Sánchez quiere despedirse truncando la reforma laboral y dando el control salarial a los sindicatos
Pedro Sánchez insiste en marcharse del Gobierno anulando la parte más importante de la reforma laboral: el peso de las centrales sindicales en el control de los convenios colectivos. La reforma del PP otorgó primacía a los convenios firmados dentro de la propia empresa frente a los sectoriales -los que manejan las centrales sindicales y no tienen en cuenta las circunstancias individuales de cada compañía-.
Esa reforma de Fátima Báñez, además, eliminó lo que se conoce como ultraactividad de los convenios: es decir, que si no hay acuerdo, sigue vigente lo pactado previamente, con lo que el sindicato puede bloquear la negociación si no observa avances que le satisfagan.
Ahora, Sánchez quiere anular esos dos puntos y devolver todo el poder a los sindicatos. Y lo quiere hacer en su último Consejo de Ministros, vía decreto, para buscar la convalidación urgente en las Cortes.
Por ahora, el objetivo del presidente está claro. Pero se ha encontrado con un problema. Y es que el PNV no está por la labor porque es consciente del destrozo económico que puede provocar esta decisión, especialmente, ante la cercanía de una nueva crisis.
Pese a ello, el PSOE insiste en su deseo de devolver el control a los sindicatos y dar mayor importancia a la negociación colectiva. Y todo ello pese a que desde el PSOE no ocultan que son conscientes de que esta es la piedra angular de las exigencias de Europa.
La idea es incluir en el decreto los dos puntos mencionados. El primero de ellos pretende que los convenios que manden sean los sectoriales, de forma que todo lo que se negocie en la propia empresa quede supeditado al que firmen las grandes centrales sindicales.
La medida supondría la pérdida de la comprensión y flexibilidad que da el hecho de negociar con la parte del sindicato que, al estar en la empresa, es más sensible a la realidad y problemas de la compañía. La frialdad de la negociación sectorial hace que las empresas más fuertes se puedan amoldar pero lanza a las más débiles a una asunción de costes difícilmente soportable.
La segunda medida es la citada de la vuelta al blindaje de la ultraactividad. De nuevo, esa medida limita la posibilidad de que en las crisis las empresas eludan costes.
Pero Sánchez quiere tener contentos a los sindicatos de cara a las elecciones, debido a su capacidad de movilización. Y, además, quiere demostrar que es más “social” que Podemos. Aunque la realidad es que su medida puede provocar un fuerte impacto en el mercado laboral en el momento en el que comience la crisis.
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