Marruecos: ¡paga lo que destrozas!

Marruecos: ¡paga lo que destrozas!
  • Teresa Giménez Barbat
  • Escritora y política. Miembro fundador de Ciutadans de Catalunya, asociación cívica que dio origen al partido político Ciudadanos. Ex eurodiputada por UPyD. Escribo sobre política nacional e internacional.

Sánchez dice que Marruecos es un país amigo, colaborador y en absoluto malintencionado. Desde luego, no nos lo creemos. Pero, pongamos que aceptamos pulpo como animal de compañía. Lo que tenemos absolutamente claro es que el estado de Mohammed VI es, por lo menos, un estado sablista y, nosotros, los primos. Y es que la invasión de Ceuta ha dejado una profunda huella económica en la ciudad autónoma y, por extensión, en todos los españoles. Los datos del Círculo Empresarial son devastadores: la pérdida media de ingresos supera el 50%. El consumo se ha desplomado, dejando a cientos de empresas al borde de la quiebra. En tan solo un mes, la ciudad perdió más de 30 millones de euros en actividad económica directa. El turismo, que debería estar en plena temporada alta, apenas sobrevive gracias a las pernoctaciones de las fuerzas de seguridad, los refuerzos y los periodistas. Sin ellos, la caída de la ocupación habría superado el 90%. Ceuta ha sufrido un duro golpe económico gracias a esos vecinos que, según Pegasus, son tan buena gente.

Eso por un lado, porque el coste de gestionar el alojamiento, el mantenimiento y la administración de quienes entraron irregularmente sigue aumentando. El Gobierno ha movilizado un plan de emergencia de 309 millones de euros sólo para los últimos cuatro meses de 2026, lo que equivaldría al 16% del PIB de Ceuta, además de un programa de garantía de préstamos de 50 millones de euros. La mayor parte, 118 millones de euros, se destinaría a ayuda humanitaria, de los que 53,4 millones serían para alojamiento y atención básica para adultos y 63,6 millones para menores no acompañados. Otros 90 millones se utilizarían para reforzar la seguridad (policía, Guardia Civil y defensa), y 80 millones se destinarían al apoyo de las empresas y de los autónomos mediante ayudas directas, subvenciones y medidas fiscales. A esto podemos sumar los aumentos de crédito previos que incrementaron la ayuda humanitaria de poco más de 6 millones a 44,5 millones en apenas un mes. En resumen, el coste final, que incluye gastos administrativos, sanitarios y de seguridad a medio plazo, aún se está calculando, pero ya asciende a cientos de millones. Una pasta terrorífica.

Ante esta onerosa carga, no podemos dejar de preguntarnos: ¿sería tan difícil instar a Marruecos a que asuma su responsabilidad? Por incompetencia o mala fe nos ha hecho un destrozo más que considerable. Si no puede ser con la repatriación inmediata de quienes cruzaron su frontera, al menos cubriendo los costes o parte de ellos. Y me parece a mí que tendríamos instrumentos bastante contundentes. Por ejemplo, Marruecos depende de una media de más de 1.100 millones de euros anuales procedentes de la UE (incluidos fondos para la «seguridad fronteriza»), más de 200 millones de euros de Ayuda Oficial al Desarrollo española y préstamos en condiciones favorables. Y, sobre todo, de las remesas.

Exacto: uno de los pilares de la economía marroquí son precisamente estas remesas. En los primeros siete meses de 2026, las remesas superaron los 6.900 millones de euros, un 8,1% más que el año anterior, y se acercan a los 7.000 millones de euros en el conjunto del año. Representan alrededor del 7% del PIB de Marruecos y el 70% de sus ingresos en divisas. Y resulta que España es la segunda mayor fuente de remesas, sólo superada por Francia, con cerca del 13% del total. Solo en 2025, las remesas de España a Marruecos alcanzaron casi los 1.600 millones de euros (más del 1% del PIB marroquí) y se han triplicado en una década.

¿Qué ocurriría si España impusiera un «impuesto humanitario» sobre estas remesas destinadas específicamente a financiar la crisis de Ceuta? Un impuesto moderado sobre los casi 1.600 millones de euros anuales generaría recursos nada desdeñables que ayudarían a cubrir el alojamiento, la seguridad y la ayuda a todos esos recién llegados a Ceuta sin invitación. A sus connacionales. A los suyos. Y no habría necesidad de seguir recurriendo a los fondos de los contribuyentes españoles. De los primos. Sería una medida básica de reciprocidad: quien causa o permite la crisis comparte su coste. Marruecos, en términos de poder real, tiene los pies de barro. No podría resistir una confrontación seria con España o la UE. Su economía es vulnerable a la interrupción de la ayuda, el crédito y, sobre todo, ese flujo de remesas.

España no puede seguir asumiendo los costes mientras Marruecos recibe remesas y ayuda. La factura de la crisis de Ceuta no puede resultar en que España pague y Marruecos siga cobrando como si nada hubiera pasado. ¡Que dejen ya de sablearnos!

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