El expolio catalanista de la literatura valenciana y mallorquina (2)

El expolio catalanista de la literatura valenciana y mallorquina
El expolio catalanista de la literatura valenciana y mallorquina
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El artificio catalanista, además de situar el nacimiento de la lengua catalana en el siglo VIII, de no admitir que la lengua catalana y la lengua provenzal eran dialectos de la lengua de oc (al menos hasta el siglo XV), necesitaba de tamaño y de volumen. Por esto, para que “su literatura” pudiera ser una construcción importante y reseñable, añadió a todos aquellos autores no catalanes de la Edad Media, pero que, según su doctrina, utilizaban la lengua catalana para sus creaciones literarias. El principal caladero de “autores catalanes” fueron los antiguos reinos de Mallorca y de Valencia, que según la doctrina catalanista fueron conquistados y repoblados por catalanes en la primera mitad del siglo XIII. De ahí que todas sus producciones artísticas sean “catalanas”. Es el caso ya comentado de los mallorquines Llull y Torrella y de los valencianos Escrivá, Sant Jordi, Próxida, March, Roig, Roís y Villena.

La Enciclopedia.cat comienza, como no, en su entrada de “literatura catalana en la edad media” con el mallorquín Ramón Llull (que como sabemos no escribía en lengua catalana). En ningún momento detalla su condición de isleño. Con Llull vuelve con la conocida argumentación del filólogo catalán Antonio M. Badía del “milagro de Ramón Llull”: “ni razones de carácter histórico, social ni económico no pueden explicar el caso sorprendente y único de Ramón Llull, y se ha de atribuir sencillamente a su genialidad (…) que él sea el auténtico creador de la prosa catalana culta”. Luego lo complementa con el médico y teólogo valenciano Arnaldo de Vilanova y “sus obras catalanas” que “pertenecen a un curioso género expositivo ante el público, “razonamientos”, que se parecen mucho a las actuales conferencias”. Tampoco indica que fuese valenciano, ni que en el inventario de sus obras de 1318 los albaceas indicasen la existencia de multitud de textos manuscritos por el mismo Vilanova en lengua romance: “libri in romancio”.

En el paquete de prosa catalana incluye las famosas “Cuatro crónicas”. Las dos primeras son de finales del siglo XIII y no precisamente de autores catalanes. El autor de la primera, el “Libro de los Hechos”, es el ya comentado rey Jaime I de Aragón, que resulta que no era catalán, era occitano nacido en Montpellier, y que como sabemos tampoco escribía en catalán. En cuanto a la segunda crónica, es la de Bernardo Desclot, que tampoco era catalán, era rosellonés.

No fue hasta a principios del siglo XIV en que apareció el primer autor catalán de la literatura catalana, Ramón Muntaner. Y surgió cuando ya se había documentado el glotónimo de lengua catalana. Se trata de la crónica que comprende desde la época de Jaime I hasta la coronación de Alfonso IV (escrita entre 1325 y 1328). La cuarta es la crónica del rey Pedro IV, que abarca todo su reinado y el de su padre, el rey Alfonso IV (escrita entre 1349 y 1386). No es hasta Muntaner que podemos hablar de prosa catalana, aunque escasa. Y al que siguen las figuras de los catalanes Francisco Eiximenis y Bernardo Metge. Pero debido a su pequeño tamaño, a las limitadas producciones catalanas, el catalanismo tenía que recurrir a los no catalanes, mallorquines y valencianos.

No tiene desperdicio la Enciclopedia.cat cuando afirma, en su búsqueda de volumen, en referencia al catalán Bernardo Metge y a otros “escritores catalanes” (justamente son otra vez mallorquines y valencianos) que “se trata de una típica mentalidad renacentista, muy avanzada, que no prosperó en tiempos posteriores, ya que los escritores catalanes que se podría denominar humanistas, que le siguieron, o bien buscaron una conciliación entre clasicismo y cristianismo, como fray Antonio Canals (valenciano), o bien fueron meros traductores de obras latinas, como Fernando Valentí (mallorquín), o bien fijaron sus intenciones en la filigrana estilística, como es el caso de (…) Juan Roís de Corella (valenciano)”. Pero resulta que tanto el mallorquín Valentí como los valencianos Canals y Roís afirmaban que escribían en una lengua distinta de la catalana ¿estaban equivocados?

En 1450 el humanista, jurista y político mallorquín Fernando Valentí en su prólogo de la traducción de las “Paradojas de Cicerón” afirmaba que “he posada e transferida aquesta petita obreta de Tul·li (Cicerón), gran en senténcia, de latí en vulgar materno e mallorquí”. Como también Canals en 1395 en su traducción del “Valeri Máximo” distinguía entre lengua catalana y lengua valenciana:”tret del llatí en nostra vulgada lenga materna valenciana axí com he pogut jatssessia que altres l’agen tret en lenga cathalana”. Y en la traducción de 1496 de la primera parte del “Cartoxà” de Juan Roís de Corella se afirma que fue “trelladada de latí en valenciana lengua”. Además de no ser catalanes y de escribir en lengua mallorquina y lengua valenciana, ¿cómo pueden ser considerados autores de la literatura catalana?

Después de la entrega de la figura del beato mallorquín Ramón Llull al catalanismo por parte de las autoridades de Baleares, tenemos el “atraco perfecto” (para nada magistral como “The killing” de Kubrick) perpetrado contra la saga March de poetas valencianos y del “Siglo de Oro” valenciano. Se trata del renombrado Ausiás March, su padre Pedro March y su tío Jaime March (la Enciclopedia.cat nos aclara que “Ausiás March representa una auténtica superación en la lírica catalana”) y de los también valencianos Antonio Canals, Vicente Ferrer, Jorge de Sant Jordi, Jaime Roig, Juan Roís de Corella y Joanot Martorell, protagonistas, junto a Ausiás March, del “Siglo de Oro” de las letras valencianas. (Qué extraño que la metrópoli catalana, Barcelona, no fuese la protagonista de un “Siglo de oro”, y los fuese una ciudad “repoblada de catalanes” dos siglos antes).

Pero para incluir a los escritores valencianos del “Siglo de Oro”, existe el mismo problema que con Valentí, Roís y Canals: sus obras no son en lengua catalana. El máximo exponente de la prosa valenciana, Joanot Martorell, autor del “Tirant lo Blanch” (inspiró a Cervantes para su “Quijote”) dejó muy claro en la dedicatoria inicial en qué lengua escribía su obra: «en vulgar valenciana: per ço la nacio don yo soc natural se puxa elagrar e molt aiudar”. Como también lo afirmaban los posteriores editores de sus obras. En la edición de Valencia de 1490 del “Tirant lo Blanch” se puede leer en el colofón: «aprés en vulgar lengua valenciana per lo magnífich: e virtuós cavaller mossén Johanot Martorell». Estamos en las mismas, no era en lengua catalana, por tanto, no era literatura catalana.

En los siglos XIV y XV los autores mallorquines y valencianos, escribían sus obras en lengua mallorquina y valenciana, respectivamente. Así se desprende de la documentación de esos siglos. Y esto es así, ya que la lengua de oc de los distintos entes políticos aragoneses se apropió de la denominación de cada territorio: en el reino de Valencia quedó la lengua valenciana, en el reino de Mallorca quedó la lengua mallorquina y en el principado de Cataluña quedó la lengua catalana.

Precisamente la realidad de una lengua de oc extendida hasta Valencia y Mallorca, a raíz de las conquistas aragonesas del siglo XIII (fundida con el mozárabe valenciano y el mozárabe mallorquín, respectivamente, para dar lugar a sus respectivas lenguas) resurgió en el siglo XVI con la denominación de lengua lemosina.

En 1521 el editor y lulista catalán Juan Bonllavi recuperó la denominación de lengua lemosina (“li havem fet retenir acordadament alguns vocables de la lengua llemosina primera”) al adaptar la obra “Blanquerna” de Ramón Llull a la lengua valenciana (“traduit y corregit ara novament del primers originals: y estampat en llengua Valenciana”). A partir de entonces, se recuperó y se mantuvo la denominación genérica de lengua lemosina: 1574, Martín de Viciana “en Lengua limusina (…) tenemos escrito el libro de las Leyes forales del Reyno, y las obras de Ausiás March”; 1737, Gregorio Mayans y Siscar, “los dialectos de la Lengua Lemosina son la Catalana, Valenciana y Mallorquina”; 1835, Juan José Amengual, “Gramática de la lengua mallorquina”, cita el “idioma lemosín”.

Para que nos entendamos. Hablar de la poesía en la literatura catalana significa comenzar en el siglo XV, cuando los poetas catalanes dejaron de componer en el dialecto provenzal de la lengua de oc. Y en cuanto a la prosa catalana, empezó en el siglo XIV con Muntaner, para proseguir con Eiximenis y Metge. La posterior literatura catalana hasta el siglo XIX se encuadra en la etapa denominada “Decadencia”, ya que los autores de estos más de 300 años fueron pocos y de parcas producciones: Pedro Serafín, Miguel Comalada, Francisco Vicente García o Cristóbal Despuig. Fue a mediados del siglo XIX, con el movimiento pancatalanista de la “Renaixença” que despuntaron autores catalanes como el poeta Jacinto Verdaguer, el dramaturgo Ángel Guimerá o el novelista Narciso Oller.

En este proceso de reconstrucción de la historia catalana (entre otras acciones se negó que el catalán fuese un dialecto de la lengua de oc, ¿Cómo habría sido posible construir la nación catalana sobre la lengua occitana? ¡¡¡Habría dado lugar a la nación occitana!!!), en el campo de la literatura se incluyeron aquellos “autores catalanes” de Mallorca y Valencia, consiguiendo, de este modo, mitigar la secular escasa producción de la literatura catalana.

Sin el expolio catalanista de los autores mallorquines (Llull, Torroella, Valentí…) y valencianos (Vilanova, March, Roig, Martorell, Roís, Canals…) el peso de la literatura catalana es nulo del todo.

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