INVASIÓN DE CEUTA

Nabil, hostelero en Ceuta: «Lo más importante que hemos perdido es la libertad»

Nabil ha tenido que cerrar su cafetería varios días por seguridad: sólo en sueldos paga 20.000 euros al mes

"Vienen con mucho dinero, fajos de billetes pidiendo alquilar casas y llevan móviles Iphone 17 y Samsung de alta gama"

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  • Ezequiel Marín | Isaac Chavida
  • CEUTA
  • Enviados especiales

En la terraza de la cafetería Abaris, situada en el corazón de Ceuta, la actividad parece recobrar un frágil dinamismo. Sin embargo, tras las mesas del establecimiento, la voz de su propietario, Nabil, cuenta la realidad de una ciudad exhausta cuyos habitantes sienten haber perdido la tranquilidad más elemental.

Para los vecinos de la ciudad autónoma, la invasión no llegó sin avisar. Nabil señala la pasividad institucional frente a la evidencia del flujo inminente que los propios habitantes ya palpaban en la calle días antes de que estallara la cobertura mediática. “¿Cómo nosotros, los ciudadanos ceutíes, sabíamos lo que estaba pasando y el Gobierno no se había enterado? Yo lo veo un poquito imposible”.

Fajos de billetes y teléfonos de alta gama

El punto de máxima tensión ocurrió a las puertas del supermercado anexo a su cafetería en los primeros días cuando cientos de personas trataron de acceder masivamente. Nabil rompe el cliché del perfil del migrante desprotegido: según su vivencia directa en el local, muchos disponían de recursos económicos con los que no cuentan incluso propios ciudadanos ceutíes: Más de mil personas querían entrar en el Mercadona y venían con dinero, mucho dinero». Añade además que él ha cargado «un montón de teléfonos móviles, iPhone 17, Samsung de última gama» a gente «con dinero, con fajos de billetes diciendo dónde puedo alquilar una casa”.

Frente a quienes acudieron engañados y terminaron retirándose voluntariamente, el hostelero advierte de que el verdadero peligro radica en los grupos marginados que permanecen escondidos en montes y en los barrios de la periferia: “Lo que tenemos ahora en los montes de Ceuta es la cruda realidad de lo peor que ha entrado; esos son el problema”. Los robos, peleas e, incluso, violaciones están a la orden del día y mantiene a los ceutíes atemorizados.

La decisión de cerrar

Ante el riesgo manifiesto para la plantilla por el enfrentamiento y la agresividad creciente de los inmigrantes, el hostelero optó por repartir sus existencias de alimentos básicos antes de decretar el cierre preventivo del local: “Nos arrancaban las cajas de pan de las manos, repartimos toda el agua, toda la leche que teníamos en la cafetería porque no sabíamos cuánto iba a durar esto”.

El negocio ha tenido que permanecer cerrado por razones de seguridad durante varios días de agosto, en plena temporada alta, a sabiendas de la pérdida de ingresos. Pese a asumir el impacto económico de mantener un negocio cerrado con costes fijos que rondan los 20.000 euros mensuales solo en masa salarial, el comerciante sostiene que la mayor quiebra no es contable: “El dinero, al fin y al cabo, va y viene; para mí lo más importante que hemos perdido en estos días ha sido realmente la libertad: la libertad de movernos por nuestra tierra, la libertad de sentirnos seguros”.

Movido por la necesidad de presenciar la realidad del perímetro fronterizo sin intermediarios, Nabil acudió en su vehículo a las inmediaciones del paso el día del asalto. Describe un escenario caótico con la capacidad de los servicios de emergencia al límite: “Eso era una película de zombis, una visión que jamás se me va a quitar de la cabeza; la gente apoyándose en la furgoneta, corriendo por la carretera”. Ahora teme que este sábado pueda repetetirse, tras el llamado en Marruecos a través de redes sociales para saltar a España. 

La conmoción ha alterado la vida cotidiana de Ceuta. Con las playas afectadas por residuos y sensación de inseguridad, el ocio se ha visto muy afectado: “En Ceuta se ha acabado el verano prácticamente porque más del 50 o 60% de la gente ya no va a la playa, no disfrutan». A todo esto, Nabil añadía que «el Parque Marítimo está lleno todos los días porque la gente busca sentirse segura, como dentro de una muralla”.

La conversación concluye con un aviso categórico sobre la necesidad de atajar la desesperación social antes de que degenere en episodios mayores de delincuencia: “Lo que tenemos aquí, como siga así, es hambre, y el hambre hace que un ser vivo se vuelva agresivo; por eso han empezado los saqueos y los robos”.

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