Dra. Eva Fisac: «El calor agrava los sofocos de la menopausia y empeora el descanso»
"El síntoma que sufren todas las mujeres es la sequedad vaginal y, en muchos casos, la atrofia vaginal"
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Con las altas temperaturas, muchas mujeres que se encuentran en la menopausia notan que uno de los síntomas más característicos de esta etapa se vuelve más intenso: los sofocos. Estas oleadas repentinas de calor, que pueden ir acompañadas de sudoración, palpitaciones o enrojecimiento cutáneo, tienden a agravarse durante los días de más calor y repercuten de forma notable en la calidad de vida.
De acuerdo con el Barómetro de la Menopausia, elaborado por STADA junto con la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM), los sofocos figuran entre las manifestaciones más frecuentes y con mayor repercusión durante esta etapa. Más de seis de cada diez mujeres afirman padecerlos, mientras que solo una de cada cuatro sigue algún tipo de tratamiento para aliviarlos. En el trabajo se constata, además, que los sofocos no solo son uno de los síntomas más prevalentes, sino también uno de los que más condicionan el bienestar físico y emocional de las mujeres durante la transición menopáusica.
En este contexto, la doctora Eva Fisac Noblejas, médico de Familia en el Centro de Patología de la Mama de la Fundación Tejerina, nos da algunas pautas para mejorar el confort y bienestar ante los sofocos por la menopausia en estos meses de verano. En cualquier caso deja claro que no hay que victimizar y ‘enfermalizar’ a las mujeres en menopausia: «No es una enfermedad ni una excusa para el victimismo, es una etapa más de la vida».
PREGUNTA.- La menopausia es una etapa fisiológica natural asociada al descenso de estrógenos y suele producirse entre los 45 y los 55 años. Los sofocos son uno de los signos más característicos y pueden prolongarse durante años. ¿Qué síntomas suelen acompañar a los sofocos y cómo pueden afectar al día a día de las mujeres que los padecen? Sudoración, palpitaciones…
RESPUESTA.- Los sofocos, además del problema de la sudoración profusa diurna, a veces en momentos muy inoportunos, tienen el inconveniente de que, cuando se producen durante la noche y son de mucha intensidad, producen despertares e insomnio y, como consecuencia, estrés y astenia (cansancio) diurnos. Las mujeres durante la menopausia se quejan de fallos de memoria, de concentración, pero realmente no se deben al descenso de los estrógenos en sí mismo, sino al insomnio y la ansiedad derivados de los sofocos. Por ello, si los sofocos mejoran, mejora todo lo que he comentado. Es una cascada de síntomas, no una consecuencia directa de la falta de estrógenos y, desde mi punto de vista, esa idea victimiza y ‘enfermaliza’ a las mujeres en menopausia.
No obstante, hay mujeres que no los sufren y, por tanto, tampoco tienen insomnio, ni ansiedad ni olvidos. El síntoma que sí que sufren todas las mujeres en menopausia es la sequedad vaginal y, en muchos casos, la atrofia vaginal y los problemas derivados de la misma, tanto urinarios como de la esfera sexual.
P.- ¿Són más intensos durante los meses más cálidos?
R.- Si, los sofocos se intensifican en verano, lógicamente, al estar más elevada la temperatura ambiente per se. El calor, en resumen, agrava los sofocos de la menopausia y empeora el descanso y el bienestar.
P.- ¿Todos los sofocos son iguales o pueden variar en intensidad, duración y frecuencia de una mujer a otra?
R.- No, todos los sofocos no son iguales, ni en intensidad ni en duración ni en frecuencia y, de hecho, hay mujeres que ni siquiera los padecen en absoluto.
P.- ¿Qué otros factores externos, además del calor, pueden actuar como desencadenantes de los sofocos o aumentar su intensidad? Humedad, determinados hábitos cotidianos…
R.- El tabaco, el alcohol, las comidas picantes y calientes, el estrés sobre todo (además se convierte en un círculo vicioso y se retroalimenta), la cafeína y todo lo que pueda aumentar el ritmo cardíaco, aumenta los sofocos.
P.- Durante los meses estivales es especialmente importante adoptar medidas que ayuden a mejorar el confort y el bienestar. ¿Qué recomendaciones nos da para evitarlos?
R.- La dieta sana, natural, fresca, rica en fruta, verdura, hidratos de carbono y proteínas naturales y de calidad, pobre en grasas saturadas y rica en insaturadas, así como disminuir el alcohol y, desde luego, abandonar el tabaco, ayuda a disminuir los sofocos y también a tolerarlos mejor. El ejercicio físico en la menopausia es básico, ya que contribuye a mejorar la calidad muscular y ósea y… ¡muy importante!: el estado de ánimo, ya que produce endorfinas y por tanto compensa el bienestar y energía que producían antes las hormonas.
Todos estos hábitos de vida saludables, además, ayudan a mejorar la calidad ósea y el desbalance de factores de riesgo cardiovascular del que antes protegían los estrógenos.
La ropa suelta, transpirable, preferiblemente de algodón, la ventilación y buscar lugares frescos, ayuda a tolerar los sofocos mejor, igual que cualquier otra situación calurosa.
En resumen, yo diría que la menopausia no es una enfermedad ni una excusa para el victimismo; es una etapa más de la vida, en la que, además del envejecimiento propio de la edad, se une el envejecimiento de la carencia hormonal y, por tanto, hay que intentar mejorarlo con hábitos de vida saludables: alimentación, deporte, no a los hábitos tóxicos y, muy importante: buen humor, tomarlo con deportividad y disfrutar mucho de lo que la vida nos ofrece cuando ya hemos dejado atrás las incertidumbres vitales, sabemos lo que queremos y a quién queremos a nuestro lado y somos mucho más serenas y sabias.