Animales

Suena raro, pero la ciencia lo avala: Reino Unido recicla 55.000 pelotas de tenis usadas y ahora son el refugio de miles de ratones silvestres

ratones silvestres
Ratón espiguero dentro de una pelota de tenis. Foto: ilustración propia.
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

En Reino Unido, la organización benéfica The Wildlife Trusts lleva años dándole una segunda vida a un objeto que para deportistas parece de usar y simplemente tirar: la pelota de tenis. Lo que empezó como una iniciativa modesta en algunos condados se ha convertido en un proyecto a gran escala que ya suma decenas de miles de pelotas recicladas cada temporada.

El destino de esas pelotas no tiene nada que ver con el tenis: terminan convertidas en refugios para ratones silvestres, concretamente para una de las especies de mamíferos más pequeñas y vulnerables de todo el continente europeo. El proceso es sorprendentemente sencillo, pero los resultados para la fauna británica son mucho más relevantes de lo que parece a simple vista.

¿Cómo una pelota de tenis se convierte en refugio para ratones silvestres?

El torneo de Wimbledon utiliza cada edición decenas de miles de pelotas nuevas, que pierden presión y quedan fuera de juego tras apenas unos golpes.

En lugar de desecharlas, la Wimbledon Foundation y el All England Lawn Tennis Club las donan a distintas filiales de The Wildlife Trusts, que ya han transformado 55.000 de esas pelotas en pequeños refugios para roedores.

El proceso no requiere maquinaria sofisticada: se hace un orificio de apenas dos o tres centímetros en la superficie, se rellena el interior con paja para dar calor y aislamiento. Ideal para el ratón silvestre que protagoniza este artículo.

Luego, la pelota se fija con alambre a una caña o un poste de madera, a una altura de entre 75 centímetros y metro y medio del suelo, en zonas de setos, cañaverales y matorrales.

¿Por qué el ratón espiguero necesita ayuda para sobrevivir en el campo británico?

El principal beneficiado de estos refugios es el ratón espiguero (Micromys minutus), un pequeño mamífero que apenas pesa entre cuatro y seis gramos y mide entre cinco y siete centímetros de cuerpo, sin contar la cola.

Es, con diferencia, el roedor más pequeño de Europa, y una de sus señas de identidad es su cola prensil, que usa como una mano adicional para trepar entre tallos de cereal y hierbas altas.

Hoy, la especie atraviesa un momento delicado: está catalogada como casi amenazada en el conjunto de Reino Unido, vulnerable en Gales y en riesgo crítico en Escocia.

La causa principal es la pérdida progresiva de su hábitat natural, ya que sus nidos, construidos entretejiendo hierba entre los tallos de los cultivos, desaparecen con cada cosecha mecanizada y con cada seto que se elimina para ganar terreno agrícola.

Y ojo, porque su tamaño diminuto no le resta importancia dentro del ecosistema. El ratón espiguero forma parte de la dieta habitual de lechuzas, comadrejas y otros depredadores del campo británico, así que su desaparición repercutiría en toda una cadena alimentaria.

Los especialistas en conservación lo consideran, además, un buen indicador del estado de salud de los setos y los márgenes de cultivo: donde hay ratones espigueros, suele haber también un hábitat rural razonablemente bien conservado.

¿Y qué gana un ratón silvestre viviendo dentro de una pelota de tenis?

Un nido tradicional de ratón espiguero, tejido con hierba entre los tallos, apenas resiste una tormenta fuerte o varias semanas de lluvia seguida. Una pelota de tenis, en cambio, es impermeable, aislante y mucho más resistente, así que se convierte en un refugio que aguanta un invierno entero sin deteriorarse.

La altura a la que se coloca también es clave, porque mantiene a los ratones fuera del alcance de depredadores habituales como comadrejas, gatos y aves rapaces, que sí pueden acceder con facilidad a los nidos construidos a ras de suelo.

Cada pelota, además, tiene espacio de sobra para albergar hasta diez ejemplares adultos junto a sus crías, algo impensable en un nido de hierba de tamaño natural.

El proyecto tiene, de paso, un segundo beneficio ambiental que no siempre se menciona. La goma y el fieltro de las pelotas de tenis tardan décadas en descomponerse y son difíciles de reciclar por la mezcla de materiales que llevan, así que darles un segundo uso evita que terminen acumuladas en un vertedero sin ninguna función.

Una misma iniciativa resuelve, al mismo tiempo, un problema de residuos y una necesidad de conservación.

De Wimbledon a los setos del campo británico: así es el recorrido de una pelota reciclada

La iniciativa arrancó en la primera década de los años dos mil, impulsada por delegaciones de The Wildlife Trusts en condados como Glamorgan y Northumberland, y ha ido creciendo edición tras edición hasta convertirse en un programa de conservación asentado.

Desde entonces, voluntarios de la organización son quienes perforan, rellenan y colocan cada pelota a mano en el campo.

Así, la próxima vez que una pelota salga despedida fuera de pista en Wimbledon por culpa de Alcaraz o quien sea y un recogepelotas la retire de la cancha, existe una posibilidad real de que, meses después, esa misma pelota amarilla acabe colgada de una caña entre juncos, con una familia de ratones espigueros durmiendo dentro.

Lo último en Naturaleza

Últimas noticias