Opinión

Les explico lo de Sílvia Orriols

Muchos compatriotas de buena fe se extrañan de que un fenómeno como el de Sílvia Orriols, la líder de Aliança Catalana y alcaldesa de Ripoll, esté a punto de convertirse en el primer partido catalán. Según varios sondeos, ya ha superado a Junts y a Esquerra Republicana, y está a tiro de piedra del socialista Salvador Illa, que seguro que se arrepiente de haberla hecho crecer dándole foco y protagonismo político para intentar debilitar a Puigdemont.

Se lo explico. Si el supremacismo de Alianza Catalana está en auge, no es sólo porque muchos catalanes separatistas compartan sus medidas de expulsar a la inmigración musulmana. Es que también apoyan la idea de Orriols de expulsar a aquellos catalanes a los que considera invasores y colonos. Que son básicamente todos los catalanes que no somos separatistas, y la mayoría somos castellanoparlantes.

Ese supremacismo que considera todo lo español inferior y ajeno a Cataluña, que defiende Sílvia Orriols, es el mismo que defendía Marta Ferrusola, la esposa de Jordi Pujol y una de las mujeres más poderosas de España durante un par de décadas. Es el mismo supremacismo del ex presidente de la Generalitat Quim Torra, que consideraba a los catalanes castellanoparlantes «bestias con forma humana». Es el mismo supremacismo de Oriol Junqueras cuando defiende las diferencias genéticas entre catalanes y españoles.

Ese mismo supremacismo de tantos y tantos dirigentes nacionalistas que han invitado a políticos no separatistas a coger las maletas y marcharse de Cataluña si no aceptaban los postulados independentistas. Es el mismo supremacismo que vemos en muchos humoristas de TV3 cuando caricaturizan a España como una especie de país casposo, con instituciones casposas y una historia casposa, mientras presumen de todo lo «bueno», que es lo catalán. Y sacan pecho porque son más «europeos» y «avanzados» que cualquier habitante de Dos Hermanas o Mérida. Y cito estas dos ciudades por la especial obsesión separatista hacia Andalucía y Extremadura.

Sílvia Orriols no es un fenómeno sobrenatural que de repente haya aparecido en Cataluña. Recoge el testigo en un terreno ya sembrado por generaciones y generaciones de líderes secesionistas. Es la puesta al día de un nacionalismo que considera que África comienza a partir de las fronteras de los Països Catalans, y que los andaluces, castellanos o extremeños que vienen a Cataluña a trabajar vienen a robarles el pan mientras huelen a ajo y hablan en una lengua invasora.

Gabriel Rufián, al que las bases y buena parte los dirigentes de Esquerra desprecian por no ser un separatista pata negra, no es más que un caballo de Troya que el separatismo intentó usar para conseguir votos entre los catalanes castellanoparlantes. Durante un tiempo ha funcionado y ha conseguido que la formación de Junqueras creciera. Pero el desprecio que siempre han sentido hacia él por no ser un catalán «de verdad» se hizo patente desde el primer momento.

A Orriols le irá bien porque dice en voz alta lo que centenares de miles de separatistas piensan a diario. Porque esto no va de expulsar a la inmigración musulmana. Va de expulsar a todos aquellos que no encajen en la «Cataluña catalana» con la que los separatistas sueñan. Es el sueño de reeditar una Cataluña uniforme, monolingüe, sin diferencias culturales y todos apoyando el secesionismo. Es la mentira de la Cataluña ajena a España, cuando ambas realidades son imposibles de separar. Pero mientras no haya un Gobierno de España que se dedique a trabajar a fondo para dar la batalla cultural a un separatismo que tiene la hegemonía absoluta en Cataluña, personajes como Sílvia Orriols tendrán cada vez más peso político y social.