Villarejo niega haber entregado el ‘pendrive’ de Dina a periodistas y apunta a una pelea interna de Podemos
El ex comisario declara ante la Audiencia Nacional que sólo revisó el dispositivo de forma "rápida" y "tangencial"
El comisario jubilado José Manuel Villarejo ha negado este lunes ante el tribunal de la Audiencia Nacional haber entregado a periodistas el pendrive con información extraída del móvil de Dina Bousselham, ex asesora de Pablo Iglesias, y ha sugerido que la filtración del contenido a la prensa tuvo su origen en una «pelea interna» en Podemos para «desmontar» la «imagen de macho alfa» que proyectaba entonces el líder de la formación.
La declaración ha tenido lugar este lunes 23 de marzo en el juicio que investiga el recorrido de esa tarjeta telefónica desde el robo del móvil de Bousselham en 2015 hasta la publicación de parte de su contenido.
Villarejo, actualmente el único acusado en esta pieza del caso Tándem, se ha sentado ante el tribunal después de que la Fiscalía Anticorrupción reclamara para él cinco años de prisión por un delito de descubrimiento y revelación de secretos con difusión a terceros.
El ex mando policial ha optado por responder únicamente a las preguntas de su propio abogado, estrategia habitual en declaraciones de estas características.
El origen de la investigación se remonta al año 2015, cuando Bousselham trabajaba como asesora de Iglesias, por entonces eurodiputado en Bruselas. Perdió el móvil, y presuntamente parte de la información que contenía acabó publicada en medios de comunicación. El recorrido de esos datos, y quién los divulgó, es el núcleo del procedimiento.
Financiación ilegal de Podemos
Villarejo ha explicado ante el tribunal que el interés que tuvo en el dispositivo no era de naturaleza personal ni mediática, sino policial. Según ha relatado, le llegó por una fuente «muy fiable» una información sobre una «posible financiación ilegal» de Podemos, así como sobre la participación de algunos dirigentes del partido en «una serie de reuniones en Venezuela» con «el servicio secreto venezolano y cubano» y miembros de la banda terrorista ETA.
El ex comisario ha asegurado que nadie le encomendó «ninguna investigación» sobre este asunto, aunque reconoce que, al trasladar esa información, le pidieron que viajara a Venezuela para «obtener información». En el último momento, sin embargo, le «apartaron» de esa gestión.
El encuentro con los periodistas, según su relato, se produjo en febrero de 2016, a propuesta de ellos, durante una comida. Fue entonces cuando le dijeron que les había llegado «una información que puede ser interesante», en referencia al dispositivo con el contenido del móvil de Bousselham. El pendrive no cambió de manos hasta dos meses después, en abril de 2016.
Villarejo: «Era todo marujeo»
En ese lapso de tiempo, el ex comisario ha afirmado que varios periodistas de distintos medios ya le habían comentado la existencia de ese contenido, lo que —en su argumentación— reforzaría la tesis de que la información circulaba con suficiente profusión como para que su origen no pudiera atribuírsele a él. «Fueron ellos los que me dijeron tengo esto», ha declarado.
Cuando finalmente tuvo el dispositivo en su poder, su revisión fue, según sus propias palabras, «rápida» y «tangencial». El objetivo era exclusivamente verificar si existían indicios de financiación irregular o actas de las supuestas reuniones con los servicios de inteligencia latinoamericanos.
El veredicto fue taxativo: «Al ver que era todo marujeo no le presté mayor atención. No vi nada relevante y le dediqué muy poco tiempo a ese pendrive».
La palabra marujeo —cotilleo intrascendente, en la acepción coloquial que el propio contexto ilumina— ha sido la clave con la que Villarejo ha intentado minimizar el valor de la información y, de paso, su interés en divulgarla.
Sobre la acusación central, el ex mando policial ha sido contundente: «En absoluto» entregó ni exhibió el contenido a periodistas ni a terceras personas. Ha añadido que, de haber encontrado algo de relevancia policial, lo habría trasladado a sus superiores, como ha hecho «siempre».
La causa que ahora se juzga en la Audiencia Nacional es una de las múltiples piezas del llamado caso Tándem, el macroproceso que investiga las actividades del entramado empresarial y de inteligencia paralela que Villarejo habría dirigido durante décadas desde su posición en el Cuerpo Nacional de Policía. Fue detenido el 3 de noviembre de 2017 y permanece desde entonces en el centro de una de las causas judiciales más complejas de la democracia española.
Lo que el juicio no ha resuelto este lunes —y que la sala deberá dirimir— es si la versión de Villarejo resulta compatible con los hechos acreditados en el sumario.