Cómo saber si tu hijo está consumiendo drogas
Los efectos son distintos según la droga ingerida
Hoy en día, el consumo de drogas se ha generalizado hasta límites insospechados. Ya no solo los adictos mantienen el contacto con este tipo de sustancias, son muchos los jóvenes que recurren a ellas de forma esporádica y sin la menor preocupación. La gran variedad de narcóticos que ofrece el mercado, de mayor o menor peligrosidad, ha distorsionado también esta percepción del riesgo. Sin embargo, las mismas conductas acechan a aquellos que ya forman parte del mundo de los estupefacientes.
La adolescencia es quizás la etapa más propensa a caer en este tipo de hábitos. Ya sea por la necesidad de pertenecer a un grupo social, por ganar seguridad y confianza o, simplemente, por seguir la corriente a sus amistades. Ante esta situación, son los padres quienes deben adoptar una posición de alerta y aprender a identificar cualquier alteración en su comportamiento que indique ese contacto reiterado con las drogas. Un punto a su favor a la hora de tomar medidas contra una posible adicción.
El olor
Algunas de las drogas más comunes dejan su característico aroma impregnado en la ropa y el cuerpo de aquellos que las consumen. Para paliar dicho hedor, los jóvenes suelen lavarse las manos a menudo o recurrir de forma excesiva a otras vías que disimulen el olor. Como por ejemplo, el perfume o los chicles.
El dinero
Si notas que tu hijo tiene una necesidad imperiosa de conseguir dinero, es probable que las drogas estén detrás de esta inversión. Fíjate si cambia objetos de valor con sus hermanos o amigos, si pide dinero a la menor oportunidad o inventa una necesidad urgente que requiere un desembolso inesperado.
Su comportamiento
Normalmente, las drogas generan un cambio hormonal que también afecta al estado de ánimo. El joven se muestra más agresivo y reservado con sus cosas. Descuida su aspecto, tiene cambios de humor bruscos y deja de relacionarse con los miembros de su familia con los que convive.
Los ojos
Esta parte del cuerpo humano es quizás el indicador más claro de las adicciones. Sin embargo, cada sustancia produce unos efectos muy distintos. La cocaína, por ejemplo, afecta a la dilatación de las pupilas. Mientras que el cannabis conlleva una mirada perdida y el enrojecimiento de los ojos.
Su entorno
El riesgo de que tu hijo consuma drogas aumenta si en su entorno ya hay alguna persona con dicho hábito. Puede ser un familiar o un amigo cercano. Por este motivo, es importante vigilar también a las personas con las que se relaciona y que podrían empujarle a desarrollar este tipo de conductas.
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