El jefe de RTVE se quita la careta

RTVE
  • Graciano Palomo
  • Periodista y escritor con más de 40 años de experiencia. Especializado en la Transición y el centro derecha español. Fui jefe de Información Política en la agencia EFE. Escribo sobre política nacional

El tal José Pablo López, cada día con peor aspecto físico, se presentó el pasado miércoles en la Comisión Mixta de Control RTVE, para, por fin, confirmar que no trabaja por la buena salud informativa y mental de los españoles, no, sino para mayor honra (sic) y gloria (sic) del ser al que adora. Porque desde que se levanta hasta que se acuesta no para de darle incienso desde ese botafumeiro tan caro para el contribuyente que se llama RTVE.

Tras muchos meses de engaño ya no se oculta. Porque en su primera comparecencia como jefe de la caja tonta en esa misma instancia parlamentaria juró por sus muertos aquello de que «yo no soy político, soy un técnico, que viene a poner en valor la radiotelevisión pública». Ahora ya se presenta como un descarado activista ultrasanchista que en ese ejercicio cotidiano se zampa 1.500 millones de euros de unos ciudadanos cada vez más arruinados.

Pese a que es persona a la que le gusta sacar pecho, ¡el pobre!, los hechos demuestran que atraviesa por un valle de lágrimas. Los jueces certifican que RTVE es una máquina obscena de bulos; la oposición interna es mayoritaria; la oposición política le hace un Nuremberg democrático a modo de comisión de investigación, mientras prepara querellas y demandas ante los tribunales de justicia; la prensa libre que rechaza venderse por una silla en cualquiera de esos inexportables programas levantados para zaherir a la oposición es cada vez más crítica. Y, por fin, en la Unión Europea (tras manipular groseramente a la UER) se han dado cuenta de que la RTVE de Sánchez no puede contar con ningún aval democrático.

Falta, por tanto, sustanciar querellas por malversación que pudieran derivarse del conocimiento público de lo que cuesta cada uno de esos bodrios y, sobre todo, quién y quiénes se lo llevan. López siempre fue un genio en eso de las productoras. Hasta se negó como gato panzarriba cuando estaba en Telemadrid (algún día habrá que pedir cuentas a ese estulto de remate llamado Ignacio Aguado por haber llevado a la tele madrileña a tan singular personaje) hacer público su patrimonio cuando era y es de ley. Algún día se tendrá que que explicar lo que hizo con Juan Pablo Colmenarejo, con Marisa de la Cruz y Vicente Gil Lázaro, entre otros.     

El enfermizo López se ha hecho con el control absoluto de RTVE no sin antes mandar al averno a Tornero y Elena Sánchez.

Presume mucho, sí; se conduce como un sátrapa, también. La pregunta es cuánto puede durar un embaucador que presume de audiencias cuando desde el minuto uno todo el mundo sabe que las mismas carecen de valor por estar dopadas. Entre otras cosas, por el atraco que supone consumir a gogó impuestos de los contribuyentes como si fuera su propio dinero. ¡Farsante!

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