El Gobierno no ve «relevancia histórica» en dos cárceles de Madrid de las que salieron 700 presos hacia Paracuellos
Ignora en su inventario de Lugares de Memoria hasta tres prisiones franquistas que antes usaron los republicanos
El Ejecutivo gasta 72.000 € en placas para los Lugares de Memoria donde excluye la matanza de Paracuellos

El Gobierno de Pedro Sánchez ignora en su inventario de Lugares de Memoria Democrática -catalogación para la que se requiere «relevancia histórica»- hasta tres prisiones franquistas de Madrid que antes usaron los republicanos para la represión de presos derechistas. Se da la circunstancia de que dos de ellas, las de Porlier y Ventas, fueron objeto de sacas con traslados de alrededor de 700 prisioneros hasta Paracuellos del Jarama, donde fueron asesinados brutalmente por los republicanos.
En total, esta matanza en los campos de Paracuellos y Torrejón de Ardoz dejó en torno a 6.000 asesinados a manos del Frente Popular a finales de 1936, aunque hay estimaciones superiores. Se considera la mayor masacre cometida en la retaguardia roja. En ese momento, el jefe de la Consejería de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid era Santiago Carrillo, secretario general de la Federación de Juventudes Socialistas y posteriormente líder del Partido Comunista.
Precisamente, el Gobierno cita las prisiones de Porlier y Ventas en los fundamentos jurídicos del acuerdo del pasado 1 de julio adoptado por la Dirección General de Promoción de la Memoria Democrática por el que el Ministerio que dirige el socialista Ángel Víctor Torres determinó incoar el procedimiento para la declaración de la extinta Cárcel de Yeserías como Lugar de Memoria Democrática en la capital.
«La entrada en Madrid del ejército sublevado contra la República desató desde los primeros días de abril de 1939 una represión sistemática por parte del nuevo régimen franquista, caracterizada por torturas, encarcelamientos masivos, juicios sumarísimos sin garantías procesales y ejecuciones extrajudiciales. La capital se transformó de hecho en una enorme prisión política, estimándose la existencia de unos 90.000 prisioneros por motivos políticos a finales de 1939, de los cuales más de 65.000 permanecían hacinados en las principales cárceles de la ciudad, como Porlier, Ventas, San Antón o Yeserías, además de otros centros penitenciarios situados en localidades cercanas como Alcalá de Henares o El Escorial», relata el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática en dicho expediente.
Sin embargo, hasta la fecha, ni la cárcel de Porlier ni la de Ventas han sido incluidas por el Gobierno en su inventario de Lugares de Memoria Democrática, del que ha excluido además el propio campo de fusilamientos de Paracuellos, como reveló OKDIARIO la semana pasada. Sí lo ha hecho, en cambio, respecto a la de Yeserías y la de Carabanchel, prisiones exclusivamente franquistas construidas después de la Guerra Civil.
«Con tal de no reconocer como lugares de memoria las prisiones de donde salieron las víctimas de Paracuellos, dejan en el olvido a los presos franquistas que luego estuvieron en ellas», señala Pedro Corral, escritor, investigador y diputado de PP en la Asamblea de Madrid. Corral es autor del libro ¡Detengan Paracuellos! (La Esfera de los Libros), dedicado a los héroes humanitarios que denunciaron y pusieron fin a estas matanzas.
Cárcel de Porlier
En su caso, el edificio de la prisión de la calle Díaz Porlier, hoy Colegio Calasancio de Madrid, fue incautado por las autoridades del Frente Popular en agosto de 1936, siendo escenario de diversas sacas de presos, que fueron trasladados a Paracuellos de Jarama para ser asesinados en masa a manos de los republicanos. Entre noviembre y diciembre de 1936, salieron de Porlier con destino Paracuellos «seis expediciones negras», con cerca de 500 víctimas, apunta Corral.
Finalizada la contienda, el edificio siguió siendo una cárcel que albergó presos del bando perdedor hasta 1944, cuando el régimen franquista devolvió el inmueble a los Padres Escolapios. En esta prisión cumplieron parte de su condena reclusos como el socialista Julián Besteiro y el poeta comunista Marcos Ana.
Cárcel de Ventas
Por su parte, la cárcel de mujeres de Ventas fue destinada a hombres al poco de comenzar la Guerra Civil ante el aumento de la población carcelaria a consecuencia de la persecución del Frente Popular a los considerados desafectos.
A finales de octubre de 1936, detalla Corral, se registraron aquí varias sacas de derechistas para ser asesinados. La primera de ellas fue la del 29 de octubre, con 32 presos, entre ellos los intelectuales Ramiro de Maeztu y Ramiro Ledesma Ramos, que fueron ejecutados en el cementerio de Aravaca. La orden de entrega a los milicianos le fue comunicada al director de la cárcel por teléfono por el ministro de Gobernación, el socialista Ángel Galarza.
Entre noviembre y diciembre del 36 hubo otras cuatro sacas de reclusos de Ventas, con más de 200 prisioneros que fueron conducidos también a Paracuellos del Jarama, siendo allí fusilados por los republicanos. Posteriormente, esta prisión fue destinada sólo a mujeres por parte del régimen de Franco.
Cárcel de Conde de Toreno
De otro lado, cabe reseñar lo ocurrido en la cárcel de Conde de Toreno, que fue convento de las Capuchinas situado en las inmediaciones de la madrileña Plaza de España. Cuando la prisión de mujeres de Ventas se desalojó en 1936 para dedicarla a hombres, se trasladó a las mujeres a Conde de Toreno. Allí hubo un intento de saca en noviembre que fue abortado por la resistencia de las presas a marchar para ser asesinadas.
Según cuenta Corral en la obra ¡Detengan Paracuellos!, el motín fue encabezado por Amelia Azarola, viuda del aviador y falangista Julio Ruiz de Alda, asesinado en la cárcel Modelo. Contó con la ayuda del cónsul noruego Félix Schlayer y el delegado de Cruz Roja Internacional Georges Henny. Más tarde, la cárcel fue desalojada por encontrarse en zona de guerra. Las cautivas fueron trasladadas al asilo de San Rafael, en Chamartín de la Rosa.
El convento de Conde de Toreno, hoy desaparecido, también sirvió de prisión franquista después de la Guerra Civil (1936-1939), como el caso de Porlier y Ventas. Fue uno de los destinos del poeta Miguel Hernández, que coincidió allí con el que sería después dramaturgo Antonio Buero Vallejo. Allí le hizo al poeta de Orihuela su famoso retrato a lápiz.