Era una especie protegida en la Unión Europea: hoy no se considera una plaga, pero piden controlar esta ave en España
El cormorán grande es ya un animal habitual de los ríos y embalses españoles. Su expansión, impulsada por décadas de protección legal en la Unión Europea, genera una intensa controversia.
Mientras algunos sectores exigen medidas drásticas para proteger la pesca, las organizaciones ambientales alertan sobre la fragilidad de esta especie.
Del amparo legal a la polémica actual: la situación de esta especie protegida
El Phalacrocorax carbo vivió un punto de inflexión normativo en 2004, cuando el Gobierno de España lo excluyó definitivamente del Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.
Actualmente, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) clasifica a esta ave bajo la categoría de «Preocupación Menor» debido a su amplia distribución y a una tendencia poblacional creciente en el continente europeo. Sin embargo, esta aparente abundancia global choca con la realidad local de varias comunidades autónomas.
En regiones como Asturias, la Consejería de Medio Rural y Política Agraria tramitó una resolución para autorizar la captura de más de 200 ejemplares hasta marzo de 2025.
La administración regional justifica esta medida por el impacto directo que la especie ejerce sobre la disminución del salmón y la anguila en sus cuencas.
El análisis de egagrópilas confirma que los salmónidos constituyen más del 50% de la dieta de estas aves en determinados ríos asturianos.
¿Por qué el control poblacional del cormorán divide a pescadores y ecologistas?
El conflicto reside en la distinta percepción sobre la salud de la especie. Para los colectivos de pescadores y cazadores, el cormorán actúa como un depredador extremadamente eficaz que pone en riesgo el equilibrio de la fauna autóctona.
Por el contrario, organizaciones como SEO/BirdLife denuncian que estas autorizaciones de matanza carecen de transparencia y participación pública. Según los últimos censos oficiales de 2024, la población invernante en Asturias se encuentra en mínimos históricos, con solo 779 ejemplares registrados.
Los ecologistas argumentan que eliminar aves representa una estrategia ineficaz que ya ha fracasado en otros países europeos. Además, recuerdan que la Directiva de Aves de la Unión Europea 2009/147 solo contempla el control letal como una excepción extrema bajo el Artículo 9.
Para aplicar estas medidas, la ley exige demostrar científicamente que no existe otra solución satisfactoria y que la especie causa un «perjuicio grave», requisitos que muchas organizaciones consideran incumplidos en el norte peninsular.
El impacto real del cormorán grande en el salmón y la biodiversidad fluvial
La comunidad científica sugiere que el declive de las poblaciones de peces tiene causas humanas mucho más profundas que la simple depredación natural.
La contaminación de las aguas, la sobrepesca, la destrucción del bosque de ribera y la proliferación de presas y embalses como las verdaderas amenazas para el salmón. Estos obstáculos físicos y químicos impiden el ciclo biológico de los peces y degradan sus hábitats de freza de forma irreversible.
La biomasa ingerida por un cormorán oscila entre los 250 y 350 gramos diarios, centrando sus capturas en piezas de entre 10 y 25 centímetros. A pesar de su voracidad, la expansión del ave hacia el interior peninsular también cumple funciones ecológicas.
En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, los cormoranes se alimentan mayoritariamente de especies alóctonas introducidas como carpas o percas, lo que ayuda a controlar estas poblaciones invasoras en humedales artificiales.
El desafío actual para España reside en gestionar esta especie migratoria mediante criterios científicos que eviten vulnerar la legislación vigente mientras se garantiza la salud de nuestros ecosistemas acuáticos.
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