Cuando te apalean por ver a la Selección y no pasa nada
La primera gran lectura de la emocionante victoria de hace una semana en Nueva Jersey es que algo debe fallar en nuestra arquitectura institucional y moral cuando 26 muchachos hacen más por nuestra nación, por la idea de España y por su unidad que todos los políticos juntos en democracia. Ciertamente, a algunos se les debería caer la cara de vergüenza.
Siento una malsana envidia cuando veo honrar el himno y la bandera no a ciudadanos estadounidenses, miembros de la nación más poderosa sobre la faz de la tierra, sino a seres humanos de la famélica África subsahariana o de los países más pobres de Iberoamérica, incluidos aquéllos que sufren el yugo de las narcodictaduras más sangrientas. La patria es más importante para un individuo de Zambia, Cabo Verde, Congo, Venezuela o Cuba que para muchos españoles.
La culpa de esta pobreza de espíritu reside en una clase política miedosa y cortoplacista, que proverbialmente ha preferido dar la razón al enemigo para tener la fiesta en paz antes que al amigo, al sentido común, a la historia e incluso a la legalidad. En mayor o menor medida, lo han hecho las siete personas que han ocupado la Presidencia del Gobierno en democracia aunque claramente no es lo mismo Aznar que Zapatero o Felipe que Sánchez. El pecado original es esa delegación de las competencias de Educación a autonomías en manos de corruptos independentistas que alientan el odio a España en las escuelas.
Socialistas, comunistas y el resto de ese Frente Popular que gobierna España acostumbran a decir, por sí mismos a o por periodistas a sueldo interpuestos, que ETA ya no existe. Algunos nos toman por gilipollas al dar a entender que la banda terrorista que asesinó a 856 personas fue poco más que un mal sueño y que si constituyó una realidad, sus autores han ejecutado sus respectivos actos de contrición. Que están arrepentidísimos. Hay quien, como el delincuente de Pablo Iglesias, sostiene que se trató de un enfrentamiento entre el nacionalismo vasco más extremo y el Estado. Claro que cuando eres muy chusma lo normal es que vomites barbaridades como ésta.
Algunos nos toman por gilipollas al dar a entender que ETA fue poco más que un mal sueño y que sus miembros están arrepentidísimos
A los contertulios zurdos a sueldo de Moncloa con los que debato en TV les corrijo ipso facto cada vez que mienten. Que suele ser cada cinco minutos. «ETA desapareció hacen 15 años», replican cual papagayos cada vez que subrayo el perogrullo: que Sánchez tiene a esta organización criminal de más fiel aliado de gobernabilidad. No son cuentos sino desgraciadamente cuentas. Datos, hechos, la verdad en definitiva. Como quiera que ellos apenas han pisado el País Vasco y mi tierra, Navarra, les recuerdo que si bien es cierto que ahora no asesinan no lo es menos que continúan amedrentando, extorsionando y metiendo palizas a todos aquellos que no pensamos como ellos.
Que Bildu es ETA y ETA ni más ni menos que Bildu lo certifican inequívocamente dos hechos que lo dicen todo: el jefe de la marca blanca de los terroristas es Arnaldo Otegi que, según sentencia del Tribunal Supremo, era el capo dei capi cuando asesinaban a troche y moche. Cuando pegaron dos tiros a cañón tocante a Miguel Ángel Blanco, cuando dejaron huérfano con un año al hijo de Goyo Ordóñez, cuando segaron la vida del gran Fernando Múgica o cuando tuvieron 532 días bajo tierra a José Antonio Ortega Lara. El malparido que lideraba con puño de hierro ETA en la última etapa asesina es David Pla, ideólogo de Sortu, uno de los grupúsculos que integran ese detritus con representación parlamentaria llamada Bildu.
Que ETA continúa siendo a día de hoy una triste realidad lo certificamos con un mix de pesar e impotencia el pasado domingo con decenas de ataques salvajes y cobardes a familias que contemplaban la final del Mundial con sus camisetas y banderas en bares, restaurantes y plazas del País Vasco y Navarra. Los matones estaban perfectamente orquestados: fueron allá donde se habían convocado kedadas o después de que los chivatos bilduetarras hubieran comletado su asqueroso trabajo. Unos apaleaban ataviados con la camiseta de la legalmente inexistente Selección Vasca —no deja de ser una paja mental— o encapuchados como en los más siniestros tiempos de la kale borroka.
Tal vez el episodio más sangrante se registró en Berriozar, un pueblo a escasos kilómetros de Pamplona en el cual hay un enorme cuartel de las Fuerzas Armadas. Varios miembros del Ejército de Tierra estaban deleitándose con la paliza futbolística de España a Argentina en el bar terraza Eatalian en compañía de otros clientes cuando aparecieron 20 hienas vestidas de negro y con el rostro cubierto y les propinaron una terrorífica paliza. Hubo seis heridos graves, tres de ellos militares. Uno de ellos sufrió un traumatismo craneoencefálico, a otro le fracturaron varias costillas y a una mujer le rompieron la nariz.
Más vil si cabe resultó la justificación de los hechos del malnacido alcalde de Berriozar, que aseguró que en la terraza había miembros de una «organización fascista»
Con todo, más vil aún si cabe resultó la justificación de los hechos del malnacido alcalde local, un tal Íker Mariezcurrena, al que literalmente le deseo lo peor. El filoterrorista justificó implícitamente los hechos al asegurar que «en la terraza había varios miembros de Núcleo Nacional». Desconozco qué coño es Núcleo Nacional pero Mariezcurrena aclaró que es una «organización fascista». Sea verdad o sea mentira la pertenencia de las victimas a Núcleo Nacional, que seguro es mentira, nada justifica mandar a la UVI o a las Urgencias de un hospital a nadie. ¿A que no adivinan de qué partido es este indeseable? De Bildu. O sea, de ETA. Obvio.
El PSOE navarro de Santos Cerdán y su subordinada María Chivite volvió a lucirse. Condenó con la boca chica el atentado —sí, fue un atentado— pero también «la exhibición de simbología neonazi por parte de miembros de las Fuerzas Armadas». Otra trola de esta gentuza. A los socialistas navarros habría que ilegalizarlos por una mera cuestión de higiene pública. Tristes coincidencias de la vida, fue allí, en Berriozar, donde ETA acribilló a balazos en 2000 al subteniente de Infantería Francisco Casanova.
El segundo suceso más estremecedor ha recorrido los medios de comunicación y las redes sociales en la semana transcurrida desde el mejor día para España en los ocho años de esta nube negra permanente que representa el sanchismo. En las imágenes se observa a dos mierdas que no tienen ni media bofetada espetar a un chaval de 16 años que portaba una bandera de España por Bilbao: «¡Tres tiros te pegaba en la cabeza!». Minutos después, el adolescente fue golpeado por cuatro adultos en las inmediaciones del Parque de Doña Casilda, donde el PP había instalado una pantalla gigante para ver el partido. Pantalla que no fue destruida porque Dios, la seguridad privada y la Ertzaintza no quisieron.
Lo peor es que no ha pasado nada, que no pasa nada y que no pasará nada, estos villanos nivel dios gozan de patente de corso
Tres cuartos de lo mismo sucedió en Vitoria, donde la alcaldesa socialista, Maider Etxebarria, se enfrentó a propios y extraños al colocar un pantallón en la Plaza Nueva para seguir el partido más importante de nuestra historia reciente. Los socios de Sánchez también agredieron salvajemente a los que osaron acudir a la convocatoria de la valiente primer edil que, por cierto, se presentó con la camiseta de La Roja. La triste historia se repitió en Bérriz, en San Sebastián, Éibar y un sinfín de localidades vascas y navarras.
¿Saben lo peor? Que no ha pasado nada, que no pasa nada y que no pasará nada. Estos villanos nivel dios gozan de patente de corso. Un contundente y permanente seguimiento de los estercoleros abertzales hubiera permitido prevenir esta serie de razias que recuerdan peligrosamente a lo que ejecutaban los nazis con los judíos y hace no tanto los proetarras con los demócratas vascos y navarros. Si suena la flauta y detienen a estos hijos de puta, deberían imputarles por pertenencia a banda terrorista. Es lo que son, terroristas. Ahora no asesinan pero te pueden dejar en silla de ruedas. Y volverán a segar vidas cuando a los hitlers de sus jefes les apetezca. Si éste fuera un país serio, y no el chiste en el que lo han convertido, estos sicarios se pasarían un par de lustros a la sombra. Se impondrá la impunidad y la gente se cabreará con el consiguiente riesgo de enfrentamiento civil. Los españoles de bien están hartos de llevar 50 años poniendo la otra mejilla.