Moderación consumista y riqueza de las familias

Moderación consumista y riqueza de las familias

Una economía tira si el consumo privado es robusto y la gente está ávida de consumir. Durante estos años, empresas y familias hemos mejorado nuestra situación patrimonial, dejando atrás la vulnerabilidad del endeudamiento que fue causa de las crisis financieras a raíz de 2008. La deuda de las familias entre 2008 y 2018 se ha reducido en 208.000 millones de euros y la deuda empresarial lo ha hecho en 377.000 millones. ¡585.000 millones menos de deuda! ¡Ahí es nada!

Los hogares, en estos últimos tiempos, hemos tirado del carro del consumo, devolviendo la alegría a comercios y servicios. Incluso, el gasto familiar ha superado, en estos trimestres, su potencial, o sea: hemos gastado más de lo que procedía. ¿Adónde nos lleva este mayor gasto? Si la renta es igual a consumo más ahorro, al consumir más queda menos renta para ahorrar. Esto es lo que ha sucedido en España. Las ansias consumistas han penalizado el ahorro. Los hogares, sensibles y conscientes de que el ciclo económico afronta la recta final del crecimiento, reforzaremos gradualmente el hoy bajo esfuerzo en el ahorro y ello irá en detrimento de gastar más; por tanto, habrá menos dinamismo en el consumo familiar y empresarial y a la vez en las inversiones de familias y empresas, que pendientes de tantas incertidumbres globales, se moderarán… Entre otros factores, influye en ello el envejecimiento de la población. No es lo mismo ser un chaval con frenesí gastador que ser un yayo envuelto en prudencia consumista. Y España va envejeciendo.

Probablemente, lo mejor del consumo privado queda ahora atrás. Si en 2018, se incrementó en un 2,3% respecto a 2017, en 2019 aflojará al 1,8% y para 2020 se prevé que se reduzca al 1,7% para recortarse en 2021 al 1,5%. Y eso que las previsiones inflacionistas, por el momento, son flojas, del 1,1% para 2019 y algo superiores en 2020 y 2021 cuando llegaría, según los pronósticos al 1,5%. Del mismo modo, aflojará la inversión empresarial y la inversión en construcción irá atemperando.

Conviene ligar esa moderación consumista con la riqueza de las familias. Toda familia tiene, tenemos, nuestros activos y nuestros pasivos, o sea, las deudas. La diferencia entre lo que tenemos y lo que debemos, es nuestro patrimonio neto. Por tanto, las familias en términos contables estamos exactamente igual que las empresas que tienen sus activos y sus pasivos. La riqueza financiera bruta de las familias en 2018 descendió. ¿Por qué motivo? Fundamentalmente, porque las familias tienen, tenemos, nuestro dinerito colocado en depósitos bancarios, acciones, participaciones, fondos de inversión y como los activos financieros perdieron valor en bolsa, pues no somos, por decirlo en plan optimista, tan ricos. Si prefiere, se lo digo en tono pesimista: somos un poco más pobres. Así que los depósitos bancarios, por si las moscas, fueron en aumento durante 2018 a la vista del panorama bursátil…

La deuda de las familias, como hemos explicado en otros artículos, siguió reduciéndose en 2018 pero aumentó el endeudamiento por créditos al consumo. ¡Cuidado aquí! Es por ello que la más o menos alta fiebre consumista amainará. Cada mes hemos de destinar un dinerito de nuestra nómina a liquidar deudas por consumos hechos, lo que nos impide consumir más. El crédito al consumo es bonito a corto plazo para quienes venden, pero a largo plazo es perjudicial.

Y ese mayor endeudamiento de nuestras familias superó a la pérdida de valor provocado por las caídas bursátiles. En consecuencia, que nuestra riqueza financiera neta se reduce en 2018, cosa que no ocurría desde 2010. Por suerte, como los activos inmobiliarios se revalorizaron, la riqueza neta de las familias, esto es, nuestro patrimonio neto, finalmente aumentó en 2018. Sin embargo, la tasa de ahorro en 2018 sólo fue del 4,9% de la renta bruta disponible, por debajo incluso de 2007, año que marcó el punto de inflexión del acontecer económico. Pequeño aviso para navegantes…

Lo último en Opinión