La locura de Sir Edward Watkin: la construcción de la «torre Eiffel británica»
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La conocida torre Eiffel de París no fue bien recibida por los parisinos cuando se presentó en la Exposition Universelle de 1889. Muchos la llamaban «adefesio de hierro» que había logrado ensombrecer una de las ciudades más bonitas de Europa, pero el paso del tiempo cambió por completo la percepción de los franceses sobre su torre.
Años después, aquél amasijo de hierros diseñado por Maurice Koechlin y Émile Nouguier, se convertiría en uno de los símbolos nacionales más fuertes y carismáticos del país, que hasta día de hoy sigue vigente. Esta exaltación de los valores franceses, irritó a los británicos, especialmente a los ingleses, que pronto empezaron a valorar la idea de construir su propia «torre Eiffel británica» para ganar en altura a la original francesa.
Un magnate para construir el orgullo británico
Fue un magnate empresario del mundo del ferrocarril el que se lanzó a la aventura de construir la torre más grande de Reino Unido y superior a la de Francia. Sir Edward Watkin era un hombre de negocios que poco, o nada, de interés tenía por la exaltación de la identidad británica. Lo único que le preocupaba a Watkin era crear un gran centro de negocios y un parque de diversiones en Wembley, al noreste de Londres.
La idea era crear esta torre que atraería a un buen número de turistas hasta su parque y con ello hacerse más rico todavía. En un principio la idea era contratar al mismísimo Gustave Eiffel, ingeniero artífice de la torre Eiffel de París, pero finalmente fue descartado ya que se negó por temor a las represalias de sus compatriotas franceses.
Watkin decidió sacar un concurso para recibir diseños de arquitectos, ingenieros y demás constructores para decir qué torre se construiría. Todos eran de origen británico y se recibieron un total de 68 diseños diferentes.
El diseño elegido fue el número 37, que guardaba gran similitud a la torre Eiffel de los vecinos franceses, pero la superaría por unos 50 metros de altura. La construcción comenzó durante los primeros años de la década de 1890.
Decepción británica
Watkin no logró recoger toda la financiación deseada, y en 1894 el parque de diversión situado donde se desarrollaba la construcción de la torre abrió sus puertas. La desilusión y decepción británica contrastó con los 37 metros de altura que había construidos, solo la base del diseño.
Un año después, la «torre Eiffel de Londres» era prácticamente una odisea y los tabloides británicos la empezaron a llamar «La locura de Watkin». El sueño de la torre británica se esfumó por completo cuando en 1899 la empresa encargada de la construcción entró en bancarrota.
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