Opinión

Sánchez chapotea en el lujo; Ábalos entre rejas 

  • Graciano Palomo
  • Periodista y escritor con más de 40 años de experiencia. Especializado en la Transición y el centro derecha español. Fui jefe de Información Política en la agencia EFE. Escribo sobre política nacional

La mafia sanchista no tiene fin y crea escuela. Ahora sabemos que el ex jefe de gabinete, Iván Redondo, comparte despacho con Julio Martínez, el íntimo amigo de Zapatero, detenido por la UDEF a propósito del rescate de Plus Ultra. ¡Qué raro! ¿No? El tal Redondo ya apuntaba maneras cuando engañaba a candidatos del PP… Luego cerró su propio círculo.

Esa mafia política/económica tiene vasos comunicantes con principio y fin en un solo nombre y apellido. 

José Luis Ábalos, Santos Cerdán y demás compañeros creyeron que serían eternos, precisamente, porque todos los cordones umbilicales terminaban en la misma pocilga. Se equivocaron, al menos, por ahora. Ahí tienen a unos, Ábalos/Koldo, soportando sus humores uno a otro, despidiendo el año con un muslo de pollo cocinado entre rejas: el otro, el jefe que les declaró amor incondicional, como un ricachón por cuenta del contribuyente, recibiendo el año en los Pirineos en megahotel de lujo, rodeado de toda su familia y amigos a todo pasto.

Sin los otros, el «one» jamás hubiera llegado al poder de la cuarta potencia de Europa. Sin el «uno» los otros jamás hubieran podido robar (presuntamente) a manos llenas. Qué gran ocasión tendrá el pobre en cuestiones de ética Ábalos de explicar el próximo día 8 en sede parlamentaria el relato completo de sus correrías junto con el amigo para todas las estaciones que le ha dejado tirado como un mal desodorante.

Ya no le sirven ni estrategias ni tácticas calculadas. Tiene los tickets comprados para veranear durante lustros en Soto del Real, donde, al menos, dan de comer gratis y permiten las visitas de Andrea. Habla de una vez, José Luis; el silencio de nada te sirve a estas alturas. Demuestra que todavía queda en tu cuajo algo de decencia y valentía. Es lo menos que se puede esperar de un tipo que pretendió tomar al pueblo español como pagano: hablar.