Midterms en EEUU

Las encuestas de medio mandato dan a los demócratas 9 puntos de ventaja en el Congreso, pero el Senado sigue abierto

Tradicionalmente en Estados Unidos, tras unos midterms, el partido del presidente suele perder terreno

Con un empate en el Senado a los republicanos les bastaría el voto de desempate de Vance

Las encuestas de medio mandato dan a los demócratas 9 puntos de ventaja en el Congreso, pero el Senado sigue abierto
María Ruiz
  • María Ruiz
  • Portadista. Especialista en 'breaking news' y noticias de nacional e internacional. Nací al periodismo en Abc, ayudé a fundar La Razón y viví en Las Provincias.

A un día de las elecciones legislativas de medio mandato en Estados Unidos (midterms), el partido del presidente, Donald Trump, perdería la Cámara de Representantes (Congreso) y posiblemente el Senado. Hay que tener en cuenta que, tradicionalmente en Estados Unidos, tras unos midterms, el partido del presidente suele perder terreno.

Los demócratas lideran con holgura la pregunta genérica sobre qué partido votarán los ciudadanos para el Congreso. Silver Bulletin les da 51,5% frente a un 42,6%; Emerson College un 52% a los demócratas frente al 42% de los republicanos entre votantes probables, CBS/YouGov un 53% a 45%, y el promedio de RealClearPolitics ronda los 9 puntos. Como referencia, el promedio final de 2018, la última ola azul, les dio una ventaja de 7 puntos.

Esa ventaja nacional no se traduce directamente en escaños, sobre todo por la redistribución republicana de distritos electorales. En los distritos más competitivos, que Trump ganó por unos cinco puntos en 2024, los demócratas lideraban sólo por dos puntos, 49% a 47%. Por eso, aunque parten como favoritos para recuperar la Cámara de Representantes, su margen real es más estrecho de lo que sugiere el dato nacional.

El Senado está abierto

En el Senado, los republicanos defienden una mayoría de 53 a 47, de modo que los demócratas necesitan ganar cuatro escaños netos. Los pronósticos más recientes les son más favorables de lo que se pensaba hace unas semanas: Vote-Scope les da un 71% de probabilidad de mayoría y el modelo de Fred Cornell, un 66%, mientras que Fox News los proyecta favoritos en 48 escaños, a tres de la mayoría. Aun así, los republicanos conservan opciones, porque con un empate a 50 les bastaría el voto de desempate de Vance y les sirve ganar una sola de las contiendas reñidas, entre las que se cuentan Alaska, Ohio, Maine y Míchigan.

Hay que tener en cuenta que las encuestas son una foto, no una predicción, y tienen márgenes de error, sobre todo a nivel de distrito y de estado. La participación será clave: los demócratas parten con más entusiasmo, pero los republicanos confían en el mapa y en su estructura de campaña.

Silver Bulletin promedio de encuestas.
Así están las últimas encuestas de medio mandato para el Congreso de EEUU. (Fuente: realclearpolling). (Pinchar para ver más grande).

Una administración Trump más dependiente

Si se confirman las encuestas, Estados Unidos pasaría a tener un gobierno dividido, algo habitual tras unos midterms, ya que el partido del presidente suele perder terreno. Con la Cámara de Representantes en manos demócratas, Trump perdería la capacidad de aprobar leyes sin oposición. Los demócratas presidirían las comisiones, podrían citar a funcionarios y abrir investigaciones sobre la Administración, y tendrían un peso mucho mayor en las negociaciones presupuestarias, lo que aumenta el riesgo de bloqueos y cierres de gobierno. También se debatiría si llegar o no a un juicio político, una decisión que dependería de la estrategia demócrata más que de los números.

El Senado marcaría la diferencia entre un freno parcial y uno casi total. Si los republicanos lo conservan, mantendrían el control de las nominaciones judiciales y de altos cargos, que es una de sus palancas más duraderas. Si lo pierden, esas confirmaciones se complicarían mucho y el Ejecutivo gobernaría sobre todo por orden ejecutiva, expuesto a recursos judiciales.

Hay además una lectura política más amplia: un resultado holgado sería interpretado como un voto de castigo a Trump y condicionaría las estrategias de ambos partidos de cara a 2028.

 

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