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La UE da un golpe y prepara el megaproyecto que va a cambiar Europa para siempre: «400 kilómetros de oleoducto bajo el Mediterráneo»

El hidrógeno verde lleva tiempo apareciendo en los planes energéticos de la Unión Europea, aunque hasta ahora muchos de esos proyectos parecían lejanos o directamente imposibles de visualizar. Pero  ahora todo ha empezado a cambiar con BarMar, una conexión submarina en forma de oleoducto, que situará a Barcelona dentro de uno de los corredores energéticos más ambiciosos planteados en Europa.

Desde hace dos días, ese proyecto ya puede consultarse públicamente. BarMar plantea construir una conexión submarina entre Barcelona y la costa francesa para transportar hidrógeno renovable por debajo del Mediterráneo, dentro del gran corredor energético H2Med en el que participan varios países europeos. El proceso de consulta permanecerá abierto hasta el 12 de julio y durante ese tiempo cualquier persona, empresa o asociación podrá revisar documentos del proyecto y presentar dudas, sugerencias o alegaciones antes de que continúe la tramitación. De momento la infraestructura sigue en una fase muy inicial y todavía faltan estudios ambientales, autorizaciones técnicas y años de desarrollo, aunque las previsiones con las que trabajan ahora las compañías responsables sitúan el inicio de las obras alrededor de 2030 y la posible puesta en marcha de la conexión en 2032.

La UE prepara el oleoducto que va a cambiar Europa para siempre

La idea de BarMar pasa por construir una gran tubería submarina u oleoducto entre Barcelona y Fos-sur-Mer, una zona industrial situada cerca de Marsella. El trazado previsto supera los 400 kilómetros y atravesará parte del Mediterráneo occidental por debajo del mar.

El objetivo es poder llevar el hidrógeno renovable producido en la península ibérica hacia grandes áreas industriales europeas que buscan reducir emisiones en los próximos años. España y Portugal aparecen bien colocados dentro de esos planes porque cuentan con mucho potencial para producir energía solar y eólica, dos elementos clave para generar este tipo de hidrógeno.

De hecho, la propia Unión Europea ya considera BarMar una infraestructura estratégica. El proyecto ha sido incluido dentro de la lista de Proyectos de Interés Común, una categoría reservada para conexiones energéticas consideradas prioritarias dentro de Europa y que permite acelerar parte de los trámites además de facilitar acceso a financiación comunitaria.

Así funcionará el proyecto BarMar

El plan pasa por construir una gran tubería submarina que enviará hidrógeno renovable desde Barcelona hasta la costa sur de Francia. Para ello se instalará una estación de compresión en territorio español que permitirá impulsar el suministro a alta presión durante todo el recorrido bajo el Mediterráneo.

La conducción tendrá alrededor de un metro de diámetro y capacidad para transportar millones de toneladas de hidrógeno al año. En algunas zonas irá enterrada bajo el fondo marino para intentar reducir el impacto sobre el entorno y evitar interferencias con actividades habituales en el mar, especialmente la pesca.

El recorrido de este gran oleoducto todavía sigue analizándose y uno de los objetivos es evitar espacios especialmente sensibles desde el punto de vista ambiental, como determinadas áreas protegidas o praderas de posidonia. La instalación se realizará con barcos preparados para trabajar en alta mar durante semanas. El coste previsto supera los 2.100 millones de euros y parte de la financiación llegará desde fondos europeos ligados a transición energética y descarbonización

Por qué Europa apuesta ahora por el hidrógeno verde

Detrás de proyectos como BarMar hay una idea que Bruselas repite cada vez más desde hace unos años: intentar que Europa dependa menos de la energía que llega desde fuera. Y ahí el hidrógeno verde ha ganado muchísimo peso, sobre todo en sectores industriales donde reducir emisiones sigue siendo bastante complicado.

Industrias como la siderurgia, las refinerías o parte de la química pesada necesitan enormes cantidades de energía y no siempre pueden electrificarse fácilmente. Por eso muchos planes europeos pasan ahora por impulsar combustibles alternativos producidos con electricidad renovable, especialmente a partir de energía solar y eólica.

También influye la situación internacional de los últimos años. La crisis energética disparó el interés por construir nuevas redes propias dentro de Europa y reducir la dependencia de suministros externos, algo que explica por qué Bruselas está acelerando proyectos de transporte energético como H2Med

La consulta pública ya está abierta hasta julio

Uno de los pasos más importantes acaba de empezar precisamente esta semana. Desde el 6 de mayo y hasta el 12 de julio de 2026 se celebra la consulta pública previa del proyecto BarMar. Durante este proceso podrán participar vecinos, asociaciones, empresas y colectivos interesados en conocer detalles de la infraestructura o plantear dudas relacionadas con el medio ambiente, la seguridad, el impacto económico o los usos del mar Mediterráneo.

La consulta está supervisada por la Comisión Nacional para el Debate Público de Francia y contará con reuniones presenciales, seminarios online y debates técnicos en distintas localidades costeras. Entre los encuentros previstos aparecen actos en Gruissan, Narbona, Port-Vendres, Sète o Fos-sur-Mer. También habrá mesas redondas centradas en descarbonización industrial, biodiversidad marina, pesca y soberanía energética. La primera gran reunión pública tuvo  lugar precisamente este pasado 6 de mayo en Gruissan y sirvió como punto de partida oficial de todo el proceso de participación.

Cuándo podría entrar en funcionamiento

Aunque todavía faltan varios años para verlo terminado, el calendario aproximado ya está definido. Los estudios de viabilidad seguirán hasta que acabe este 2026 y después arrancará la fase de ingeniería detallada. Si se cumplen los plazos previstos, las obras comenzarían alrededor de 2030 y la puesta en marcha llegaría en 2032.

Para Bruselas, BarMar puede convertirse en una de las infraestructuras energéticas más importantes del sur de Europa durante las próximas décadas. El oleoducto todavía genera preguntas y debate, especialmente por su impacto ambiental y por el enorme coste económico que supone, pero lo cierto es que la Unión Europea ya lo trata como una pieza clave dentro de su futura red de hidrógeno renovable.