María Sánchez: «El ‘síndrome del verano triste’ produce una sensación de inquietud interna»
"El exceso de luz solar puede alterar el equilibrio de melatonina y serotonina, dos sustancias fundamentales para el sueño y el estado de ánimo"
En el imaginario colectivo, el verano es sinónimo de alegría, descanso y momentos de ocio compartido. Sin embargo, para muchas personas, esta estación puede convertirse en una etapa de agitación emocional, ansiedad e insomnio. Lejos de la postal idílica, el calor extremo, la alteración de rutinas o la presión social por «disfrutar» pueden desencadenar un trastorno conocido como síndrome del verano triste: una forma menos conocida —pero real— de depresión estacional que impacta en el estado de ánimo y la calidad de vida.
María Sánchez Beamonte, psicólogo del Hospital Universitario Vithas Madrid La Milagrosa, nos ayuda a comprender por qué el verano no siempre es fácil para todos. En esta entrevista, desmiente mitos, describe los síntomas clave, identifica a los perfiles más vulnerables y comparte estrategias prácticas para acompañar el malestar sin juzgarlo. Porque no todos vivimos las estaciones del mismo modo, y está bien que así sea.
PREGUNTA.- Aunque muchas personas asocian el verano con alegría y vacaciones… existe el síndrome del verano triste ¿por qué ocurre en esta época del año?
RESPUESTA.- El verano suele estar socialmente vinculado a la diversión, el descanso y el ocio. Sin embargo, no todos lo viven de la misma manera. El trastorno depresivo con patrón estacional en su forma veraniega o trastorno afectivo estacional (TAE) descrito por el DSM-5 —conocido coloquialmente como «síndrome del verano triste»— ocurre porque el aumento de las temperaturas, la exposición prolongada a la luz solar, los cambios en las rutinas o las expectativas sociales pueden generar estrés, ansiedad o síntomas depresivos.
Para quienes no logran «disfrutar» como se espera, el contraste entre lo que sienten y lo que se supone que deberían sentir puede intensificar el malestar emocional. La característica esencial es la aparición y remisión de episodios de depresión mayor en momentos del año concretos. Para su diagnóstico, el patrón debe continuar durante al menos 2 años, con más episodios de depresión estacional que temporadas sin depresión.
P.- ¿Cuáles son los principales síntomas que pueden indicar que alguien está experimentando esta forma de depresión estacional?
R.- Los síntomas más comunes incluyen: irritabilidad, insomnio o trastornos del sueño, pérdida de apetito, pérdida de interés por actividades habituales, fatiga persistente, dificultad para concentrarse y sensación de vacío o desesperanza. A diferencia del trastorno afectivo estacional en invierno, que suele vincularse a somnolencia y aumento del apetito, en verano predomina el nerviosismo, el insomnio y una sensación de agitación o inquietud interna.
P.- ¿Qué factores psicológicos, sociales o biológicos influyen en la aparición de este síndrome durante los meses estivales?
R.- Desde el punto de vista biológico, el exceso de luz solar puede alterar el equilibrio de melatonina y serotonina, dos sustancias fundamentales para el sueño y el estado de ánimo. El calor extremo puede generar fatiga física, que repercute en el bienestar emocional.
En lo psicológico, la presión por «ser feliz» o «aprovechar el verano» puede resultar contraproducente. En lo social, la soledad, no tener vacaciones o las comparaciones con otras personas que sí disfrutan de su tiempo libre pueden generar sentimientos de frustración o exclusión.
P.- ¿Qué perfiles de personas son más vulnerables a padecer este tipo de trastorno afectivo estacional? ¿Influye el estilo de vida o la personalidad?
R.- Las personas con antecedentes de depresión, ansiedad o trastornos del sueño son más susceptibles. También quienes tienen una personalidad más introspectiva o con altos niveles de autoexigencia. El estilo de vida influye significativamente: trabajar en turnos irregulares, no tener vacaciones, soportar altas temperaturas, o no tener acceso a la naturaleza puede aumentar el riesgo.
P.- ¿Cómo se diferencia el síndrome del verano triste de una tristeza pasajera o del malestar que puede causar el calor extremo?
R.- La tristeza es una emoción natural y adaptativa que suele desaparecer al cabo de unos días y no interfiere significativamente en la vida diaria. En cambio, el síndrome del verano triste implica una afectación más persistente y profunda, con síntomas que duran varias semanas y afectan áreas como el sueño, el apetito, la concentración o el aspecto relacional. El calor por sí solo no suele causar depresión, salvo que se combine con otros factores emocionales.
P.- ¿Qué estrategias de prevención o tratamiento se recomiendan para quienes padecen este tipo de depresión estacional?
R.- La prevención incluye mantener el equilibrio entre actividad y descanso, tener rutinas estables y no ceder ante la presión social de estar constantemente disfrutando. También es importante gestionar la exposición al calor y a la luz, y crear espacios de descanso real. El tratamiento puede incluir psicoterapia, medicación supervisión médica y técnicas de regulación emocional.
P.- ¿Es un fenómeno poco conocido o cada vez hay más conciencia sobre que el verano también puede ser una época difícil emocionalmente?
R.- Tradicionalmente ha sido poco reconocido porque contradice la idea de que el verano «debe ser» una época feliz. Sin embargo, en los últimos años ha crecido la conciencia sobre que el bienestar emocional no depende de la estación, sino de múltiples factores personales y contextuales. Aunque el síndrome de verano triste es menos frecuente que su contraparte invernal, afecta a un número significativo de personas, y es importante visibilizarlo para poder ofrecer apoyo adecuado.
P.- ¿Cómo pueden ayudar familiares y amigos?
R.- Escuchar sin juzgar, no minimizar el sufrimiento («¿cómo vas a estar mal con el buen tiempo que hace?»), y ofrecer compañía sin imponer planes. A veces, solo estar disponibles y validar lo que la otra persona siente puede ser muy terapéutico. La empatía y la comprensión son claves: no todos vivimos las estaciones de la misma manera y está bien que así sea.
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