Descubrimiento asombroso en Turquía: desguazan un barco y encuentran un cañón holandés y 11 balas del siglo XVII
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El hallazgo que vamos a desandar en este artículo tuvo lugar en 2025, durante las labores habituales de desmontaje de un buque en desuso en un astillero de desguace de Esmirna (Izmir, Turquía). Los operarios encontraron el objeto oculto en la sección del restaurante del barco, uno de los compartimentos que nadie habría pensado en revisar con criterio arqueológico.
Lo que había allí resultó ser un cañón holandés de bronce que data de la primera mitad del siglo XVII, acompañado de once balas de cañón en buen estado de conservación. Las autoridades del Museo de Esmirna se personaron de inmediato y la pieza fue trasladada para los primeros análisis de autenticidad, que confirmaron su origen y su antigüedad.
El cañón holandés del siglo XVII, oculto en el restaurante de un barco moderno
Antes que nada, no se sabe cómo llegó el cañón hasta el interior de ese barco ni cuándo fue colocado allí. El hallazgo en la sección del restaurante de una nave moderna apunta a que alguien lo transportó en algún momento sin declarar su valor histórico, aunque las autoridades turcas no han explicado públicamente las circunstancias concretas de ese traslado.
El objeto es una pieza de artillería naval fabricada en bronce. Ese material era el preferido para los cañones de los buques del siglo XVII porque resistía la corrosión del ambiente marino y soportaba disparos repetidos sin quebrarse con facilidad. Su procedencia neerlandesa fue confirmada por los especialistas del Museo de Esmirna, que actuaron con rapidez una vez recibida la alerta.
Birol İnceciköy, director general de Patrimonio Cultural y Museos de Turquía, subrayó la importancia de haber reaccionado de inmediato para proteger el patrimonio cultural.
Las once balas recuperadas junto al cañón holandés se encontraban en buen estado, lo que ha permitido realizar un análisis preliminar completo del conjunto.
¿Por qué un cañón europeo del siglo XVII apareció en aguas turcas?
La presencia de artillería naval holandesa en el Mediterráneo oriental no es un anacronismo. A partir de 1580, los buques mercantes neerlandeses comenzaron a penetrar en el Mediterráneo en un proceso que los historiadores han denominado ‘la invasión del Norte’.
Esas naves viajaban fuertemente armadas, preparadas tanto para el comercio como para defenderse de la piratería que dominaba el mar.
Esmirna era entonces uno de los grandes puertos comerciales del Imperio otomano. La ciudad funcionaba como punto de intercambio entre Oriente y Europa, y los mercaderes holandeses la frecuentaban con regularidad.
El comercio neerlandés con el Levante alcanzó a lo largo del siglo XVII cifras que superaban los dos millones y medio de florines en exportaciones, y Holanda desplazó progresivamente a los comerciantes italianos que hasta entonces habían dominado esas rutas.
Un cañón naval holandés en aguas de Esmirna encaja, por tanto, con un mapa de presencia mercante y militar que durante décadas situó a los Países Bajos como la primera potencia marítima del mundo.
La exposición y la decisión de los Países Bajos de no reclamar la pieza
Tras la confirmación de la autenticidad del cañón holandés, las autoridades turcas abrieron contacto con representantes de los Países Bajos.
La respuesta holandesa resultó inusual: en lugar de solicitar la repatriación de la pieza, el embajador neerlandés en Ankara, Joep Wijnands, respaldó que los artefactos permanecieran en Turquía para su exposición. Wijnands calificó el hallazgo como «un ejemplo significativo de solidaridad cultural».
La pieza y las once balas fueron exhibidas en la Fábrica de Cultura y Artes de Esmirna dentro de una exposición titulada ‘Power from the Sea’ (‘El poder del mar’), dedicada al patrimonio marítimo de la región. El acto inaugural contó con la presencia del director general de Patrimonio Cultural de Turquía y el propio embajador holandés.
Para darle un final feliz a la historia, el cañón se convierte así en el testimonio material de una época en que el Mediterráneo oriental era un espacio de encuentro (y de conflicto) entre las grandes potencias comerciales del momento. Más de cuatro siglos después de su fabricación, acabó en el restaurante de un barco moderno antes de encontrar su sitio en una vitrina.
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