Mientras el mundo entero sigue fijándose en Ormuz, hay una alternativa que pocos conocen y llevó el 20% del petróleo mundial durante años
Durante décadas, el estrecho de Ormuz fue considerado una de las principales arterias energéticas del planeta. Este corredor marítimo, de apenas 33 kilómetros en su punto más estrecho, situado entre la península arábiga y la costa de Irán, canalizaba cerca del 20% del comercio mundial de petróleo. Cuando Teherán anunció el cierre del estrecho, los gobiernos de los países importadores tuvieron que afrontar un escenario que los expertos en geopolítica llevaban años advirtiendo como uno de los mayores riesgos sistémicos para la economía global.
Sin embargo, mientras la atención internacional se centraba en el impacto provocado por el cierre de esta vía marítima, Arabia Saudita ya contaba con una alternativa: el oleoducto Este-Oeste, que se extiende a lo largo de entre 1.200 y 1.300 kilómetros a través del desierto saudí, permitiendo transportar petróleo sin necesidad de atravesar el estrecho de Ormuz. Su capacidad nominal supera los cinco millones de barriles diarios, una cifra que, para ponerla en perspectiva, representa aproximadamente la mitad de la producción petrolera diaria de Arabia Saudita durante los periodos de mayor demanda.
La alternativa de Arabia Saudita al estrecho de Ormuz
El restablecimiento del oleoducto Este-Oeste adquiere especial relevancia en medio de las crecientes tensiones geopolíticas entre Arabia Saudita e Irán, agravadas por el temor a una posible escalada militar en el Golfo. Esta infraestructura permite además a Riad mantener sus exportaciones de petróleo mediante rutas alternativas, reduciendo así las consecuencias que podría provocar un eventual bloqueo del estrecho de Ormuz, corredor estratégico por el que transita cerca de una quinta parte del crudo mundial.
El comunicado del Ministerio de Energía de Arabia Saudita detalló que «el éxito de los esfuerzos operativos y técnicos permite restablecer la plena capacidad de bombeo a través del oleoducto Este-Oeste, que asciende a aproximadamente siete millones de barriles por día».
Saudi Aramco, la compañía petrolera estatal, ha incrementado rápidamente el volumen de crudo que circula por esta infraestructura, que antes de la crisis transportaba aproximadamente un millón de barriles diarios hacia el mar Rojo. Ahora, la empresa busca elevar el flujo hasta su capacidad máxima, cercana a los siete millones de barriles diarios, mientras los petroleros que permanecen en las inmediaciones del estrecho de Ormuz son desviados hacia la costa occidental saudí.
Según Aramco, el oleoducto Este-Oeste podría empezar a funcionar a máximo rendimiento en un futuro cercano. Sin embargo, el resultado dependerá de la rapidez con la que los buques petroleros puedan cambiar de ruta y de la capacidad de las dos terminales de exportación de Yanbu para gestionar el incremento del tráfico.
Origen y evolución
El oleoducto Este-Oeste fue concebido precisamente para afrontar una situación como la actual. Arabia Saudí comenzó a desarrollar esta infraestructura en la década de 1980, durante la guerra entre Irán e Irak, cuando el Golfo se convirtió en escenario de continuos ataques contra petroleros, en un episodio que pasó a conocerse como la «guerra de los buques cisterna». Los numerosos barcos alcanzados durante aquel conflicto dejaron una conclusión clara para Riad: depender exclusivamente del estrecho de Ormuz suponía un riesgo estratégico demasiado elevado.
El resultado fue la construcción de una infraestructura capaz de transportar y exportar petróleo sin necesidad de atravesar el estrecho. Sin embargo, ha permanecido durante años funcionando muy por debajo de su capacidad máxima, como una especie de seguro energético reservado para una situación de emergencia como la actual.
Yanbu
El oleoducto Este-Oeste tiene finaliza en la terminal petrolera de Yanbu, una ciudad industrial situada a orillas del mar Rojo, aproximadamente 350 kilómetros al norte de Yeda. Precisamente, aquí se hace evidente una de las principales ventajas geopolíticas de esta infraestructura: los grandes buques petroleros pueden cargar directamente en la costa del mar Rojo, evitando por completo el estrecho de Ormuz y el golfo Pérsico.
Desde Yanbu, los petroleros saudíes pueden navegar hacia el norte por el mar Rojo y atravesar el canal de Suez para alcanzar los mercados europeos y americanos de la costa atlántica. Como alternativa, también pueden dirigirse hacia el sur y rodear el cabo de Buena Esperanza para llegar a Asia, aunque esta opción supone una ruta mucho más extensa que el tradicional paso por el estrecho de Malaca.
La ciudad de Yanbu nació como un gran centro industrial a partir en la década de 1970, dentro de los ambiciosos planes de expansión económica de Arabia Saudita. Actualmente cuenta con refinerías, complejos petroquímicos y una infraestructura portuaria diseñada para operar a escala internacional.
Finalmente, cabe señalar el Este-Oeste no es la única infraestructura preparada para evitar el estrecho de Ormuz. Los Emiratos Árabes Unidos también disponen de una vía alternativa diseñada específicamente para garantizar sus exportaciones de crudo. Se trata del oleoducto Habshan-Fujairah, que conecta los yacimientos petrolíferos de Abu Dabi con el puerto de Fujairah, situado en el golfo de Omán. Esta infraestructura permite transportar y exportar alrededor de 1,5 millones de barriles de petróleo al día sin necesidad de atravesar el estrecho.
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