Dr. Juan Pérez: «El cerebro puede sentir dolor sin que haya una lesión activa en el tejido»
"Cuando el estrés o la depresión son prolongados, el sistema nervioso entra en un estado de alerta máxima"
Fact checked
Este artículo de OkSalud ha sido verificado para garantizar la mayor precisión y veracidad posible: se incluyen, en su mayoría, estudios médicos, enlaces a medios acreditados en la temática y se menciona a instituciones académicas de investigación. Todo el contenido de OkSalud está revisado pero, si consideras que es dudoso, inexacto u obsoleto, puedes contactarnos para poder realizar las posibles modificaciones pertinentes.
El dolor crónico se ha convertido en uno de los grandes retos de la medicina actual, no solo por su prevalencia, sino por su complejidad. En este escenario, el sistema nervioso central juega un papel clave, ya que no solo procesa el dolor, sino que puede llegar a modificarlo, amplificarlo e incluso mantenerlo en el tiempo sin que exista un daño físico activo.
OKSALUD ha entrevistado al doctor Juan Pérez Cajaraville, patrono de la Fundación Grünenthal y responsable de la Unidad del Dolor de los Hospitales HM, quien profundiza en el papel del cerebro en el dolor crónico y en cómo los abordajes multidisciplinares permiten reconfigurar el sistema nervioso para mejorar la calidad de vida de los pacientes.
PREGUNTA.- Cuando hablamos de dolor crónico, ¿qué papel desempeña el sistema nervioso central en el mantenimiento del dolor más allá de la lesión inicial?
RESPUESTA.- El sistema nervioso central (SNC) actúa como un ‘amplificador’ del dolor: puede mantenerlo incluso cuando la lesión inicial ya ha sanado. Esto se conoce como sensibilización central, un proceso en el que el cerebro y la médula espinal se vuelven hipersensibles y llegan a interpretar estímulos normales como dolorosos. Cuando el dolor se cronifica, el SNS sufre cambios neuroplásticos y funciona como una alarma demasiado sensible.
P.- ¿Qué es la sensibilización central y cómo influye en que el cerebro ‘aprenda’ el dolor?
R.- La sensibilización central es un fenómeno en el que el sistema nervioso central se vuelve extremadamente sensible a estímulos. Cuando decimos que el cerebro ‘aprende’ el dolor, nos referimos a un proceso de neuroplasticidad donde las neuronas cambian físicamente debido a la repetición de un estímulo. Al igual que aprendemos una canción al repetirla, las neuronas necesitan menos estímulos para ‘dispararse’ y enviar una señal de alerta al cerebro y perpetuar el dolor, haciéndolo crónico, haciéndolo ‘enfermedad’. El cerebro crea una ‘memoria’ del dolor que persiste incluso después de que la causa original (como una herida) haya sanado.
P.- ¿En qué medida factores emocionales como la ansiedad, la depresión o el estrés pueden modular la percepción del dolor a nivel cerebral?
R.- Nuestra mente no solo ‘registra’ el dolor, sino que lo construye y lo modula activamente según múltiples factores personales, familiares, laborales, etc. El dolor no es un simple sistema de alarma de ‘sentido único’ desde el cuerpo hacia el cerebro, sino un proceso dinámico influenciado profundamente por nuestro estado emocional. Ansiedad, depresión y estrés alteran esta percepción a nivel cerebral.
El cerebro libera endorfinas y encefalinas, sustancias que alivian el dolor, con ansiedad y estrés, este sistema se estropea. En lugar de inhibir el dolor, el cerebro puede enviar señales que facilitan el dolor. Por otro lado, el dolor no se procesa en un solo lugar, sino en una red compleja. Los factores emocionales activan áreas específicas que cambian la experiencia: por ejemplo, la depresión reduce el umbral de dolor y el estrés produce un exceso de cortisol que genera un estado de hiperalgesia (aumenta el dolor).
Cuando el estrés o la depresión son prolongados, el sistema nervioso entra en un estado de ‘alerta máxima’ persistente. Esto provoca que las neuronas se vuelvan hiperexcitables. La ansiedad impulsa un proceso cognitivo llamado catastrofismo. Si estás ansioso, te enfocas obsesivamente en la sensación dolorosa. Al poner toda tu atención en el dolor, las neuronas de la corteza somatosensorial disparan con más fuerza.
Las emociones no hacen que el dolor sea ‘imaginario’, sino que cambian la biología del cerebro para que el dolor se sienta físicamente más fuerte, dure más tiempo y sea más difícil de ignorar.
P.- Desde el punto de vista terapéutico, ¿cómo influyen los abordajes multidisciplinares —incluyendo terapia psicológica o educación en neurociencia del dolor— en la reconfiguración cerebral?
R.- Desde un enfoque terapéutico, el abordaje multidisciplinar aprovecha la neuroplasticidad para revertir los cambios que el dolor crónico genera en el sistema nervioso.
Esta reconfiguración cerebral se produce principalmente a través de tres vías: la Educación en Neurociencia del Dolor, que enseña que el dolor es una producción del cerebro y no necesariamente un indicador de daño tisular; la Terapia Psicológica y la Neuromodulación a través del movimiento y de técnicas intervencionistas que realizan en unidades de dolor. Estos tratamientos no solo alivian síntomas, sino que buscan reducir la neuroinflamación y restaurar la integridad de la materia gris y blanca que se ve afectada por el estrés crónico.
P.- ¿Cómo podemos trasladar a los pacientes el mensaje de que “el dolor está en el cerebro” sin que se interprete como que el dolor es imaginario?
R.- Trasladar que «el dolor está en el cerebro» es un reto clínico, ya que los pacientes suelen interpretarlo como «me estás diciendo que estoy loco» o «nadie me cree»… El secreto es enfocar el mensaje en la neurofisiología (cómo funciona el sistema nervioso) y no en la psicología. Nuestro objetivo, en la unidad de dolor, es cambiar la perspectiva de «tengo un daño estructural» a «mi sistema nervioso está sensibilizado».
Hay que dejar claro que el dolor es 100% real. Es crucial validar que el dolor no es fingido ni imaginario. Pero «real» no siempre significa «daño tisular actual». El cerebro puede sentir dolor sin que haya una lesión activa en el tejido. Utilizamos mucho la metáfora de la alarma de casa que he mencionado anteriormente. La alarma suena y es real, el ruido ensordecedor, pero no hay un ladrón.