40 aniversario del 23-F

El último «¡Viva Franco!» de Antonio Tejero

Antonio Tejero (Alhaurín el Grande, 1932) fue la cara reconocible de la intentona golpista del 23 de febrero de hace ahora 40 años. Su «¡Quieto todo el mundo!¡Al suelo!» y los disparos atronadores de la propia pistola del teniente coronel de la Guardia Civil y las metralletas de sus agentes dieron paso a uno de los episodios negros de la historia de la democracia española. Condenado a 30 años por el golpe de Estado fallido, tras su salida de prisión buscó el anonimato dejando atrás el fracaso golpista y, de paso, el fin de su carrera en la Benemérita.

La última aparición pública de Antonio Tejero se produjo hace bien poco. En la víspera de la exhumación del cadáver del dictador Francisco Franco, Tejero se unió a los nostálgicos del régimen. En septiembre de 2019, Tejero fu invitado a un homenaje de Fuerza Nueva-Andalucía. En la celebración, quedó patente que Tejero, pese a los 30 años de prisión y a convertirse en una de las figuras más siniestras de la historia reciente de España, mantenía puras las convicciones que le llevaron a liderar a los guardias civiles que asaltaron el Congreso de los Diputados el 23 de febrero de 1981.

«¡Viva Franco!» se escuchó en el salón en numerosas ocasiones en medio de la exaltación del personal que rendía tributo al ex teniente coronel. Tejero, acompañado de su mujer Carmen Díez Pereira, hizo un particular brindis: «¡Por nuestras mujeres que han hecho posible que los hombres hagamos cosas que hemos hecho, por la amistad, por el patriotismo que lleváis escrito en la cara y por España, la bendita España!».

OKDIARIO fue testigo de la presencia del propio Tejero en el cementerio de Mingorubio, en El Pardo (Madrid), el día de la inhumación de los restos de Francisco Franco. «Se ha cumplido lo que quería su excelencia, que era reposar con doña Carmena, a gusto, en El Pardo», dijo a las cámaras de este periódico mientras era aclamado por centenares de franquistas congregados allí. Su hijo, Ramón Tejero, fue el cura encargado de dar la misa en El Pardo por deseo de la familia del dictador.

Rebelión y 30 años en la cárcel

Antonio Tejero ingresó por vocación en la Guardia Civil a los 19 años. Su carrera en el cuerpo le llevó a subir en el escalafón. Mientras sumaba galones, Tejero recorría media España ocupando puestos en Extremadura, Cataluña, Gran Canaria, Andalucía o Galicia. La cumbre de su carrera se produjo cuando fue ascendido al grado de teniente coronel y fue destinado a Guipúzcoa. Bajo su mando tuvo a los agentes de la Guardia Civil en las comandancias de San Sebastián y Vitoria.

Su permanencia en el País Vasco fue de todo menos plácida. El nacionalismo vasco daba ya muestras sobradas del odio a la Guardia Civil y Tejero fue protagonista de numerosos episodios que le llegaron a costar incluso algunos arrestos y otras medidas disciplinarias. El teniente coronel se convirtió en una figura incómoda para los mandos y los políticos de la época, que veían una figura indomable que podía generar, como así fue, más problemas que soluciones. De ahí, su traslado al otro lado de España.

Tras su traslado a Madrid, como jefe de la Agrupación de Destinos de la Guardia Civil, Tejero fue uno de los protagonistas de la conocida como operación Galaxia –nombre de una cafetería madrileña– en la que se reunió con varios altos mandos del Ejército como Ricardo Sáenz de Ynestrillas, Manuel Vidal Francés y Joaquín Rodríguez Solano. Entre todos, pretendían planificar un golpe de Estado con el fin de virar el rumbo democrático hacia el que se encaminaba España.

Tejero ya había expresado sus deseos, se mostraba incómodo con la dirección que tomaba el país y no le costó involucrarse en la intentona golpista de la que se celebran ahora 40 años, una intentona que fracasó gracias, entre otras cosas, a la figura del hoy ausente Juan Carlos I.

Según algunos historiadores, el golpe de Estado del 23-F fracasó, entre otras cosas, por los errores cometidos por el propio Tejero. Según Roberto Muñoz Bolaños, el entonces teniente coronel de la Guardia Civil cometió dos errores fundamentales: «Primero, por la forma en la que ocupó el Congreso. Se esperaba una acción incruenta y los disparos en el hemiciclo y el enfrentamiento con Gutiérrez Mellado, le dieron una imagen violenta que inhabilitó momentáneamente el resto de la operación». Este historiador detalla que el segundo error de Tejero fue «su negativa a permitir que el general de división Alfonso Armada entrase en el hemiciclo para parlamentar con los diputados con el objetivo de que le votasen como presidente del Gobierno al frente de un ejecutivo de concentración nacional».

A juicio del autor, esta negativa, «consecuencia del desconocimiento que Tejero tenía del proyecto político sobre el que se articulaba el golpe de Estado, imposibilitó definitivamente su triunfo».

Condenado a 30 años

Antonio Tejero fue condenado en 1983 a 30 años de prisión por rebelión militar, además, fue expulsado de la Guardia Civil con la pérdida del grado de teniente coronel. Durante la condena, en la que fue trasladado en varias ocasiones de cárcel, Tejero cursó la carrera de Geografía e Historia, entre otros estudios. En 1993 accedió al tercer grado y en 1996 obtuvo la libertad condicional.

Todos estos años ha buscado el anonimato, viviendo de su pensión y de la de su mujer. Además, se dedica a una de sus grandes aficiones, la pintura, que aprendió durante su tiempo en prisión y que le proporciona una fuente de ingresos. Su última aparición, en la inhumación de Franco dejó muy a las claras que, 40 años después, Tejero mantiene intactas sus convicciones.

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