Andrés Montero, psicólogo, sobre las peleas por estar en la ‘casita’ de Bad Bunny: «Se está construyendo una dependencia»
Intentamos comprender lo que está pasando

La llegada de Bad Bunny a Madrid sabíamos que iba a ser uno de los eventos del año, pero nadie podía imaginar que traería tanta polémica. Si en el caso de los conciertos de La Oreja de Van Gogh las miradas estaban puestas sobre Amaia Montero y su estado para salir al escenario en su regreso, en el del puertorriqueño el protagonista no es él: son sus invitados. La famosa ‘casita’, que ya hemos visto por todo el planeta en la gira y hasta en el descanso de la Super Bowl, está robándole el protagonismo a las canciones y al resto del show. Antes de que llegase a España, sabíamos que sería el lugar por el que muchos matarían por estar, especialmente los famosos, pero no imaginábamos que habría gente que llegaría a las manos por estar allí. La última ha sido Lola Lolita, a la que hemos visto discutir con una chica por estar en primera fila para ser vista por todos. Otras, como Carmen Lomana y Claudia Bavel, han preferido no estar presentes en el circo en que se ha convertido.
El psicólogo Andrés Montero, que ya nos explicó la presión que podría estar pasando Amaia Montero en su vuelta a los escenarios, ahora analiza para Happy FM lo que está pasando. «Estamos ante un fenómeno de exclusividad percibida como valor simbólico máximo. Paradójicamente, el hecho de que La Casita no se venda es precisamente lo que genera una movilización tan intensa», explica.
Según el especialista, lo inaccesible aumenta exponencialmente el deseo. Es un principio muy bien documentado en psicología social. Cuando algo no puede comprarse ni conseguirse con esfuerzo, se convierte en un símbolo de estatus y de exclusividad máxima.
La Casita es una recreación de una vivienda obrera de Puerto Rico que Bad Bunny utiliza para reivindicar y homenajear sus orígenes. Estar allí, en un lugar al que solo se accede mediante invitación, transmite una sensación de exclusividad difícil de conseguir por otras vías.
El poder de la música
«La música tiene la capacidad de sincronizar a un grupo de individuos en una experiencia emocional común, creando cohesión donde antes había extraños», explica Montero. Por lo tanto, sentirse dentro de un grupo determinado refuerza nuestra personalidad, por eso el miedo a quedarse fuera del momento del que no se deja de hablar.
Junto a la pertenencia aparece otro fenómeno cada vez más presente en nuestra sociedad: el FOMO, siglas en inglés de Fear Of Missing Out, que, traducido, es el miedo a quedarse fuera; se une a todo esto.
«El FOMO tiene una base neurobiológica real. La exclusión social activa las mismas áreas cerebrales relacionadas con el dolor físico», señala el especialista. «Lo más sorprendente es que participar en algo sin interés genuino puede acabar generando pertenencia real, porque la identidad se construye también a través de la experiencia», apunta.
«Alguien puede ir a un concierto por compromiso y acabar genuinamente emocionado, no porque se haya engañado a sí mismo, sino porque la emoción colectiva es contagiosa y real», asegura el psicólogo.
Aprobación en redes y sentimiento de dependencia
Montero advierte de que buscar la aprobación del grupo como principal fuente de autoestima puede tener consecuencias importantes. «Cuando la aprobación del grupo se convierte en la fuente principal de autoestima, lo que se está construyendo no es una identidad, sino una dependencia», asegura.
No basta con ir, también hay que mostrarlo en las redes sociales
Las redes sociales han transformado por completo nuestra vida, por lo que es casi tan importante acudir a un viaje o a un restaurante como el poder contarlo en redes como Instagram y TikTok. «Durante milenios, el ser humano construyó su identidad basada en la experiencia vivida, el relato interno y la memoria privada. Hoy hemos pasado de una identidad basada en el ser a una identidad basada en el parecer ser», nos cuenta Montero.
La polémica por la falta de diversidad de cuerpos en la ‘casita’ de Bad Bunny
Más allá del placer de ver a famosos e influencers pelearse con gente anónima para que no les roben el foco, las críticas se han centrado en que Bad Bunny y su equipo sólo seleccionan a mujeres guapas, atractivas y vestidas de forma provocativa para aparecer en el escenario.
¿Quién se iba a poder imaginar que un cantante de reguetón con esas letras de sus canciones iba a caer en esos tópicos? A gran parte de sus seguidores no les ha gustado este comportamiento, aunque siguen tratando de justificarlo de maneras imposibles. Eso sí, para evitar críticas, el famoso seleccionador que busca por las gradas ha cambiado su objetivo y ha comenzado a llevar a gente de todo tipo de edades y cuerpos, algo que hay que agradecer, aunque sea por obligación.
Sobre esto, Andrés recuerda que «seguimos respondiendo a cuerpos, estilos o formas de mostrarse porque son los asociados con el éxito, el deseo, la competencia y el valor social». De ahí que Bad Bunny no haya querido salirse de la imagen habitual del cantante exitoso rodeado de mujeres guapas que bailan para él.

¿La envidia por no estar junto a Bad Bunny?
La sensación de haberse perdido el evento del año es enorme, especialmente si salta a los medios de comunicación. Por eso entrar en esa Casita se ha convertido en el objetivo de miles de espectadores que han ido a los conciertos del cantante en Madrid.
«La sensación de que todos los demás están disfrutando de experiencias increíbles es, en gran medida, una ilusión estadísticamente imposible. En este momento, mientras lees esto, millones de personas están mirando la pantalla sintiéndose exactamente igual que tú. La diferencia es que nadie lo publica», así explica el psicólogo que las redes sociales, de nuevo, son culpables de esta histeria colectiva.
Andrés Montero es psicólogo sanitario y director de Ethos Psicólogos, centro especializado en salud mental con sede en Alcalá de Henares y atención online en toda España.