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Los reyes también cumplen años

Los reyes también cumplen años
  • Jaime Peñafiel
  • Periodista político y del corazón. Experto en noticias sobre la aristocracia y la familia real. Ex redactor jefe de la revista ¡Hola! y fundador del diario El Independendiente y La Revista. Escribo sobre la Casa Real.

Este pasado 2 de noviembre, la Reina Sofía ha cumplido 88 años. Si miramos qué significado tiene esta cifra en la numerología y el esoterismo, nos indica que «simboliza la abundancia, el éxito material, la fuerza interior y el equilibrio». «Al duplicar la energía del número 8 (cuya forma recuerda al símbolo del infinito), se interpreta como un flujo continuo de prosperidad, poder personal y autoridad», indica.

Echando una mirada atrás en su biografía, no diríamos tanto. ¿Poder personal? ¿Autoridad? No creo que haya tenido ninguna de las dos cosas. Sobre lo primero, ninguna influencia en la educación de sus hijos, que cada uno ha hecho lo que quiso y, sobre lo segundo, pues lo mismo. Tanto su marido, don Juan Carlos, como el actual rey, Felipe VI, y sus hermanas han ido a su rollo y poco o nada se han preocupado de la esposa y de la madre. La muerte de la reina Federica, su madre (1981), a quien tanto amaba; su hermano Constantino (2023) y, por último, la de su hermana Irene, este mismo año y paño de lágrimas de todas las vicisitudes ocurridas en su vida, incluyendo infidelidades y malos modos del emérito privada y públicamente, han hecho de la Reina Sofía, pienso yo, una mujer más fuerte, más independiente y quizá hasta más respetada por sus hijos, Felipe VI, Elena y Cristina.

Por supuesto, no por su nuera Letizia y tampoco por las hijas de ésta, que me parecen puro paripé el que hacen en público «a la abuelita». A saber cómo serán en privado. El caso es que ella sigue al pie del cañón en lo que respecta a sus obligaciones con la corona, manteniendo su agenda de lo más activa, como por ejemplo, este viernes desplazándose a Cádiz, concretamente a San Fernando, para amadrinar la entrega de la bandera de la Infantería de Marina.

Como sabemos, el Rey Juan Carlos cumplió esos 88 el 5 de enero de este año y lo celebró en Abu Dabi con un almuerzo familiar rodeado de sus hijas, Elena y Cristina, y de varios de sus nietos. Por supuesto, tanto la Reina Sofía como su hijo, el Rey Felipe, y su nuera no asistieron. Los próximos que cumpla, en la víspera de la llegada de los Reyes Magos, serán 89, lejos de su país, lejos de la familia y también lejos de sus amigos, los pocos que ya le quedan. Un triste espectáculo para alguien que tanto hizo por España. A pesar de esa apariencia sonriente, perdónenme que les diga a sus detractores; creo que es un hombre desgraciado y que no merece vivir en el exilio. Así lo siento y así lo escribo.

En cuanto al resto de reyes reinantes europeos, nuevas generaciones se están haciendo cargo de la corona. Felipe VI cumplirá 59 años el próximo 30 de enero; Guillermo de Luxemburgo, 45; Guillermo de los Países Bajos cumplirá 60 en abril; Felipe de Bélgica, 66; Federico de Dinamarca, 58; Haakon de Noruega, 53; Alberto de Mónaco, 68; Carlos del Reino Unido, 78; Carlos Gustavo de Suecia, 80 años. El decano de los monarcas europeos con 92 años es Alberto de Bélgica, padre del actual rey Felipe. Le sigue Margarita de Dinamarca, madre de Federico, con 86 años. En cuanto a los fallecidos últimamente, se encuentran Harald de Noruega, con 89 años, el pasado 28 de agosto, y la reina Isabel de Inglaterra, con 96 años, el 8 de septiembre de 2022.

Chssssss…

La frase «yo quiero reconciliarme, pero otros, no» queda muy bien, pero qué pretende después de todo lo que ha largado y escrito, ¿pelillos a la mar? Ya eres crecidito para saber las consecuencias de lo que uno dice. Basta ya de hacerte la víctima.

Ya están las luces de Navidad instaladas en las calles y, claro está, ya comenta que este año será como los anteriores, retransmitiendo las uvas desde la Puerta del Sol. Se la ha visto vestida, desnuda, disfrazada, envuelta cuan regalo navideño que ya uno no se imagina cuál será el siguiente atavío. Pero la verdad es que ya va interesando menos. Eso pasa cuando se enseña todo.

Pues como sigan así las cosas, veo que tiene que salir huyendo, como acaba de hacerlo el otro allende los mares.

Mujer, nadie te pide disculpas por «amar ni por ser zurda». Pero es que por tu linda boquita has largado ni se sabe de tus compañeros y conquistas.

Y el charneguito se sentirá muy feliz con lo que te inspira. No se ofendan, señores. Yo también sería charneguito de vivir allí.

Como confiesa a María Eugenia Yagüe, el gran empresario azteca no la quería por su físico, sino por tu inteligencia. ¿Se lo pueden creer? Yo, no.

Quien la ha visto y quien la ve. De verla en pantalón vaquero y camisa a la actual persona sofisticada y excesivamente estirado su rostro por tanta cirugía hay un trecho. Pero se me olvidaba… han pasado la friolera de 27 años, desde la muerte de su suegro, el rey.

Su relación duró «lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rock», como diría el genial Joaquín Sabina. Pero había una gran diferencia de edad que no les permitió conseguir la felicidad a pesar de una hija en común. C’est l’amour.

¿Habrán vuelto a «reunirse» en alguna ciudad de algún país? La verdad es que lo tendrían crudo y sería un gran escándalo, sobre todo para él.

Pero cómo es posible acercarse y musitarle al oído que había sido un magnífico ministro. Incomprensible.

¡Pobre niña rica! Cuando crezca, ¿qué podrá reprocharle a «su mamá»? Se me ocurren muchísimas cosas. La principal, dejad que los niños crezcan en la mayor intimidad, sin exposiciones mediáticas. Pero ni caso.

Podríamos cantarle la jota navarra: «Te han dejado solo… no los de Tudela», sino el trío de la bencina americana. ¡Qué se le va a hacer!

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