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Era uno de los países más pequeños del mundo pero la compra de decenas de cazas F-35 lo ha convertido en un portaaviones insumergible

países compra F-35
Primer plano de un F-35 en vuelo. (Foto: Pexels)
Blanca Espada

No es habitual que un país que es pequeño entre en el radar militar global, pero podemos decir que Singapur lleva tiempo dejando claro que juega en otra liga. Apenas supera los 700 kilómetros cuadrados , una extensión similar al tamaño de Menorca y, sin embargo, está a punto de incorporar uno de los aviones de combate más avanzados del mundo, el F-35.

La decisión no es nueva, pero sí relevante por el momento en el que llega. A finales de este año, la isla empezará a operar sus primeros aparatos y pasará a formar parte de ese grupo reducido de países que cuentan con cazas de quinta generación. En la región, donde el pulso estratégico no deja de crecer, cada movimiento cuenta, incluso el de un territorio tan limitado. Pero más que el número de aviones, lo que llama la atención es cómo se van a utilizar. Singapur no tiene espacio para grandes despliegues ni tampoco necesita portaaviones, pero ha encontrado en el F-35B una forma de adaptarse a sus propias limitaciones. Ahí es donde aparece esa idea que cada vez repiten más analistas y es  la de ser una especie de «portaaviones insumergible», construido sobre tierra firme.

Uno de los países más pequeños del mundo compra de decenas de cazas F-35

La compra no se ha hecho de golpe ni de un día para otro. Primero se compraron cuatro F-35B en 2019 que llegan este 2026, después se añadieron otros ocho del mismo modelo y, ya en 2024, se sumaron ocho F-35A. En total, 20 aviones que irán entrando poco a poco en servicio y que están pensados, sobre todo, para ir retirando los F-16 que todavía siguen operativos.

Pero no se trata sólo de números o de cantidad, sino que el cambio es más profundo, porque supone pasar de una flota de cuarta generación a otra mucho más avanzada, con capacidades que hasta hace poco estaban reservadas a muy pocos países. Para un territorio como Singapur, esto no es un detalle menor, porque su margen de maniobra depende en gran parte de su capacidad tecnológica. Además, con esta incorporación, la isla se mete de lleno en el grupo de países que ya operan el F-35 en Asia-Pacífico. No son muchos, y todos juegan un papel importante en el equilibrio militar de la zona, lo que refuerza todavía más el valor estratégico de esta decisión.

Un avión pensado para un país sin espacio

Singapur no tiene margen para grandes bases ni para infraestructuras extensas, así que necesitaba un avión que se adaptara a esa realidad. El F-35B encaja justo ahí ya que puede despegar en muy poca distancia y aterrizar prácticamente en vertical.

Eso permite algo que, sobre el papel, parece menor, pero no lo es. Poder operar desde tramos de carretera o desde superficies preparadas cambia por completo la forma de desplegar los aviones. No todo depende de una base aérea fija, y eso da mucha más flexibilidad en caso de necesidad. Además, esta capacidad reduce la vulnerabilidad en escenarios de conflicto, ya que dificulta que un ataque pueda dejar fuera de juego toda la operatividad aérea con un solo golpe. Es una forma de repartir el riesgo en un territorio que, por tamaño, no puede permitirse errores. De alguna manera entonces, el país se convierte en un «portaaviones insumergible», pero no porque tenga barcos, sino porque puede proyectar poder aéreo sin salir de casa y sin depender de grandes instalaciones.

Cada vez más F-35 en Asia

Lo de Singapur no va por libre sino que en los últimos años, el F-35 ha ido ganando presencia en toda la región. Australia ya tiene más de 70, Corea del Sur ha incorporado varias decenas y Japón está en pleno proceso de ampliación, con un programa que acabará superando los 140 aviones.

A esto hay que sumar los aparatos estadounidenses desplegados en países aliados, lo que hace que la cifra total siga creciendo. De hecho, desde la propia industria se apunta a que en torno a 2030 habrá más de 300 F-35 operando en Asia-Pacífico, una cifra que refleja claramente hacia dónde se dirige el equilibrio militar. Con ese contexto, la decisión de Singapur se entiende mejor. No responde a un conflicto concreto, pero sí a la necesidad de no quedarse atrás en una zona donde el equilibrio militar se está moviendo constantemente y donde cualquier cambio tiene impacto inmediato.

Una fuerza aérea pequeña, pero muy preparada

Antes de todo esto, Singapur ya tenía una fuerza aérea bastante sólida para su tamaño. Mantiene en servicio unos 40 F-15SG y alrededor de 60 F-16 modernizados, que cubren misiones de todo tipo, desde defensa aérea hasta ataque o reconocimiento. Pero la llegada del F-35 no sustituye todo de golpe, pero sí cambia el conjunto si bien añade capacidades nuevas y refuerza las que ya tenía, elevando el nivel general de la flota y permitiendo operaciones más complejas y coordinadas.

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