Director de la Unidad de Endoscopia Bariátrica del Hospital HM Sanchinarro

Dr. López-Nava: «Vivimos una época en la que adelgazar se ha convertido en una tendencia»

"El rebote tras dejar los fármacos ocurre porque no se ha trabajado nada en el origen del problema"

obesidad
Doctor Gontrand López-Nava.

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La obesidad continúa avanzando a nivel mundial y cada vez afecta a personas más jóvenes. El sedentarismo, el aumento del tiempo frente a las pantallas, el consumo habitual de comida rápida y ultraprocesada o la búsqueda de soluciones inmediatas para adelgazar han transformado la relación de muchas personas con la alimentación. A todo ello se suma el auge de los fármacos inyectables para perder peso, que han revolucionado el tratamiento de la obesidad, pero también han abierto un intenso debate sobre sus limitaciones, el efecto rebote y la necesidad de abordar esta enfermedad desde un enfoque médico más profundo.

En este contexto, OKSALUD ha entrevistado a Gontrand López-Nava, director de la Unidad de Endoscopia Bariátrica del Hospital HM Sanchinarro — HM Hospitales, para analizar por qué las nuevas generaciones son cada vez más propensas a sufrir obesidad, qué riesgos existen detrás de las soluciones rápidas para adelgazar y cómo la reeducación del estómago y de los hábitos puede ser clave para lograr resultados sostenibles a largo plazo.

PREGUNTA. ¿Por qué las nuevas generaciones son cada vez más propensas a sufrir obesidad y qué factores explican este aumento?
RESPUESTA.- Estamos viendo una tormenta perfecta de factores que se retroalimentan, y esto es exactamente lo que veo en consulta cada día. Por un lado, el ocio se ha vuelto cada vez más sedentario: los jóvenes pasan horas frente a una pantalla, ya sea el móvil o la tablet, y ese tiempo de pantalla casi siempre va acompañado de picoteo. No es casualidad, porque la distracción desconecta las señales de saciedad: comes sin darte cuenta, sin hambre real.

A esto se suma un entorno que lo pone muy fácil: la comida rápida y los ultraprocesados están en todas partes, son baratos, accesibles y están diseñados para ser irresistibles. Las nuevas generaciones han crecido en ese entorno como si fuera lo normal, y eso tiene un impacto enorme en sus hábitos desde la infancia.

Este es el perfil que cada vez más se acerca a nosotros con problemas de obesidad: personas jóvenes que no reconocen haber tenido malos hábitos porque, sencillamente, nunca conocieron a otros.

P.- Los fármacos inyectables para adelgazar han revolucionado el tratamiento de la obesidad, pero ¿qué limitaciones tienen a medio y largo plazo?
R.- Nadie duda de que estos fármacos han sido un avance importante, y lo reconozco. Pero hay algo fundamental que debemos entender: actúan sobre receptores del cerebro y del páncreas, es decir, intervienen en el sistema desde fuera, de forma artificial. La endoscopia bariátrica, en cambio, actúa directamente sobre el estómago, que es el órgano que de forma natural genera las señales de hambre y saciedad. Es una intervención más fisiológica, más cercana a cómo funciona realmente el cuerpo.

Y luego está el problema del rebote, que la evidencia científica ya ha dejado muy claro. Estudios publicados en The Lancet y The BMJ demuestran que al dejar la semaglutida, más del 40% del peso perdido se recupera en apenas seis meses, y que los pacientes vuelven a su peso inicial en aproximadamente un año y medio, ganando casi un kilo por mes. Esto no es un fallo del paciente: es una consecuencia de que el fármaco no ha reeducado nada, solo ha suprimido señales temporalmente.

También están los efectos secundarios, que van más allá de las náuseas conocidas. Hay evidencia creciente de afectación a nivel pancreático, y estudios recientes apuntan a un riesgo ocular preocupante: la semaglutida podría duplicar el riesgo de desarrollar una neuropatía óptica isquémica, una condición que puede causar pérdida visual grave e irreversible. Son señales que como médicos no podemos ignorar.

P.- ¿En qué casos la endoscopia bariátrica puede ser una alternativa más eficaz o sostenible que los medicamentos para perder peso?
R.- Lo que veo en consulta cada día me lo dice todo: prácticamente todos los pacientes que llegan a nosotros para una endoscopia bariátrica han pasado previamente por estos fármacos. Han probado el camino de la medicación y han decidido buscar otra solución.

¿Por qué? Porque entienden algo muy importante: prefieren bloquear el hambre en el estómago, que es donde se origina de forma natural, en lugar de hacerlo en el cerebro o en el páncreas. Es una lógica muy sana. El estómago es el órgano emisor de las señales de apetito y saciedad, y actuar directamente sobre él es más fisiológico y más localizado.

A esto se suma que nuestras intervenciones se realizan por vía oral, sin cirugía, y el paciente hace vida normal en menos de 24 horas. Cuando lo explicas así, muchos pacientes lo entienden enseguida: es como una endoscopia diagnóstica, pero con un efecto transformador. Y frente a un fármaco que circula cada día por la sangre llegando a todos los rincones del organismo, con todo lo que eso implica, la endoscopia bariátrica les parece una opción más contenida, más reversible y más integral, respaldada además por un equipo multidisciplinar que les acompaña en el proceso.

P.- ¿Por qué muchos pacientes recuperan peso cuando dejan los fármacos para adelgazar y qué papel juega la reeducación del estómago en este proceso?
R.- El rebote tras dejar los fármacos ocurre porque no se ha trabajado nada en el origen del problema. El medicamento suprime las señales artificialmente, pero cuando desaparecen, el cuerpo vuelve exactamente a donde estaba. No ha aprendido nada. No ha cambiado nada.

P.- Se habla de «reeducar el estómago para reeducar la mente» ¿Cómo influye el aparato digestivo en la relación psicológica y emocional con la comida?
R.- Hay algo que muy poca gente sabe: el estómago llama a comer cuando se distiende entre las ingestas. Es él quien manda esa señal de hambre al cerebro. Por eso tiene tanto sentido actuar directamente sobre él. Lo que hacemos en la endoscopia bariátrica es plegar o fruncir el estómago por dentro en determinadas zonas. Esto reduce su capacidad y modifica esas señales de distensión, de manera que el paciente siente menos apetito, se sacia antes y deja de comer con cantidades más razonables y saludables. No es magia, es fisiología.

Pero la intervención es solo el punto de partida. Lo que realmente transforma la relación del paciente con la comida es el acompañamiento que ofrecemos durante dos años: psicología, educación nutricional y seguimiento endoscópico. La psicología trabaja la ansiedad, el componente emocional, esa tendencia a comer no por hambre real sino por estrés, por aburrimiento, por costumbre. La nutrición reordena los hábitos. Y el estómago reducido pone el cuerpo a favor.

Es la combinación de los tres lo que funciona. Sin esa tríada, los resultados no serían sostenibles. Con ella, el paciente construye una relación nueva, sana y duradera con la comida.

P.- ¿Estamos banalizando la obesidad al centrarnos únicamente en perder peso rápido en lugar de abordar el problema desde un enfoque médico y de hábitos a largo plazo?
R.- Sí, y es algo que me preocupa profundamente. Estamos viviendo una época en la que adelgazar se ha convertido en una tendencia, casi en un producto de consumo. Y eso es peligroso, porque la obesidad es una enfermedad crónica, compleja, con consecuencias metabólicas, cardiovasculares y psicológicas muy serias. No es un problema estético. No se resuelve en tres meses.

Las redes sociales han amplificado esto de forma alarmante. Se promocionan soluciones milagrosas, se muestran cuerpos transformados en tiempo récord, y el mensaje que llega al paciente es que adelgazar es fácil y rápido. Cuando la realidad no cumple esas expectativas, viene la frustración, la culpa y, muchas veces, el efecto rebote. El daño no es solo físico, es también emocional.

Perder peso rápido no es el objetivo. El objetivo es que el paciente recupere su salud, su relación con la comida y su calidad de vida. Eso no se consigue con una inyección semanal ni con una dieta de moda. Se consigue trabajando desde dentro, con el cuerpo a favor y con un equipo detrás.

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