Encarna Espunya: «El dolor y el miedo van de la mano y salir de ahí es un entrenamiento»
La Terapia de Reversión del Dolor es una vía para manejar el dolor mediante el control de la mente, las emociones y el aprendizaje
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¿Y si el dolor fuera reversible? Con esta premisa, la autora Encarna Espunya, presenta su nuevo libro ‘Stop Dolor’ (Cúpula). Tras cuarenta años de profesión como docente, fisioterapeuta, osteópata y espinóloga, postula una nueva forma de enfrentarse al dolor mediante la Terapia Reversión del Dolor (TRD).
En esta entrevista a OKSALUD explica que el dolor, mediante el control de la mente, las emociones y el aprendizaje, puede llegar a revertirse, sobre todo en patologías crónicas como la fibromialgia o la migraña.
PREGUNTA.- En su libro plantea que el dolor crónico no siempre responde a un daño físico. ¿Qué evidencia científica respalda este cambio de paradigma?
RESPUESTA.- No es una única investigación; son muchas las que acabaron por hacer que la Asociación Internacional para el estudio del dolor (IASPS) cambiara en 2020 la definición de dolor a: es una experiencia sensorial y emocional. Desde entonces sabemos que no es un impulso nervioso como pueden ser el tacto o la presión cuando tocamos algo; es una experiencia humana, como lo son el hambre, el ver rojo, etc. Eso nos ha hecho cambiar la diana del tratamiento para el dolor y nos ha dado la solución para revertirlo en los casos en que es crónico o disfuncional, ya que sabemos dónde dirigir la terapéutica.
P.- ¿En qué consiste la ‘Reversión del Dolor’ y qué la diferencia de otros abordajes?
R.- La reversión del dolor es la puesta en práctica de todas estas investigaciones en el día a día de las personas. Es una metodología para entrenar ‘paso a paso’ a la mente en el dolor, de manera que seamos nosotros quienes lo controlemos y no él a nosotros. Esto es lo que suele ocurrir en lo que denominamos dolor crónico, que es el que rige nuestras vidas cuando se padecen, por ejemplo, enfermedades como la migraña, fibromialgia, lumbalgia, fatiga, etc.
P.- ¿Qué señales indican que el origen del dolor puede estar más relacionado con el sistema nervioso que con una lesión estructural?
R.- El dolor no tiene nada que ver con los tejidos; ese es el gran descubrimiento de la ciencia en este primer cuarto de siglo. Luego, si no es un impulso nervioso, no tiene nada que ver tampoco con el sistema nervioso. De hecho, puede haber una lesión corporal y no existir dolor, como en ciertos estados incipientes de cáncer. Por otro lado, puede haber dolor sin daño, como fue el caso de un obrero que se atravesó el pie con un clavo inmenso y, después de anestesiarlo para quitarle la bota porque daba alaridos de dolor, descubrieron que el clavo había pasado por entre dos dedos sin hacerle ni un rasguño. Y finalmente, puede existir la experiencia de dolor incluso sin cuerpo, como es el caso del dolor de los amputados, a los que les duele una extremidad que no tienen.
P.- ¿Cómo explica a un paciente qué emociones o pensamientos pueden influir en su dolor físico sin que se sienta invalidado?
R.- Por ejemplo, los grandes plusmarquistas y las personas que baten récords entrenan fundamentalmente su mente. Con el dolor es igual, hay que revertir y vencer al dolor. Sobre todo, al crónico, ya que el agudo es necesario porque nos puede salvar la vida. Hay que salir ya de ese estigma o ese tabú de considerar a la mente y todo lo que se genera en ella como ‘secundario’, o una especie de ‘dios menor’, y creer que lo que en ella se da es falso, imaginado o inventado.
Toda la realidad pasa por ella. ¿Qué experiencia humana conoces si no sabes que eres consciente de ella? Con el dolor pasa igual, hemos de estar conscientes para sentir dolor; por eso la anestesia funciona cuando nos operan, porque nos sedan la mente, no el cuerpo, que sigue funcionando. Cuando la mente deja de pensar, deja de ser consciente; es cuando nos pueden hacer una cirugía. En la TRD no necesitamos llegar a eso, podemos domesticar al dolor sin tener que estar inconscientes, como en la anestesia, el sueño profundo o el coma.
P.- ¿Cuáles son los errores más comunes que se cometen al abordar el dolor crónico?
R.- El error más común es tratar al dolor crónico como si fuera un dolor agudo de larga duración. Como ya sabemos, el dolor es una señal de alarma, un mecanismo de protección que se activa para señalarnos peligro. Por ejemplo, en un incendio, tratar la alarma como si fuera el mismísimo incendio sería un error, ya que para apagar el incendio llamaríamos a los bomberos, pero si siguiera sonando después de apagar el incendio, llamaríamos a un electricista.
Con el dolor y el daño de los tejidos está ocurriendo lo mismo. Por eso el dolor es un problema de salud pública de primera magnitud, tan solo por no haber actualizado esa información científica que separa el dolor del daño como entidades distintas, como lo son el incendio de la alarma.
P- ¿Qué primeras herramientas prácticas pueden empezar a aplicar las personas con dolor crónico para mejorar su calidad de vida?
R.- La primera herramienta es actualizar la información personal de lo que creen que es el dolor. Enseñar que el dolor y el miedo van de la mano, y que salir de ahí, del miedo al dolor y del propio dolor, es un entrenamiento como puede ser entrenarse en una habilidad o en un idioma. Y, por lo tanto, se puede revertir.