Inmaculada Fernández, enfermera: «Nuestras manos pueden transmitir microorganismos sin que seamos conscientes»
«Una correcta higiene de manos puede evitar sufrimiento y salvar vidas»
«Los guantes pueden generar una falsa sensación de seguridad»

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La higiene de manos es una de las medidas más sencillas y eficaces para prevenir infecciones y proteger la seguridad de los pacientes, especialmente en el ámbito sanitario. Sin embargo, su eficacia depende de realizarla correctamente y en los momentos adecuados. Para profundizar en su importancia, resolver dudas frecuentes y conocer los principales retos a los que se enfrentan los profesionales sanitarios, desde OkSalud entrevistamos a Inmaculada Fernández Moreno, enfermera de Prevención y Control de Infecciones en el Hospital Parc Taulí y presidenta de la AEEPyCI, quien nos ofrece su visión experta sobre el papel de la higiene de manos en la prevención de infecciones y la promoción de una atención sanitaria más segura.
Preguna.- ¿Por qué sigue siendo la higiene de manos una de las medidas más importantes para prevenir las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria?
Respuesta.- La higiene de manos sigue siendo la medida más importante para prevenir infecciones, tanto en el ámbito sanitario como en la población general, ya que las manos son una de las principales vías de transmisión de microorganismos, es decir, es el mecanismo más habitual de contagio.
Cuando nos lavamos correctamente las manos, rompemos la cadena de transmisión y así evitamos que se propaguen algunas enfermedades. Además, tenemos que pensar que también con nuestras manos contaminadas o con un lavado de manos deficiente, podemos contaminar el entorno.
Lavarse las manos es la medida más sencilla, económica y eficaz, y al alcance de todo el mundo, que protege tanto a los pacientes y profesionales sanitarios como a la población en su vida cotidiana.
P.- A pesar de ser una práctica cotidiana, ¿cuáles son los errores más frecuentes que cometemos al lavarnos las manos, tanto los profesionales sanitarios como la población general?
R.- Lavarse las manos no se hace tan frecuentemente como sería necesario. Además, tanto los profesionales sanitarios como la población general cometemos errores al lavarnos las manos. Estos errores pueden ser debidos a varios motivos: mojarse las manos sin utilizar jabón que tiene que emulsionar las grasas que contienen los gérmenes a eliminar, no dedicar el tiempo suficiente a la frotación, olvidarse de frotar zonas como los pulgares, entre los dedos y debajo de las uñas, y no secarse bien las manos.
En el ámbito sanitario, el lavado de manos adquiere una dimensión de procedimiento técnico durante la atención al paciente o su entorno, que significa que tiene que hacerse en unos momentos concretos, con unas finalidades específicas y con un método definido y unos productos eficaces.
Hacer un lavado de manos adecuado es fundamental para prevenir la transmisión de gérmenes patógenos e infecciones.
P.- ¿Qué consecuencias puede tener una higiene de manos incorrecta en la seguridad de los pacientes y en la transmisión de microorganismos dentro de un hospital?
R.- Si lavarse las manos es el método más sencillo y eficaz para evitar infecciones, no realizarlo las favorece. Y esto lo hace no solo para los pacientes, sino también para los propios sanitarios.
Las infecciones relacionadas con la atención sanitaria complican la recuperación y generan sufrimiento, prolongan el ingreso hospitalario y, en los casos más graves, ponen en riesgo la vida del paciente. Es decir, con una medida tan simple y al alcance de todo el mundo, se puede evitar sufrimiento, costes emocionales y personales y mucho gasto al sistema sanitario.
P.- ¿Cuál es la técnica correcta para realizar una higiene de manos eficaz y qué zonas solemos olvidar con más frecuencia?
R.-. La técnica correcta consiste en frotar todas las superficies de las manos, sin olvidar ninguna zona. Si utilizamos agua y jabón, debemos dedicar entre 40 y 60 segundos al lavado. Si usamos una solución hidroalcohólica, el procedimiento dura entre 20 y 30 segundos, siempre que las manos no estén visiblemente sucias.
Es importante frotar bien las palmas, el dorso de las manos, los espacios entre los dedos, los pulgares, las puntas de los dedos y alrededor de las uñas. Las zonas que solemos olvidar con más frecuencia son los pulgares, las puntas de los dedos, la zona alrededor de las uñas y los espacios entre los dedos. Por eso, no basta con frotar únicamente las palmas.
Una higiene de manos eficaz requiere una técnica correcta, tiempo suficiente y cubrir todas las superficies. Lo importante no es solo lavarse las manos, sino hacerlo bien.
P.- ¿Cuándo debemos utilizar agua y jabón y en qué situaciones es preferible recurrir a una solución hidroalcohólica?
R.- Realmente son dos métodos válidos de higienizar las manos. Normalmente, la elección depende de cómo estén las manos y de la situación.
El agua y el jabón los utilizaremos siempre que las manos estén visiblemente sucias, manchadas o tengan restos de materia orgánica. Es el lavado que recomendamos para la población después de ir al baño, antes de comer, etc.
En cambio, la higiene de manos con preparado hidroalcohólico es la opción preferente en la mayoría de las situaciones de atención sanitaria cuando las manos están limpias a simple vista. Es un método más rápido, eficaz y puede hacerse sin necesidad de puntos de agua justo en el punto donde se realiza la atención al paciente. En este método es muy importante realizar correctamente todos los pasos para friccionar todas las zonas con suficiente producto, de tal manera que pueda ser eficiente.
P.- En el ámbito sanitario se habla de los cinco momentos clave para la higiene de manos. ¿Podría explicarnos cuáles son y por qué resulta tan importante respetarlos?
R.- Los 5 momentos para la higiene de manos son una recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que nos ayuda a saber cuándo debemos limpiarnos las manos y con qué objetivo se realiza.
1. Antes de tocar al paciente: para evitar transmitirle microorganismos que podemos llevar en las manos.
2. Antes de realizar una tarea limpia o aséptica: por ejemplo, antes de curar una herida o manipular un catéter. Así evitamos que los microorganismos entren en zonas del cuerpo donde podrían causar una infección.
3. Después del riesgo de exposición a líquidos corporales: por ejemplo, después de atender una herida o entrar en contacto con sangre, orina u otros fluidos. Nos protege y evita que los microorganismos se propaguen.
4. Después de tocar al paciente: para evitar llevar microorganismos del paciente a otras personas o al entorno.
5. Después del contacto con el entorno del paciente: por ejemplo, después de tocar la barandilla de la cama, la mesita o cualquier objeto cercano, aunque no hayamos tocado directamente al paciente.
¿Por qué son tan importantes? Porque nuestras manos pueden transportar microorganismos sin que los veamos. Realizar la higiene de manos en estos cinco momentos ayuda a interrumpir su transmisión y a prevenir infecciones, protegiendo tanto a los pacientes como a los profesionales sanitarios y a evitar la contaminación del entorno.
P.- ¿El uso de guantes puede generar una falsa sensación de seguridad? ¿Por qué es necesario mantener la higiene de manos antes y después de utilizarlos?
R.- Es importante destacar que los guantes son considerados necesarios sólo en determinadas circunstancias. Si no se dan esas circunstancias, los guantes de un solo uso se consideran una barrera para una correcta higiene de manos. Además, puede generar una falsa sensación de seguridad. Aunque actúan como una barrera de protección, no eliminan todos los riesgos de transmisión de microorganismos.
Los guantes pueden tener pequeñas roturas, contaminarse durante su uso o transmitir microorganismos de una superficie a otra si tocamos diferentes objetos con ellos. El simple hecho de retirárselos ya contamina las manos.
¿Por qué debemos realizar la higiene de manos antes y después de usar guantes? Antes de ponernos guantes, nos tenemos que lavar las manos para evitar que, si llevamos las manos sucias, los contaminemos en el proceso de colocación. Después de quitarnos los guantes, realizaremos la higiene de manos para evitar que se hayan contaminado durante el proceso de retirada. Es importante recordar que los guantes son de un solo uso y deben cambiarse según las recomendaciones. No deben nunca lavarse ni desinfectarse para reutilizarlos.
P.- ¿Qué características deben tener los productos de higiene de manos para facilitar su uso frecuente y favorecer el cumplimiento de las recomendaciones?
R.- Los productos destinados a la higiene de manos deben ser eficaces, seguros, bien tolerados por la piel y fáciles de utilizar en sitios accesibles para favorecer su uso frecuente y el cumplimiento de las recomendaciones sanitarias.
Los preparados de base alcohólica para higiene de manos deben cumplir la normativa nacional e internacional para ese uso.
P.- Mirada al futuro y recomendaciones a la población
La higiene de manos continúa siendo una de las medidas más eficaces para prevenir la transmisión de microorganismos y reducir el riesgo de infecciones, tanto en el ámbito sanitario como en la comunidad.
De cara al futuro, es fundamental reforzar la educación sanitaria y consolidar hábitos de higiene basados en la evidencia científica y fomentar información y cultura de prevención. En los centros sanitarios, quizás el reto más inmediato es evitar todas aquellas barreras que nos dificultan una higiene de manos eficaz, como el uso de uñas largas, esmaltes, uso desmedido e inadecuado de guantes, etc.
En cuanto a recomendaciones para la población, creo que hay que reforzar que el tema se trate desde la infancia, concienciando de la importancia de la realizar la higiene de manos en los momentos clave: antes de preparar o consumir alimentos, después de ir al baño, después de toser o sonarse la nariz y siempre que las manos estén visiblemente sucias.
El reto de futuro es transformar el conocimiento en hábitos sostenidos, promoviendo una mayor concienciación sobre el papel de las manos en la transmisión de infecciones. Mejorar la higiene de manos es una medida básica de salud pública que requiere compromiso personal y colectivo.
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