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Suena raro, pero los biólogos lo confirman: inyectar trufas de verano en los árboles favorece la aparición de lluvia a largo plazo

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Un equipo de biólogos estudia en la Comunidad Valenciana si la inoculación de árboles con trufa de verano puede favorecer, a largo plazo, la aparición de lluvia. La técnica, conocida como micorrización, consiste en unir el hongo a las raíces de encinas y robles para reforzar su salud y su capacidad de retener agua.

El proyecto no busca producir lluvia de forma directa. La hipótesis apunta a que reforestar con árboles micorrizados mejora el suelo y aumenta la evapotranspiración, dos factores que a gran escala pueden influir en la formación de nubes y en la regularidad de las precipitaciones.

Por qué la trufa de verano podría influir en la lluvia

Los investigadores señalan tres factores que explican esta posible relación.

La trufa actúa primero como motor económico. Reforestar terrenos baldíos resulta caro, pero si los propietarios saben que esos árboles producirán trufas de valor comercial, se animan a plantar encinas y robles a gran escala. El hongo funciona así como incentivo para que la reforestación se extienda más allá de lo que financiaría solo la administración.

El segundo factor es la evapotranspiración. Los árboles inoculados con trufa, al crecer más sanos, absorben más agua del subsuelo y la liberan hacia la atmósfera en forma de vapor. Ese vapor genera corrientes de humedad más estables en el aire, lo que favorece lluvias regulares en lugar de episodios extremos de sequía o de tormentas destructivas.

El tercer factor es el suelo. Las raíces de los árboles truferos mejoran la estructura del terreno y lo hacen más poroso. Cuando llueve, el agua se filtra en lugar de escurrir y erosionar la superficie, lo que recarga los acuíferos y mantiene activo el ciclo hídrico local.

A estos tres factores se suma un dato de la micología: los hongos liberan de forma natural esporas y compuestos volátiles al aire. Estas partículas microscópicas pueden actuar como núcleos de condensación, es decir, como puntos alrededor de los cuales se agrupan las gotas de agua hasta formar nubes.

Así se produce la inoculación de trufa en los árboles

La micorrización es una técnica biotecnológica que une la trufa con las raíces de un árbol hospedador, como la encina o el roble, para crear una relación de beneficio mutuo. El proceso se realiza principalmente en viveros especializados, bajo condiciones controladas de esterilidad, y consta de varias fases.

Vamos a repasarlas a continuación:

Selección y preparación de los componentes: Los técnicos desinfectan semillas de árboles del género Quercus, como encinas, robles y coscojas, o del género Pinus. Por otro lado, seleccionan trufas de verano maduras y de buena calidad, las limpian y las trituran para liberar millones de esporas microscópicas. Con esas esporas preparan un inóculo, que mezclan en una solución líquida o en un sustrato portador.

Inoculación: Existen dos métodos principales. En el primero, los técnicos mezclan la solución de esporas de trufa directamente con el sustrato de turba, perlita y vermiculita donde plantarán la semilla, de forma que las primeras raíces entran en contacto con el hongo nada más germinar. En el segundo, aplican el líquido concentrado de esporas sobre el sistema radicular de la plántula joven mediante riego tecnificado o inyecciones controladas en el sustrato del contenedor.

Incubación: Las plantas permanecen entre nueve y doce meses en invernaderos con temperatura, luz y riego controlados. Durante ese tiempo, las esporas de trufa germinan y forman hifas, unos filamentos que envuelven las raíces finas del árbol y crean el manto y la red de Hartig, la estructura que conecta físicamente al hongo con la planta.

Control de calidad: Antes de llevar el árbol al campo, los técnicos analizan las raíces al microscopio. Comprueban que el porcentaje de micorrización sea alto, generalmente por encima del 30 o el 50 por ciento de los ápices radiculares, y descartan la presencia de otros hongos competidores que puedan arruinar la futura producción de trufa.

Qué suelo y clima necesita la trufa de verano para crecer

Un árbol micorrizado solo prospera y produce trufa si el terreno cumple exigencias biológicas estrictas. Si el suelo o el clima no son los adecuados, el hongo muere o queda desplazado por especies silvestres competidoras.

El suelo es el factor más determinante: debe ser calizo, con un pH alcalino de entre 7,5 y 8,5, ya que en suelos ácidos, por debajo de pH 7, la trufa no sobrevive. La textura debe ser franco-arenosa o franco-arcillosa, suelta y bien aireada, porque el hongo necesita oxígeno para desarrollarse.

Además, el drenaje tiene que ser excelente, porque el encharcamiento prolongado mata tanto la raíz como el micelio. La materia orgánica debe mantenerse entre el 1,5 y el 3,5 por ciento, ya que un exceso favorece a otros hongos que compiten con la trufa.

El clima resulta igual de decisivo. La trufa de verano y la trufa negra se adaptan mejor a un clima mediterráneo continentalizado, con las cuatro estaciones marcadas. Los veranos necesitan ser cálidos pero con tormentas de convección en julio y agosto, que son las que activan el nacimiento de las trufas bajo tierra.

Por último, los inviernos deben ser fríos mas no extremos, porque las heladas suaves ayudan a la maduración del hongo mientras que las heladas prolongadas lo pudren. La altitud óptima se sitúa entre los 400 y los 1.500 metros sobre el nivel del mar, donde las noches de verano refrescan de forma natural.