Estos son los tres síntomas más comunes cuando hay anemia y que se confunden con estrés
Especialistas apuntan al déficit de hierro como la principal causa de este trastorno
Niños, embarazadas, mujeres en edad fértil y personas mayores se encuentran entre los grupos más vulnerables
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Sentirse cansado se ha convertido casi en una seña de identidad de la vida actual. Las largas jornadas de trabajo, la falta de descanso y una agenda cada vez más exigente hacen que muchas personas normalicen síntomas como la fatiga, la debilidad o incluso los mareos. Sin embargo, detrás de estas molestias, que a menudo se atribuyen al estrés, puede esconderse un problema de salud muy frecuente: la anemia.
Según la doctora Susana Rus Hidalgo, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, la anemia se define como un descenso de la hemoglobina, una proteína rica en hierro presente en los glóbulos rojos que permite transportar oxígeno desde los pulmones hacia el resto del organismo. Explica que los valores de referencia de la hemoglobina varían según el sexo, la edad y, en el caso de las mujeres, también durante el embarazo.
Susana Rus asegura que la anemia «es un problema de salud que tratamos con frecuencia en atención primaria y casi nunca es grave. En algunas ocasiones, es el indicador de que pasa algo más importante».
Déficit de hierro
Datos de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH) revelan que el déficit de hierro es la principal causa de anemia, lo que se conoce como anemia ferropénica. En este caso, la anemia representa el estadio más avanzado de la falta de hierro, aunque hay personas con niveles bajos de este mineral que no llegan a desarrollarla.
Entre los síntomas de la anemia ferropénica, la SEHH destaca el cansancio crónico, la somnolencia, el menor rendimiento cognitivo, la caída del cabello, las palpitaciones y la palidez. También aparecen manifestaciones más específicas, como la pica —el deseo compulsivo de ingerir sustancias no nutritivas, siendo el hielo el caso más habitual— y el síndrome de piernas inquietas, caracterizado por la necesidad de mover las piernas en reposo y relacionado con niveles bajos de hierro en el sistema nervioso central.
La doctora Rus señala que existen distintos tipos de anemia ferropénica, asociados a tres causas: la deficiencia de hierro, las alteraciones en su distribución dentro del organismo y los problemas en su utilización. También se clasifican según su gravedad.
Los grupos más vulnerables
En la infancia, este problema puede tener consecuencias importantes. La especialista detalla que la anemia afecta al crecimiento y al desarrollo de los menores, además de influir en las infecciones y en el aprendizaje. «Es frecuente en los niños que toman mucha leche y poca alimentación complementaria», indica, y recuerda que «a partir de los seis meses es muy importante aportar la cantidad de hierro necesaria cada día». Asimismo, destaca que el déficit de hierro y la anemia ferropénica afectan especialmente a las mujeres en edad fértil, debido a la pérdida recurrente de hierro durante la menstruación.
Durante el embarazo, la anemia supone un riesgo añadido. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la relaciona con parto prematuro, bajo peso al nacer y mortalidad materna. «Por eso es importante tratarla y detectarla a tiempo», advierte la doctora Rus.
En las personas mayores, la anemia puede estar relacionada con enfermedades crónicas. La especialista explica que existen anemias propias de los ancianos con patologías crónicas «porque su hígado ya no fabrica correctamente la proteína que transporta el hierro». Otras se asocian a problemas renales crónicos, diabetes o hipertensión mal controlada, situaciones en las que los depósitos de hierro pueden ser normales, pero este no se transporta adecuadamente.
Otras causas de anemia
Pero no todas las anemias están relacionadas con el hierro. Rus Hidalgo también menciona las causadas por la carencia de vitamina B12 y ácido fólico, así como la talasemia, una alteración hereditaria en la forma de los glóbulos rojos que, en la mayoría de los casos, no requiere tratamiento.
La doctora llama especialmente la atención sobre la importancia de detectar una anemia de causa no explicada, sobre todo a medida que avanza la edad.
En ocasiones puede ser consecuencia de pérdidas de sangre a nivel digestivo o urológico que no detectamos», señala. Por eso recuerda la utilidad del programa de detección precoz del cáncer de colon mediante el análisis de sangre oculta en heces. En cuanto a las pérdidas en la orina, apunta que «casi siempre son un hallazgo casual y se diagnostican con un análisis sistemático, que puede hacerse en laboratorio o con una simple tira reactiva cuyo resultado se obtiene en un minuto».
Una dieta sana como prevención
Desde la OMS, sostienen que una de las principales formas de prevenir y controlar la anemia es seguir una dieta sana y variada. Recomiendan consumir alimentos ricos en hierro, como carnes rojas magras, pescado, aves de corral, legumbres, cereales enriquecidos y verduras de hoja verde oscura. También aconsejan incorporar alimentos ricos en vitamina C, ya que esta favorece la absorción del hierro.
Por otra parte, advierten de que ciertos alimentos pueden dificultar esa absorción, como el salvado de los cereales, el té, el café, el cacao y el calcio. En el caso de las personas que toman suplementos de calcio y hierro, recomiendan tomarlos en momentos distintos del día.
No obstante, la dieta no siempre es suficiente, como indican desde Nara Seguros —compañía de seguros de salud, vida y ahorro—. Cuando aparecen síntomas compatibles con anemia, es importante acudir al médico para identificar la causa y valorar el tratamiento más adecuado.
Evitar la automedicación y contar con un diagnóstico preciso es fundamental, ya que, como recuerdan desde el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, «una anemia prolongada puede afectar al corazón, al cerebro y a otros órganos».