en la consulta.

Una enfermedad, diferentes manifestaciones

En el tratamiento personalizado desempeñan un papel importante los equipos de enfermería. Ellos pueden valorar, entre otros aspectos, si hay otras enfermedades que hagan que la migraña empeore o que limiten la eficacia de los tratamientos. Es algo que sucede con frecuencia en el proceso de seguimiento.

Por otro lado, cuando hay ansiedad o depresión, que son dos condiciones asociadas a la migraña, Sánchez del Río explica que, independientemente de cuál ha sido el primero de estos problemas, deben tratarse en colaboración con las unidades de psiquiatría. No todos los pacientes aceptan esta necesidad con la misma facilidad que sí acompaña a otras pruebas o terapias asociadas.

Eva Ortega recordaba cómo la percepción de algunos elementos del tratamiento tiene un peso importante: «A mí, por ejemplo, me sorprendió ver lo beneficioso que resultaba practicar ejercicio físico, aunque al principio no veía la relación».

La adherencia al tratamiento, siempre importante, pero quizá lo es más cuando el tratamiento es preventivo: «Estabilizar el sistema para que no se active y no se presente el dolor puede requerir hasta dos meses de medicación preventiva; hay que mantenerse constante, incluso si se presenta algún episodio aislado, porque reducir el número de episodios es un logro y tiene un enorme impacto en la calidad de vida de los pacientes», ha insistido Sánchez del Río.

La cronificación continúa siendo uno de los principales retos en el abordaje de la migraña. Según la Sociedad Española de Neurología, aproximadamente un 3% de los pacientes con migraña episódica evoluciona cada año hacia formas crónicas, lo que pone en relieve la importancia de un abordaje adecuado y de estrategias orientadas a prevenir esta progresión.

Futuro esperanzador

Las tres participantes se han mostrado de acuerdo en cuanto a que el futuro en el tratamiento de esta enfermedad es esperanzador. Para Sánchez del Río, porque «hemos pasado de usar fármacos indicados para otras condiciones, pero que funcionaban en la migraña, a tener terapias específicamente desarrolladas para los pacientes, pero hay que seguir investigando y llegar al porcentaje de éxito más alto posible»; para Eva Ortega, porque esos avances terapéuticos son un motivo de esperanza -recomendando además a los pacientes que se dejen acompañar por los profesionales y confíen en ellos- y, para María José Ruiz Castrillo, porque se puede hacer entender a quienes no tienen migraña el impacto que tiene esta enfermedad.

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