Crisis de Ormuz

Trump no lo vio venir: el cierre de Ormuz dispara las ventas de coches eléctricos en 50 países

La guerra en Irán logra en meses lo que la política no ha conseguido en diez años con el coche eléctrico

El encarecimiento del combustible acelera la compra de eléctricos en Europa, Asia y América Latina

Las ventas de eléctricos e híbridos enchufables subieron un 35% respecto al trimestre anterior y marcaron récord en 50 países

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

El coche eléctrico vive su año más explosivo, y el desencadenante no ha sido una ley climática, sino una guerra, algo que seguramente el presidente norteamericano, Donald Trump, tampoco vio venir.

El shock del petróleo provocado por el conflicto entre Estados Unidos e Israel y Irán ha disparado las matriculaciones de vehículos eléctricos en decenas de países a la vez. Pero el mapa es desigual: mientras el mundo se electrifica a marchas forzadas, los dos mayores mercados del planeta han frenado su expansión.

Un récord inesperado

El estallido tomó por sorpresa incluso a los analistas, que esperaban un año flojo para el sector. Todo cambió cuando la guerra y el cierre del estrecho de Ormuz encarecieron el combustible en los surtidores de todo el planeta. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el 29% de los coches nuevos que se venderán en el mundo en 2026 serán eléctricos o híbridos enchufables, frente a apenas el 4% de 2020.

Los datos del segundo trimestre son más que evidentes: las ventas de eléctricos e híbridos enchufables subieron un 35% respecto al trimestre anterior y marcaron récord en 50 países. En total, se vendieron más de 9 millones de estos vehículos en el primer semestre, más de 5 millones sólo entre abril y junio. La AIE atribuye el salto a la volatilidad de los precios del combustible.

El fenómeno se ha extendido a rincones inesperados del mapa. En mercados como Brasil, la India, Australia o Vietnam las ventas prácticamente se duplicaron entre marzo y junio frente al año anterior. En Sudáfrica se multiplicaron por más de cinco, y hasta 90 países registraron crecimiento interanual en el primer semestre.

El detonante del crudo

El origen de todo está en un mapa energético trastocado. La guerra, iniciada el 28 de febrero de 2026, alteró el tráfico por el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial. El Brent llegó a superar los 100 dólares por barril en marzo y rozó los 120 en sus peores momentos.

Ese encarecimiento se trasladó de inmediato al bolsillo del conductor en forma de gasolina más cara. Y ahí la cuenta se vuelve sencilla: recargar un eléctrico cuesta una fracción de lo que vale llenar un depósito. El ahorro frente al surtidor se ha convertido en el argumento de venta más visible del momento.

La propia AIE lo enmarca en términos de seguridad energética. Los vehículos de carretera suponen casi la mitad del consumo mundial de petróleo, lo que expone al sector a cada sobresalto del crudo. La agencia sostiene que la crisis ha reforzado con claridad el argumento a favor del eléctrico por motivos de coste y de seguridad energética.

Los gigantes, a contracorriente

Y sin embargo, la foto tiene una grieta reveladora: los dos mayores mercados del mundo se movieron en dirección contraria, y por motivos políticos. En Estados Unidos las ventas de eléctricos se desplomaron después de que la Administración Trump eliminara el crédito fiscal federal de 7.500 dólares a la compra, que expiró a finales de septiembre de 2025.

El efecto fue inmediato: en mayo el mercado estadounidense apenas matriculó unos 85.000 eléctricos, un 5,7% del total y una caída del 22% interanual, pese a tener la gasolina por encima de los 4 dólares el galón. Solo Tesla ganó cuota en medio del terremoto, al pasar del 46% al 58% del mercado eléctrico.

China, el gigante que acapara la mitad de las ventas mundiales, también se enfrió: sus matriculaciones totales cayeron un 20% en el primer semestre al recortarse los subsidios. Aun así, la cuota del eléctrico siguió subiendo y sus exportaciones se dispararon. La lección es nítida: donde la política retira el apoyo, ni el petróleo caro sostiene el mercado.

España, a rebufo

El mercado español encaja en la pauta europea, con un avance impulsado más por los incentivos que por el crudo. Según la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (ANFAC), los turismos electrificados cerraron el primer semestre con 141.143 unidades y una cuota del 21,8% del mercado. El diésel, en cambio, se hunde hasta apenas el 3% de las ventas.

El eléctrico puro avanza con fuerza, aunque a menor ritmo que el enchufable: sumó 71.086 matriculaciones en el semestre, un 35,4% más, hasta el 9,23% del mercado. De hecho, en junio los híbridos enchufables (16.600 unidades) volvieron a superar a los eléctricos puros (15.942). En España, el puente hacia el 100% eléctrico todavía no se ha retirado.

El sector, no obstante, reclama estabilidad. ANFAC insiste en la necesidad de un marco estable de incentivos para sostener el ritmo de adopción. Su portavoz, Félix García, confía en superar con holgura los 1,2 millones de ventas en todo 2026. La electrificación española crece, pero pende de las ayudas más que del precio de la gasolina.

Puros frente a enchufables

El gran protagonista de esta transición es el eléctrico puro (BEV), el que prescinde por completo del motor de combustión. En el conjunto de Europa domina con holgura el mix electrificado, y mercados de referencia como Noruega rozan el 94% de coches enchufables sobre el total de matriculaciones. El futuro se dibuja mayoritariamente a batería.

El híbrido enchufable (PHEV), no obstante, conserva su papel como puente hacia la electrificación plena. En España, como se ha visto, todavía va por delante mes a mes. La foto varía país por país, aunque la dirección de fondo es común en casi todo el continente.

China ejerce, mientras tanto, de fábrica del mundo. Su cuota de eléctricos sobre el total de coches exportados pasó del 35% en 2025 a más del 45% en el primer semestre de 2026. Son modelos asequibles que aterrizan con fuerza en Europa, donde el Reino Unido registró un alza del 35% en las matriculaciones de eléctricos puros.

La incógnita de Ormuz

La gran pregunta es qué pasará el día que termine la guerra y el petróleo se abarate. A corto plazo, las ventas de eléctricos podrían moderarse si el conductor deja de preocuparse tanto por el precio de la gasolina. Es el principal factor de riesgo para el ritmo actual.

Pero la mayoría de analistas cree que el giro no tiene marcha atrás. El desplome sostenido del precio de las baterías abaratará el coche eléctrico hasta hacerlo más barato de origen que uno de combustión en pocos años. Es el motor de fondo que la geopolítica sólo ha acelerado, según el análisis realizado por Engadget

De hecho, numerosos gobiernos han respondido a la crisis reforzando su apuesta: países como Camboya y Kenia rebajaron temporalmente los aranceles a los eléctricos importados, y Laos llegó a prohibir la importación de coches de gasolina para lo que resta de 2026. El petróleo ha encendido la mecha, la política marca la dirección y las baterías harán el resto. La guerra pasará; la electrificación, según todos los indicios, se queda.