Hito en la biología: descubren que dentro del cráter de Chernóbil existen hongos que desarrollaron un superpoder ante la radiación
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Un hongo negro hallado en Chernóbil mantiene una relación sorprendente con uno de los mayores peligros para los seres humanos: la radiación ionizante. El «Cladosporium sphaerospermum» podría incluso desarrollarse mejor cuando está expuesto a ella, aunque los científicos todavía no han podido demostrar si es capaz de aprovechar la radiación para obtener energía.
La investigación comenzó a finales de los años 90, cuando los científicos empezaron a analizar los organismos capaces de sobrevivir en los alrededores del reactor número cuatro, gravemente dañado en el accidente de 1986. Cuatro décadas después de aquella catástrofe, Chernóbil continúa ofreciendo un escenario excepcional para estudiar cómo algunas formas de vida consiguen adaptarse y prosperar en ambientes donde los niveles de radiación pueden resultar extremadamente peligrosos para las personas.
El hallazgo inusual en el cráter de Chernóbil
Un hongo negro capaz de crecer en una de las zonas más radiactivas del planeta podría esconder una capacidad extraordinaria, según las últimas investigaciones realizada. Se trata del «Cladosporium sphaerospermum», una especie localizada en las estructuras interiores del reactor número cuatro de Chernóbil, que desde hace 30 años es objeto de estudio por su peculiar comportamiento frente a la radiación.
En la década de 1990, un equipo encabezado por la microbióloga Nelli Zhdanova, de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania, llevó a cabo un estudio de campo en Chernóbil. El objetivo era comprobar si algún tipo de vida había conseguido sobrevivir dentro de la zona de exclusión. El resultado fue sorprendente: localizaron una comunidad formada por 37 especies de hongos, muchas de ellas con tonalidades oscuras o negras debido a su elevada concentración de melanina. Entre ellas destacaba el «C. sphaerospermum», que presentaba además altos niveles de contaminación radiactiva.
Los análisis realizados posteriormente con este organismo han demostrado que la radiación ionizante no le afecta de la misma manera que a los seres humanos. Este tipo de radiación puede provocar que los átomos pierdan electrones y se conviertan en iones, generando efectos potencialmente dañinos en los organismos vivos. Sin embargo, en el caso del «C. sphaerospermum», la exposición podría incluso favorecer su desarrollo.
En 2008, la radiofarmacóloga Ekaterina Dadachova y el inmunólogo Arturo Casadevall, del Albert Einstein College of Medicine de Estados Unidos, plantearon que este hongo y otras especies similares podrían ser capaces de aprovechar la radiación y transformarla en energía. La posibilidad resulta especialmente llamativa porque guardaría cierto paralelismo con la forma en que las plantas utilizan la luz solar durante la fotosíntesis.
Pero el interés científico no se limita a conocer cómo sobrevive el hongo. Actualmente, se estudian posibles aplicaciones en campos como la medicina, la biotecnología y la producción de energía. Aun así, los investigadores todavía no han conseguido explicar por completo por qué este organismo soporta niveles de radiación tan elevados ni demostrar de forma concluyente que la radiosíntesis sea realmente posible.
Estación Espacial Internacional
Entre 2018 y 2019, el «Cladosporium sphaerospermum» llegó hasta la Estación Espacial Internacional, donde un equipo dirigido por Nils J. H. Averesch analizó su comportamiento en un entorno con niveles de radiación mucho mayores que los de la superficie terrestre. Para ello, cultivaron el hongo en una placa dividida en dos zonas: una contenía el organismo y la otra únicamente agar.
Los científicos colocaron sensores encargados de registrar la radiación que conseguía atravesarlas bajo ambas partes. Por un lado, el hongo alcanzó una tasa aproximadamente un 21% superior a la observada en los experimentos de control realizados en la Tierra. Por otro lado, cuando la capa de hongo se había desarrollado por completo, los sensores registraron una ligera reducción de la radiación que atravesaba la zona cubierta respecto a la parte que permanecía sin él.
Por ahora, y siempre con cierta cautela, puede decirse que «Cladosporium sphaerospermum» es uno de los pocos organismos capaces de sobrevivir e incluso desarrollarse en presencia de radiación ionizante.
Futuras aplicaciones
El hallazgo de hongos capaces de tolerar y, potencialmente, aprovechar la radiación ha abierto varias líneas de investigación con posibles aplicaciones en distintos campos:
- Una de ellas es el desarrollo de nuevos materiales de protección frente a la radiación. Las propiedades de estos hongos podrían inspirar la creación de bioescudos destinados a reducir la exposición en instalaciones nucleares, centros médicos o entornos aeroespaciales.
- También se ha planteado su posible utilidad en la recuperación de zonas contaminadas. Su capacidad para sobrevivir en ambientes con altos niveles de radiación podría convertirlos en objeto de estudio dentro de determinadas estrategias de biorremediación.
- En futuras misiones a la Luna o Marte, donde la radiación supone uno de los principales obstáculos para la presencia humana, estos organismos podrían llegar a utilizarse como parte de sistemas de protección. Así, en lugar de tener que transportar desde la Tierra grandes cantidades de metal, agua o polímeros, una futura misión podría llevar una pequeña muestra del hongo y cultivarla durante el trayecto. Incluso se ha planteado la posibilidad de combinarlo con el regolito marciano para crear estructuras de protección más gruesas, ligeras y con capacidad de autorreparación.